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9 abr 2016

El Amor nos hizo humanos

Ha llegado a mis manos un artículo del biólogo chileno Humberto Maturana titulado "Biología del amor, el origen de lo humano". El título ya lo dice todo y me parece tan sorprendente que siento que es interesante compartirlo: el salto evolutivo de primates a humanos fue debido a la emoción del amor. Esta emoción generó una serie de cambios físicos y relacionales.

Pero muchos pensaréis que habéis visto documentales donde mamás chimpancés alimentan y acarician a sus crías en un ambiente de apego y amor. Según científicos que estudian estas comunidades, más allá de la infancia, la relación del grupo de chimpancés se basa en la dominación y el sometimiento. Así que, aquí parece que hay una diferencia con los humanos, donde la relación de amor, colaboración y aceptación es necesaria durante toda la vida. Sin el amor enfermamos, sin él podemos morir.



Según Maturana, las manos humanas son más que instrumentos de manipulación, son órganos de caricias. La mano del chimpancé no puede acariciar porque sus dedos no se extienden totalmente. Es interesante saber que no sólo la pinza nos diferencia de nuestros antepasados los primates, sino también esta capacidad de acomodar la mano a cualquier superficie curva de un cuerpo.





Hay otro punto que nos posibilitó dar ese salto cualitativo parar ser considerados Homo Sapiens Sapiens, y este es el lenguaje. De nuevo Humberto nos guía por los caminos del amor: una vez que la cercanía y el amor se extendió más allá de los años de la infancia, debido a la continuidad de la convivencia, al compartir y cuidar, al acariciarse y protegerse, surgió el lenguaje.

¿Y qué implicaciones tiene en el presente y el futuro esta nueva teoría sobre la evolución de nuestra especie? Este biólogo pone especial atención en la crianza de los hijos, donde sólo sobre una base de intimidad y amor, juego y comunicación en los primeros años, el niño desarrolla un respeto por si mismo y por el otro, creciendo como ser social que vive en cooperación y mutuo apoyo. Por lo tanto, en la medida en que la biología del amor vaya desapareciendo, evolucionaremos a otra especie.

Termino copiando literalmente un texto de este artículo: "...los seres nos preocupamos por los otros porque somos animales lenguajeantes amorosos. Vemos a los otros en tanto hemos crecido y vivido en la biología de la intimidad y en la bilogía del amor, y podemos reflexionar acerca de nuestros deseos debido a que somos animales  que vivimos en conversaciones reflexivas. El amor es nuestra base, la cercanía nuestro fundamente, y si los perdemos, tratamos una y otra vez de recobrar el amor y la cercanía, debido a que sin ellos desaparecemos como seres humanos aún si nuestra corporalidad permanece como entidad zoológica. Homo sapiens sapiens. Incluso la salud psíquica y fisiológica depende del amor, y la palabra puede restablecer o contribuir a la armonía fisiológica, cualquiera que sea la manera en que haya sido perdida. Sabemos todo esto, pero lo olvidamos en la ilusión de omnipotencia a través de confundir inteligencia con manipulación..."



Montserrat Reyes


Picture: fuente maturanabiologico.blogspot.com

1 nov 2014

Nosotros, su mejor estímulo: LA VOZ


Nos hemos desarrollado con la voz de nuestra madre vibrando en todo nuestro cuerpo incluso antes de poder escucharla. Y a partir del séptimo mes de embarazo el feto oye al padre. O sea que a la hora de adaptarse al nuevo mundo no todo es nuevo: la voz es antigua, pertenece a ese espacio de completa seguridad del útero. Será la voz la primera que mostrará al niño que, a pesar de no ver a mamá, ella está ahí, en algún lugar... Porque suena su voz.



Los bebés solo entienden el entusiasmo auténtico

Cualquiera que conviva con un niño pequeño habrá observado que, cuando consigue algo por sí mismo, nos busca inmediatamente para comprobar si hemos sido testigos. Confirmamos con nuestra mirada su acto, pero también con la voz: "¡Qué bien!", decimos realmente admirados. No se trata de las palabras interesadas de alguien que estimula, sino de las palabras cargadas de auténtico entusiasmo de un acompañante sorprendido. (A los bebés  y niños, expertos en tonos de voz y gestualidad, no los engañamos con estudiadas fórmulas de aprobación, sólo prestan atención a las expresiones auténticas).
Con nuestras palabras honestas nos convertimos en los principales impulsores de su desarrollo, además de transmitirles qué se puede hacer y qué no. Al principio todas nuestras palabras, sobre todo las que permiten o reprueban comportamiento, tendrán que ir acompañadas de una acción coherente por parte del adulto. Cuando los pequeños integren el mensaje nuestras palabras actúan como una mano en el aire. Podemos explorar las posibilidades de nuestra voz de muchas formas.

La magia de las nanas

Las nanas son algo más que una canción infantil. Lo reúnen todo: el abrazo, la mirada y la voz, que canta para el niño adaptándose a su estado de ánimo y necesidades. Son una auténtica puerta para la comunicación entre madre o padre e hijo. Este momento de bienestar tiene un alto rendimiento: no en vano señalan las nanas y canciones infantiles como claves para el desarrollo del bebé. (Para bebés)

Vamos a leer un cuento

Al contar un cuento el padre o la madre se diluyen en la historia; lo importante ya no son ellos sino lo que están contando. Sin embargo ¿hay algo mejor y más seguro que la voz de los padres para adentrarse en fascinantes y desconocidos parajes, en las turbias y complejas emociones de los cuentos? Juguemos con nuestra voz, ese vehículo (o pasaporte) a tantas historias que nos divierten y dan sentido a lo que ocurre.

Una familia afinada

Cantar juntos en el coche, en casa o en cualquier situación, es un ejercicios de coordinación y afinación familiar que nos permitirá compartir algo importante: la belleza de nuestras voces. Y nos divertiremos un montón cantando al compás. 

¿Cómo lo dirías si estuvieras...?

Nuestra voz es la principal expresión de nuestra emoción. Expresa no solo por lo que dice, sino sobre todo por cómo dice. Este juego nos permite tomar conciencia de ello, además de ponernos en el lugar del otro. Proponemos una frase sencilla, por ejemplo, "Toma el zumo", y la decimos por turnos en distintos tonos (enfado, alegría, desconfianza, desgana...). Se trata de explorar las diferentes emociones, y de comprobar si las identificamos.


Por: Lidia García Fresneda

Artículo original en : serpadres.es

22 may 2014

Babysitter: cuidando a un bebé de 5 meses

A veces, cuando sus padres lo necesitan, cuido a bebés en sus casas. Algo les surge a sus progenitores, me avisan y siempre que puedo voy a pasar unas horas con su hijo. Reconozco que ese tramo de edad, antes de que echan a andar, es mi preferido, así que hago lo posible por ayudar a estas familias durante un rato.

Hace unos días pasé unas horas con un niño de 5 meses que conocí en ese mismo instante, se llamaba Peter. Cuando entré estaba con su madre en la mochila canguro. Si bien sólo le veía sus ojos, en ellos se adivinaban un amplia sonrisa. En esta edad en la que el miedo al extraño todavía no se ha instaurado, me aceptó sin problemas. Su mamá se marchó y no puso ninguan objeción. Pasamos 4 horas juntos.

Las madres me suelen explicar qué necesitará su hijo durante esas horas: cuándo le tocaría comer, o dormir, cuándo le cambiaron el pañal... Esas indicaciones me ayudan bastante, aunque siempre constato que son los bebés los que me dicen qué necesitan....


Desde el principio Peter estuvo muy enfocado en comunicarse conmigo. Tenía la sonrisa (¡y la carcajada!) fácil, sólo hacía falta que me acercara un poco a él y le hablara para que me mostrara su alegría. Tendido boca arriba en el suelo sobre su mantita, los sonidos que emiten a esta edad son guturales. Así que me pedía una conversación con él cada vez que no estaba ocupado en dormir, comer o jugar a su aire. "Ajoooo, ajoooo" le decía, me mirada concentrado, sonreía y me respondía "agrrrr, agrrrooo". Así pasábamos el rato, cuando yo dejaba de hablarle él se quedaba sorprendido, mirándome con ojos bien abiertos y al rato emitía otro sonido. Lo que no le gustaba es que desviara la mirada para otro lado, ahí me gritaba, me estaba llamando la atención para que le mirara a la cara. Es tan importante mirar a un niño, a través de mi mirada él podía ver mi alegría al escucharlo, mi emoción al verle reir, mi aceptación, mi cariño, mi respeto. Ver mis labios moverse a la vez que yo hablada debe ser impactante también para un bebé tan pequeño, por ahí deben salir los sonidos...


Durante estas horas él me iba diciendo si quería comunicarse, dormir o comer. O jugar: e repente, a pesar de estar delante de él hablándole, ya no me miraba, no parecía interesado, giraba su cabeza y se concentró en un juguete. Intentó cogerlo con el brazo más cercano y luego con el otro... pum... quedó boca abajo. Bien, por fin agarró el objeto que deseaba, lo manipulaba, agachaba la cabeza para metérselo en la boca. Hablaba con el juguete, consigo mismo, qué más da. Y luego se puso a cuatro patas, emitiendo grititos, se balanceaba hacia adelante y hacia detrás. Se cansaba y de nuevo boca abajo. Este era su tiempo de investigar el mundo, así que lo dejé tranquilo, en su juego, en su aprendizaje, en su investigación de sus capacidades y las características del mundo físico que le rodea.

 Durante este tiempo también hubo unos minutos de siesta. Y al levantarse parecía hambriento, supuse, porque no le calmaba le hecho de que le hablara, ni el dejarlo en el suelo... le calenté el biberón de leche materna que su madre había dejado en el frigorífico y al mostrárselo fue evidente su alegría. De hecho se lo bebió con ganas, disfrutando, mientras me miraba  la cara. 

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Psicomotricidad gruesa en bebés menores de 6 meses 

Montserrat Reyes

2 abr 2013

Cómo influye el equilibrio en el desarrollo global del niño

Todos los padres lo sentimos y lo comentamos: dejar a los niños salir a la calle solos es muy peligroso, hay que ir siempre con ellos. Pero no todos los padres tienen ese tiempo, quizás ni las ganas. Si pudieran los niños salir solos, como hacíamos nosotros de pequeños... Pero las ciudades de hoy están pensadas para la circulación sobre ruedas, la sociedad exige muchas veces que ambos padres trabajen, la cultura de saber más y cuanto antes mejor hace que los niños deban enfocarse a muy temprana edad en alcanzar logros cognitivos en vez de ocupar su precioso tiempo en "jugar" en la calle.

Jugar, en definitiva, moverse durante los primeros años de la infancia es la base para un adecuado desarrollo emocional, cognitivo, social y por supuesto motriz. Y moverse da mucho placer en la infancia, precisamente porque es vital para su desarrollo global.  Para que un niño tenga éxito en su vida, no sólo a nivel escolar sino también social y personal, debe haber experimentado multitud de movimientos a través de su juego, al menos durante los 6 primeros años de su vida.


¿Y que tienen que ver los sentidos en todo esto? El niño se desarrolla y crece en función de las interacciones que establece con el medio donde vive, es decir, en función de los estímulos que recibe y las respuestas que genera para adaptarse a ellos. Estos estímulos entran en el organismo a través de los 7 sentidos. Quizás recuerde los básicos que nos enseñaron en la escuela: vista, oído, olfato, gusto y tacto. Pero hay dos más, el propioceptivo y el vestibular. El primero nos informa del estado de nuestras articulaciones y músculos lo que nos ayuda a movernos. El sistema vestibular aporta conciencia de nuestro cuerpo, de donde nos encontramos en relación con el espacio y con la fuerza de la gravedad (equilibrio). Y está en estrecha relación con todos los demás sentidos, de manera que todas las sensaciones se procesan con referencia a la información vestibular. La relación que el niño tiene con su equilibrio define cómo experimenta el mundo y cómo se adapta a él, cómo se relaciona con los demás y consigo mismo. 

El orden en el que se desarrolla la integración de las sensaciones en el cerebro nos revela lo importante del sistema vestibular. El niño desarrolla primero los sentidos que le aportan información y conciencia de su propio cuerpo y la relación de éste con la gravedad de la tierra. A partir de ahí, los datos que aporta el sistema vestibular son esenciales para el desarrollo de la vista y el oído. La percepción visual que interviene en el acto de leer es el producto final de muchas de las actividades sensomotoras (los sentidos y el movimiento) básicas que practican los niños durante la infancia. Y lo mismo para todas las capacidades académicas y el proceso de madurez emocional (J. Ayres).

El niño debe "entrenar" su sistema vestibular, y por ende todos sus sentidos, durante su infancia... antes de aprender a leer, escribir, calcular. Experimentar su cuerpo en relación con la gravedad (que constantemente tenemos que vencer), su equilibrio, la conciencia de su cuerpo y de las direcciones en el espacio son vitales para su desarrollo cognitivo, emocional y social.  ¿Y cómo entrenan los niños su sistema vestibular?: arrastrándose, gateando, andando, saltando, trepando, tocando, arrojando, escalando, lanzándose, equilibrándose, manipulando, bailando, girando...en definitiva experimentando el mundo en movimiento. El crecimiento es movimiento.

Por lo tanto, que los niños no puedan pasar muchas horas de sus días en la calle jugando es un verdadero handicap para su desarrollo. "El sentido común" hace que deban estar en casa muchas de sus horas. Ahí dentro, con suerte jugarán a crear, manipular, pintar, alinear, colorear... en el peor de los casos jugarán a los videojuegos o verán la televisión. Pero la estimulación que se recibe en la calle, en la verdadera calle, de esas de "pueblo", donde hay superficies distintas (arena, piedrecitas, rocas, un muro medio derribado), árboles para trepar, un desnivel para subir o bajar, un bordillo para hacer equilibrio... no tiene comparación con la vida alineada, segura, organizada que la mayoría de los niños en nuestra sociedad actual. No es de extrañar la multitud de problemas de lectura, escritura y comportamiento que hoy en día se diagnostican.


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El placer de moverse (B. Aucouturier)
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Placer sensoriomotor y aprendizaje (J. Ayres)


Montserrat Reyes

11 dic 2011

El juego simbólico

“Mira mamá, un guante” dice Leandro, de 27 meses,  mientras le muestra a su madre su mano metida en una pequeña bolsa. Y sentándose a horcajadas sobre el brazo del sofá murmura “rum, rum, soy un motorista”. Coloca un muñeco de Pocoyo delante de él y le susurra que van de paseo.



"Mira mamá soy Nadal"
Según Piaget, este tipo de juegos ocurre alrededor de los dos años. Se caracteriza porque el niño  es capaz de ser o hacer cualquier cosa a través de su imaginación y fantasía: todo un salto en su desarrollo psicológico. Y en su inteligencia: pensar está íntimamente relacionado con imaginar. Cuando planificamos nuestras acciones o resolvemos un problema estamos, en definitiva, imaginando las alternativas y situaciones posibles.   

Hasta entonces se ocupaba de conocer las cualidades del mundo que lo rodeaba mediante la percepción de sus sentidos y el movimiento. El juego consistía en experimentar con las características físicas de los objetos y de su propio cuerpo: ¿siempre que lanzo el muñeco cae al suelo? ¿qué pasa si golpeo la olla con la cuchara?...

En las primeras etapas del juego simbólico  las acciones suelen ser aisladas. Valdría el ejemplo de María, de dos años, que diciendo que su bebé tiene hambre le introduce una cucharita en su boca.  Una vez su muñeca está alimentada, finaliza el juego. Más adelante ocurren combinaciones en secuencias: María baña a su muñeca, la viste, le da de comer y la acuna para dormir.

¿Qué otras conductas ocurren a esta edad que se relacionan con el surgimiento del juego simbólico?
1.       Explosión del lenguaje. Aumenta su vocabulario y mejora la articulación de la palabra. Habla lo que piensa (o lo que hace).
2.       Capacidad de representar. Es capaz de distanciarse de la realidad y representar mentalmente algo que ocurrió en otro momento.
3.       Sentido de su individualidad. Comienza a referirse a sí mismo como “yo”. Explora su independencia (creando inevitablemente conflictos con los adultos).

¿Cómo influye el juego simbólico en el desarrollo del niño?
1.       Desarrollo de la socialización. Facilita el conocimiento de los roles sociales, las relaciones familiares, de las diferentes profesiones.
2.       Desarrollo emocional. Piaget sostenía que este tipo de juegos ofrece al niño una oportunidad para resolver conflictos “si el niño tiene miedo a un perro, las cosas se arreglarán  en un juego simbólico, en el que los perros dejan de ser malos y los niños se hacen valientes”.
3.       Desarrollo cognitivo.  En el juego simbólico más elaborado (combinación de secuencias) se pone en marcha un proceso importante de comunicación, intercambio de ideas, declaración de intenciones…  

Al observar a nuestros hijos jugando a “hacer como si” obtenemos una valiosa información de cómo son, sus miedos, conflictos, preocupaciones, deseos…  No está de más sentarnos cerca de ellos, aunque intentando no intervenir. Y mucho menos criticarles o dirigirles. Si quieren que participemos, así lo hacemos, pero dejemos  sean ellos los que  dirijan el juego. Los padres, sin darnos cuenta, podemos enviarles información de que “así no es, se hace así”, cuando la fantasía y la imaginación ¡son libres!

Por otro lado, también las actitudes y costumbres de los adultos pueden verse reflejadas en su juego simbólico: cuando hace de mamá y frunce el ceño al darle de comer al bebé, cuando hace de papá y eleva la voz leyendo el periódico… Es una oportunidad para saber cómo nos ve nuestro hijo.

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Montserrat Reyes

3 dic 2011

Juegos: cognición en niños de 18-24 meses


Según Piaget, antes de los dos años, el bebé se encuentra en el Estadio Sensoriomotor. Tiene una limitada capacidad para representar mentalmente la realidad, por lo que su inteligencia se sustenta en percepciones y movimientos. Su pensamiento se manifiesta en actos sobre el presente. Su desarrollo intelectual se expresa al establecer relaciones causales que le ayudan a adaptarse al medio que le rodea (si le doy al interruptor se enciende la luz, cada vez que lanzo un objeto éste cae al suelo, si lloro mi mamá me atiende).

El siguiente Estadio, el denominado Preoperatorio, empieza alrededor de los dos años (Piaget). Con la aparición del lenguaje y el desarrollo de la función simbólica, se producen modificación en el desarrollo intelectual: el niño empieza a representar en su mente los datos de la realidad. Ya no hace falta que la acción esté ocurriendo ahora mismo para obtener una información que actúe sobre su proceso cognitivo.

Todos aquellos juegos que estimulan el lenguaje, la sociabilidad y la permanencia de una acción o imagen mental actúan sobre su función intelectual. El juego imitativo y simbólico (“hacer como si”), el juego de asociaciones, aquellos donde aprenden palabras nuevas…



1.    Juego de las parejas
A  los 20-22 meses puedes iniciar el juego de las parejas: con cartulina de colores y pegatinas fabrica tres parejas: sentados sobre el suelo, uno frente al otro preséntale una tarjeta y dile que ahí hay un perro (quizás ya conoce ese animal así que puedes preguntarle qué es y  tu hijo te lo dirá) y la colocas sobre el suelo; le presentas la segunda y la tercera, colocándolas una junto a la otra. Ahora le enseñas cada pareja en el mismo orden  y la colocas bajo su igual. A partir de aquí, puedes presentarle las parejas en distinto orden y que él te diga dónde está su igual. Más adelante añade más parejas, a los dos años podrá hacerlo con 6 ó 7 a la vez y cambiarlas cada día.
2.    Emparejando objetos
En vez de utilizar imágenes ahora podemos jugar con objetos reales. Coge tres cucharas y dile cómo se llaman;  finge que estás comiendo, deja que coja una cuchara. Ahora le enseñas tres tenedores; finge que estás comiendo; deja que coja un tenedor. Ahora dile que te de una cuchara y luego el tenedor. Pon los 6 cubiertos sobre la mesa delante de tu hijo y dile que te de una cuchara, luego un tenedor.
3.    Juegos con colores
Como en el juego de las parejas (1),  utiliza tarjetas de colores pero sin pegatinas. Muéstrale los colores primarios: rojo, amarillo y azul.  Juega a emparejarlas. Aprovecha además vuestros paseos para nombrarle estos tres colores: en los coches, las motos, las verduras, la comida empaquetada… Cuando observes que ya los conoce, ve añadiendo un color cada vez.
4.    El juego de los sonidos
Si tienes varios botes de plástico parecidos a los de rollos de película fotográfica, puedes meter materiales pequeños que hagan ruidos diferentes: arroz, arena, una canica, botones… Séllalos bien para que no se abran a ser manipulados por tu hijo. Muéstrale cómo se agitan y el sonido que tienen “suave…shhhh, fuerte….shhhh”. Si un bote no tiene nada dentro será el sonido del silencio. Permítele que los toque y agite, podrá experimentar que el que suena más fuerte quizás pesa más que el que suena suave.
5.    Debajo de dónde está
Consigue tres cajitas o cubos pequeños. Tu hijo y tú sentados en el suelo uno frente al otro. Muéstrale los cubos boca abajo, de manera que no vea qué hay dentro. Levanta uno y coloca dentro un pequeño juguete (un muñequito). Mueve los cubos despacio y pregúntale dónde está el muñequito. Al principio, si no entiende el juego, enséñale dónde está el juguete; lo entenderá rápido y le encantará jugar a averiguar dónde se movió el muñequito.
Con las tarjetas con pegatinas puedes hacer este mismo juego: le enseñas tres tarjetas, una a una vais diciendo cómo se llama lo que veis, pero al colocarlo en el suelo lo haces boca abajo. Al principio, sin moverlas, pregúntale dónde está el perro, o el gato o el ratón. Cuando lo entienda, mueve las tarjetas colocadas boca abajo antes de preguntarle por un animalito en concreto.
6.    Linterna
En una habitación a oscuras, sienta a tu hijo en tu regazo y enciende una linterna. Muévela despacio por la habitación a la vez que le nombras y describes aquello que vas enfocando. Quizás sea él quien lo vaya nombrando. Deja ahora que sea tu hijo quien tome la linterna y enfoque aquello que le interesa; describe lo que ves.
7.    Caja de juguetes inteligentes
En una caja de zapatos mete varios juguetes “inteligentes”: una marioneta, una pelota que flota,  una caja de música con bailarina, un trapecista… y cualquier tipo de juguete que sorprenda al niño con sus movimientos. Será un momento especial, se lo enseñas cada día, en el mismo sitio, con gran expectación. Le sacas los juguetes uno a uno y le enseñas lo que hacen. Si alguno no se puede tocar por ser delicado se lo dices e irá aprendido a tolerar este tipo de frustración. Si se lo enseñas siempre en el mismo orden, en pocos días te dirá el nombre del que le toca salir cuando estés guardando el anterior.
Marioneta: haz que ande por el suelo, que se suba a su pierna, su hombro, que le dé un beso. Nombra cada parte de su cuerpo sobre la que pasea.
La pelota que flota. Soplando por un tubo de madera, una pelota de corcho es impulsada hacia arriba y se mantiene flotando. Les crea expectación verla flotar y querrán cogerla. Si tienen destreza puedes dejarlo que lo haga y que la coloque de nuevo en su sitio para verla flotar de nuevo.
Caja de música. Ver a la bailarina (o los patitos) bailar les mantiene muy atentos. Si le dejas coger la muñeca para volverla a colocar (no es tan fácil, el imán que la mantiene dando vueltas puede ser difícil de localizar), practica con su motricidad fina y el perseverar ante las dificultades.
El trapecista. Hecho generalmente de madera, cuando apretamos la parte inferior del trapecio, el trapecista sube y hace piruetas. Enséñale “arriba y abajo”. Cuando él te lo pida, súbelo o bájalo.
8.    Títeres
Inventar historias con títeres es algo que les divierte mucho. Puedes utilizar uno o dos títeres de mano y contarle una historia en la que tu hijo sea uno de los protagonistas; o que cuente algún relato con el que tu hijo se sienta identificado. Existen además los títeres de dedos que posibilita aumentar los personajes del cuento. Deja que tu hijo también se coloque alguno que participe en la narración.
9.    Juego simbólico.
Es la edad apropiada para empezar a jugar “a las muñecas”.  Si tiene un muñeco preferido, cuando estéis almorzando sentáoslo al lado y haced como que le dais de comer. Le gustará especialmente llevarlo de paseo en el carrito. Otra forma de juego simbólico se da cuando toma la escoba  y sobre ella te dice que es un caballo. 


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Montserrat Reyes

25 nov 2011

Juegos: comunicación y lenguaje en niños de 18-24 meses


En esta etapa solemos sentir que la comunicación con nuestro hijo ha mejorado de forma notoria. Ya no sólo utiliza ademanes, sino que empieza a acompañarlos de palabras y aún en lugar de éstas. A lo largo de este semestre notarás que parece tener palabras para todo.  A los dos años hará frases dos palabras.
Responde a órdenes simples y le encanta hacer pequeños recados de la casa, buscando o llevando cosas. Tímidamente empieza a reclamar “lo mío”, si bien al principio lo hará con gestos de apartar la mano de aquel que “osa tocar” algo que le pertenece (a él o a su madre).  
1.    Las partes de mi cuerpo.
Antes del año y medio es capaz de señalar partes de su cuerpo (o del tuyo) si tú se las nombras. Durante este semestre ocurre un importante cambio: si se las señalas (o se las tocas) él nombra las partes de su cuerpo. Este juego le permite conocer su esquema corporal y ampliar su vocabulario. No te limites a partes visibles y sencillas, enséñale dónde están las cejas, los hombros o codos, las rodillas y tobillos, la lengua o la nuca.  A los dos años, con su dedo índice tocará las partes de tu cara, una a una e irá nombrándolas.
2.    Títeres tristes y alegres
Toma dos cucharones de madera y en la parte trasera dibuja una cara triste y otra alegre. Sentados uno frente al otro muéstrale la cara alegre y dile cosas bonitas “hoy vamos al parque”, “la prima vendrá a visitarnos”. Ahora muéstrale la cara triste y cambia el tono de voz y dile que está triste y que llora “buaaa, buaaa”. “¿Por qué está triste?” Dialogad sobre por qué una cara está triste y otra alegre y haced gestos apropiados a ese estado de ánimo.
3.    Poner la mesa
 A esta edad está totalmente integrado en la rutina diaria de la casa y le gusta participar de ella. Pídele que te ayude a poner la mesa, que tome el mantel del cajón y lo coloque (tú le ayudas), le das los cubiertos y que los ponga sobre ella, también el pan.  Todos los días querrá colaborar, con diligencia lo hará en el mismo orden y le gustará sentirse alabado por ti.
4.     Juego simbólico.
Es la edad apropiada para empezar a jugar “a las muñecas”.  Si tiene un muñeco preferido, cuando estéis almorzando sentáoslo al lado y haced como que le dais de comer. Le gustará especialmente llevarlo de paseo en el carrito. Otra forma de juego simbólico se da cuando toma la escoba  sobre ella te dice que es un caballo.
5.    Imítame.
Te imitará en todo lo que hagas: cogerá tus pinzas de depilar y se las pasará por las piernas, querrá tomar tu brocha y maquillarse las mejillas (alcanzarás sus orejas y el pelo), te pedirá que le pongas la corbata de papá… Ofrécele lo que te pide y apóyale en esta tarea de querer entender “las cosas de la vida” a través de la propia experimentación (y no sólo observando).
6.    Un cuento sobre mí
Fabrica un cuento de pocas páginas con fotografías de tu hijo realizando actividades cotidianas: vestirse, comer, bañarse, ir al parque, dormir, jugar. Muéstrale en su libro la foto que tiene que ver con la actividad que realiza en ese momento. También podéis sentaros juntos y le cuentas  “un día en la vida de Leonardo”: le  encantará verse y él mismo nombrará las actividades que vais hojeando. 
7.    Contando subo y bajo escalones.
Una buena forma de enseñarle a contar números es en esos momentos en los que subimos o bajamos escalones con ellos. Al principio contáis hasta el 5. Cuando lo tenga dominado aumentamos hasta el diez. Puede que se salte algún que otro número durante varias semanas, suelen ser siempre los mismos. Cerca de sus dos años puedes enseñárselos también en inglés, los aprenderá rápidamente. Esto no significa que tenga conciencia de lo que representan los números: observa que a veces contará hasta el 10 cuando sólo ha subido 6. Por ahora sólo tiene conciencia de uno y varios.
8.    Cantamos y yo digo el final.
Si juegas frecuentemente a cantarle canciones, observa la evolución en su “canto”. Alrededor de los 20 meses puede que termine las sílabas de las frases: “Susanita tiene un ra…tón, un ratón chiqui…tín”. Un par de meses después será capaz de terminar la palabra de cada frase: “Pimpón es un… muñeco, muy guapo y de… cartón”. En su segundo cumpleaños termina dos o tres palabras de la frase. De ahí a cantar la canción entera hay un pequeño paso.
9.    Cuéntame un capítulo de Callou.
Puede que a esta edad tu hijo tenga predilección por algún personaje de dibujos animados (Pocoyo, Callou, Dora). Si tienes un DVD de su preferido, probablemente vea los capítulos varias veces a la semana. Alrededor de los 20 meses puedes jugar a que él te cuenta uno de esos cuentos que ve en la tele: ve guiándole en el argumento y pregúntale lo que ocurre después. Te sorprenderá descubrir que sabe perfectamente lo que ocurre sin fallar en su cronología.
10.  Qué pasó hace un par de días.
Alrededor de los 20 meses puedes notar que recuerda eventos que pasaron hace unos días. Si salís al parque con su amiguita Irene, dos días después cuando lo preparas para iros al parque él dirá “¿Irene?”.
Pregúntale sucesos que ocurrieron hace uno o dos días  “¿Quién nos visitó ayer? Eso es, el tito ¿y qué te hizo? Sí, te hizo pupa ¿dónde? En la barbilla al abrocharte el casco de la bici, cierto”. El diálogo que favorece el recuerdo de sucesos ocurridos en el pasado fortalece su memoria, a la vez que su capacidad de expresión. Y la siguiente vez que vea a su tito, aunque sea 2 semanas después, comentará que le hizo pupa con el casco.

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Montserrat Reyes

15 oct 2011

Juegos: la comunicación y el lenguaje en bebés de 12-18 meses

Hasta los 18 meses de edad, las emisiones del bebé suelen constar de una sola palabra. Si bien los padres, según el contexto, somos capaces de entender toda una frase: si dice “aba” en la cocina mientras señala un vaso quizás entendamos “ajá, quieres una vaso de agua, tienes sed después de haberte comido varias galletas”.
La comunicación a esta edad no sólo se centra en la emisión de palabras, también lo hacen con gestos y juegos imitativos. Señalar es otra tarea que les permite expresar lo que saben o lo que quieren. Escuchar atentamente a los adultos entre ellos,  y sobre todo si les cantamos o contamos un cuento, influye de manera decisiva en la adquisición del lenguaje.

1      El juego de las preguntas.
Alrededor de su primer aniversario, tu hijo será capaz de responder con gestos o señalando a preguntas simples relacionadas con su vida diaria:
“¿dónde están las galletas?” y señala el armario; “¿dónde está Pocoyó?” y señala la estantería donde está su libro; quizás haga un gesto que él relaciona con este personaje.
Más allá de nombrarle objetos o explicarle situaciones para que las aprenda, puedes empezar a hacerle preguntas para que tu bebé participe de forma activa y no sólo receptiva.
2      Partes del cuerpo.
Durante este semestre, cuando se lo preguntas, será capaz de señalar sobre su cuerpo muchas de sus partes. Es mejor empezar por aquellas que él pueda ver sobre sí mismo (pie, barriga, mano…).  Las que no puede ver se las tocas y se las enseñas sobre tu cuerpo y el de papá o la hermana (nariz, ojos, boca…).
3      Libro de la familia.
En anteriores etapas hemos hablado de la utilidad de realizar un “libro de la familia” con fotos de personas cercanas a él: sus abuelos, tíos, primos, papá, mamá, él mismo, Pocoyó… Si bien anteriormente se dedicaba a escuchar cómo nombrabas a los distintos personajes, ahora será capaz de buscarlos cuando preguntas por alguno y puede que asocie algún gesto.
4      Imitando palabras que oye, su entonación.

Nota cuándo empieza a imitar palabras sueltas que te oye decir.  Quizás diga “esho” después de decirle que le vas a dar queso. Aprovecha para repetirlo y quizás añadir otras palabras relacionadas, a lo mejor tiene ganas de practicar con su voz: “jamón, aceite, sal…”. O puedes describir el queso que le ofreces “es amarillo y muy sabroso”. Otras veces lo observarás tomando tu teléfono y haciendo como que habla, en geringonza: te sorprenderá notar que a falta de palabras reproduce fielmente la entonación que tú utilizas.
5      Imitando: barrer, limpiar el polvo, poner la mesa.
Notarás que quiere ayudarte o imitarte en muchas de tus tareas: quiere alcanzarte las pinzas cuando tiendes la ropa, o te ayuda a transportar la ropa de la lavadora a la terraza. Si limpias el polvo dale un trapo a tu hijo, le encantará. Cuando barras el suelo, dale otra escoba (puedes darle la fregona, servirá igual). Cuando te lavas lo dientes, querrá también hacerlo: cómprale un cepillo.  Durante la merienda quiere meter la cuchara en tu café y agitarlo. 

 

6      Iniciación al juego simbólico.
Es frecuente que cuando le des de comer intente darte de comer a ti. También lo hace cuando le peinas: quiere peinarte. Puedes  introducir en la escena su muñec@ favorito para hacerlo sobre éste.
7      Cucu-tras.
La versión del juego cucu-tras correteando por la casa es ahora la favorita. Le proporcionará una gran excitación y reirá a carcajadas. Corre a esconderte (si todavía gatea, hazlo tú también gateando) detrás de muebles, si bien permite que vea parte de tu cuerpo o háblale para que intente localizarte por el sonido.
8      Leemos un cuento (onomatopeyas).
Es una buena etapa para leerle cuentos relacionados con animales y jugar al “cómo dicen”. A falta de una capacidad lingüística que le permita nombrarlos, sus sonidos son más fáciles de reproducir.
9      Cantando.
Pienso que no es exagerado decir que todos los días deberíamos cantarle a nuestros hijos, o cantar con ellos. A esta edad memorizan todo lo que ven y oyen. Si le cantas o escucháis una variedad de las mismas canciones, pronto observarás cómo anticipa el final de algunas palabras, o incluso la palabra que va al final de una frase. Cuando le cantes haz una pausa más larga para favorecer su intervención: “pimpón es un muñe-co, muy guapo y de car-tón…”

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Montserrat Reyes

8 oct 2011

Juegos: psicomotricidad fina en bebés de 12-18 meses


Cerca de su primer cumpleaños los bebés dominan con destreza sacar y meter objetos de recipientes cada vez más pequeños (juego de continente-contenido). Seguro has sufrido su predilección por vaciar tus cajones y volver a llenarlos a su manera. Quizás ahora también se entretiene en jugar con tu bolsita de maquillaje. Entrenan la “relajación prensil”, es decir, soltar objetos en el lugar deseado en el momento preciso: y ahora podrán hacer torres. Al principio sólo serán torres de dos cubos y mejor si el de abajo es de mayor tamaño.  A lo largo de los meses observarás que con entrenamiento logra hacer una torre de 3 cubos de 1cm cuadrado (alrededor de los 18 meses). Y hay más habilidades manuales que podemos fomentar:

1.    Puzle de tres piezas: círculo, cuadrado, triángulo.
Entre los 12-15 meses se pueden introducir puzles simples. Si ofrecen los tres colores primarios, mucho mejor: rojo, amarillo, azul. Empecemos dándole sólo una pieza y dejando las otras dos colocadas. El círculo es el más fácil ya que encaja en cualquier postura. Más adelante podéis darle dos piezas y así practicará la diferencia entre ambas al intentar colocarlas. Vuestro hijo irá marcando la evolución de este juego.

2.    Insertar piezas tridimensionales.
Se trata del juego clásico que consiste en una caja con orificios de distintas formas (cuadrado, triángulo, círculo) sobre la tapadera. Empecemos por las que no tienen orificios en sus lados, sólo sobre la tapadera, y que éstos sean simples (dejar para más adelante las formas de estrellas, trapecios, pentágonos…). Como en el juego anterior, si hace falta tapamos los orificios erróneos y ofrezcámosle sólo el adecuado a la figura que tiene. Otra posibilidad es tomar piezas de otros juegos, quizás más pequeñas y que quepan en los tres orificios.

3.    Continente-contenido.
SI le ofrecemos un cuenco pequeño (de plástico) con objetos pequeños dentro (una castaña, una pelotita, una mandarina…) se entretendrá en sacar y meter. Si le das otro cuenco, ahora vacío, puedes mostrarle cómo pasar todos los objetos de uno a otro.

4.    Apilar 2 ó 3 piezas.
Quizás observes que intenta colocar su cochecito sobre la muñeca. ¡O un potito sobre el otro! Empieza su interés por apilar, es un paso más en su evolución cerebral. Y esto tendrá repercusiones observables en la evolución de su lenguaje y capacidad comunicativa. A los 18 meses puede hacer torres de 3 piezas y a los 24meses de 6-8 piezas.

5.    Faro.
Este juego consiste en una base de madera donde hay colocado un palo en posición vertical. Se acompaña de aros (donuts) que hay que insertar en el palo. Generalmente los aros son de distinto tamaño y color. No nos preocupemos si no lo insertan en el orden “normal” (abajo los más anchos y los demás colocados en forma decreciente), esto no ocurrirá hasta años más tarde.

6.    Peinarse.
Notarás que cuando lo peinas quiere coger el peine y hacerlo por él mismo. Permíteselo y dile que te peine a ti también, o a su muñeca.

7.    Llevarse tenedor a la boca.
Al principio puede que no tenga habilidad para pinchar la comida, esto puedes hacerlo tú y ofrecérselo: verás cómo le encanta ser exitoso en la tarea de llevárselo a la boca y morderlo. Te lo devolverá vacío para que le sigas ayudando.

8.    Pasar páginas.
Probablemente, desde antes de su primer cumpleaños haya mostrado interés por pasar las páginas del libro que le lees. Lo hará de tres en tres. Con la práctica irá puliendo su habilidad. Alrededor de los dos años podrá pasarlas de una en una.

9.    Macarrones en una botella.
Si le ofreces  macarrones (sin cocer) y una botella de plástico transparente, muéstrale lo divertido que puede ser meterlas. Es importante que la botella sea transparente, para que vea que los macarrones quedan dentro. Este juego trabaja de forma muy fina su agarre en pinza y su capacidad para soltar.

10.  Garabatos.
Si ves que le interesa cuando te ve a ti o a sus hermanos, permítele coger un lápiz de color y garabatear sobre un papel. Mejor si es un papel contínuo sobre la pared (primero aprendemos a pintar con el “brazo entero”).


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Montserrat Reyes

30 ago 2011

De vacaciones con mi hijo de 24 meses ¿qué juegos nos llevamos?

Nos vamos de vacaciones durante tres semanas. Hay que calcular bien qué nos llevamos porque las aerolíneas te cobran por cada gramo de sobrepeso. Lo más importante es la ropa, considerando que nos vamos a un país donde la temperatura media en verano son 20 grados... y el paraguas también lo incluimos. ¿Qué juguetes elegimos para mi hijo? Le pregunto y responde "shi" a todo, así que opto por echarle los que últimamente utiliza a todas horas: su motito amarilla y su avión, además de un cuentito de Pocoyó.

Llegamos a nuestro destino. Leo se entretiene con todo,  principalmente con cada rincón del apartamento donde nos alojamos. La motito no la veo casi desde el día que llegamos. El avión deja de emitir su sonidito de despeGue porque lo echó a la bañera llena. Al cuento le desaparecieron tres hojas. Decido comprarle algunos juegos adecuados a su etapa evolutiva y encuentro uno que estuvimos a punto de fabricar para el Taller de Juegos, pero éste lo encuentro ideal :

1. Pescando todo tipo de peces.
Consta de un recipiente cuadrado de madera con un dibujo del fondo del mar en la base de su superficie interna. Y dentro unos peces de madera con un pequeño trozo de hierro en medio. Una especie de caña de pescar con un imán en el extremo de la cuerda.  La fauna marina incluye: una foca, un cangrejo, un delfín, una ballena, un pez (inespecífico), un tiburón y una estrella de mar.

Es la primera vez que se lo presento. Le muestro cómo se juega. Al principio agarra directamente el extremo-imán de la cuerda e intenta penetrarlo en los animales marinos. "Suave, suave, sólo apóyalo".  En sucesivos intentos va dominado el arte de sostener la caña y desde ahí dirigir la cuerda para "pescar" cualquier pez. Siempre los vamos nombrando. Al principio pescaba uno y lo nombrábamos. Ahora lo nombramos y luego lo pesca.

2. Lego.
Paseando por la ciudad encontramos un LegoLand.  Entramos emocionados y le compro un juego de pocas piezas y grandes, parecido a uno que nos regalaron. No pasa nada, menos mal que es Lego y podemos unir cuantas piezas queramos, qué suerte.  Como en casa Leo se entretiene en hacer torres, no se le da mal, una sobre otra y otra y otra.
Le fabrico un avión y juego a hacerlo volar. Todavía no se interesa por intentar montar un muro ya que necesita unir piezas en horizontal... es demasiado pequeño para eso, aunque pronto empezará a colocar cubos uno detrás de otros y formar un tren. Y bien, como sabe nombrar los colores, pero todavía le cuesta identificarlos,  jugamos a amontonarlos por colores. Además, a esta edad, si bien saben nombrar los números (del 1 al 10 o más) sólo entienden los conceptos de 1 y muchos.

3. Libro-puzle
 
A Leo le gustan mucho los puzles. Encontré un cuento donde se debían encajar distintos animales en su página correspondiente: la página de las vacas (dos dibujadas y dos huecos), la de los cerditos (tres dibujados y dos huecos), la de los patos (dos dibujados y dos huecos libres)  y la de las ovejas (tres dibujadas y dos huecos). Los huecos no tenían su animal dibujado debajo, lo que dificulta su localización y posicionamiento.

Este tipo de cuento-puzle también promueve el entendimiento de la "clasificación": cada animal va con su grupo de animales que son iguales. Nombrarle los animales y expresar los sonidos que emiten es algo que todos los padres hacemos. Y finalmente cada página describe los nombres de éstos.

4. Emparejando
Finalmente no pude resistir comprar este último juego, si bien lo tengo en casa (hecho por mí). Lo utilizaré para los Grupos de Juegos. Son parejas de dibujos hechos en madera: se guardan en un estuche de madera, como el dominó, muy coqueto. Cuando empecé a jugar con Leo hace 3 meses sólo utilizaba 3 ó 4 parejas con dibujos relacionados con su vida y que pudiera identificar: el gato (de vecino), el sapo (Pepe de CantaJuego), la moto (del tito) y la pelota (nuestra pelota). 1. Le mostraba cada dibujo y le pedía que me los nombrara. 2.Yo los iba colocando uno al lado del otro. 3. Luego volvía a sacarlos en el mismo orden, le pedía que los nombrara y que los colocara bajo el dibujo que fuera igual. Y así durante varios días.
Con el tiempo le enseño unos diez dibujos cada vez (cada día los cambio) y le muestro las parejas en distinto orden... algunas veces le muestro uno que no tiene pareja y se lo queda en la mano esperando a ver si aparece.

5. Ceras de colores y folios.
Esto no podía faltar, debería haberlos incluido en la maleta. No son difíciles de encontrar ni caros. Unos colores y unas hojas siempre deberían estar a su alcance. Sin embargo, lo mejor sería colocar un papel continuo en una pared de la casa y permitir que pinte todo lo que quiera: siempre dentro de los límites del papel. También se pueden colocar pegatinas sobre él y formar un dibujo.




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