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26 ene 2023

El desarrollo de los pies en el bebé: todo lo que ocurre antes de aprender a caminar y la importancia de saber caerse.

Puede parecer que la función de los pies sólo es importante en el momento en el que el bebé comienza a incorporarse y a dar sus primeros pasos. Claramente necesita una base estable sobre la que sostenerse. Sin embargo, este hito no depende exclusivamente sus pies, es más bien un juego entre equilibrio y movimiento que implica todo el cuerpo. Bien, pero yo quería hablar sólo de los pies. De nuevo es muy difícil hablar del crecimiento sin implicar a todos los sistemas corporales.

Los bebés nacen con los pies con las puntas hacia adentro y necesitan que se desplieguen totalmente para poder apoyarlos y andar. Es un proceso donde se integran componentes biomecánicos, motores, sensoriales y propioceptivos (lo que ayuda a su cerebro a tener una idea más clara de su mapa corporal).

Posición boca arriba. Los pies suelen tocar o golpear la superficie donde están apoyados con los talones y bordes externos. Esto es un estímulo propioceptivo que le permite ubicar sus pies en relación a su cuerpo.

Girar. Con el tiempo apoyará la planta del pie y empujará el suelo para levantar la pelvis, girar o voltearse. Es la primera experiencia de la posición que tendrán los pies cuando camine. 


Boca abajo. Los empeines y los dedos de los pies entran en contacto con el suelo. Los pies flexionados le dan mejor agarre. El dedo gordo tiene función protagonista como conexión de agarre con el suelo y también como pivote. Todo este juego crea importantes conexiones funcionales entre el pie y el resto del cuerpo, contando con un gran superficie de apoyo (su pecho y la pelvis) sin tener que lidiar aún con la complejidad de mantenerse de pie. 



Gatear. 
Cuando empieza a gatear los pies deben estar extendidos. Entra en posiciones con los dedos de los pies flexionados o con toda la planta en el suelo (posición oso) que le dan estabilidad y le permiten utilizar sus manos y brazos para tocar el entorno. Es decir, los puede colocar en otro lugar que no sea el suelo (los brazos van abandonando su función de "pata"). 

  







Incorporarse. Las primeras veces suele tener una organización precaria de pies y piernas, por lo que es necesario que el bebé sepa caerse. Debe aprender a caerse tanto hacia adelante como hacia atrás. 

En cuclillas. Estando de pie, aprenden a caer hacia adelante o hacia atrás simplemente plegándose hacia abajo. Cuando domina esta posición la utilizará para ponerse de pie sin apoyos externos. 

De pie. Al principio es una posición inestable y aprenderá a bajarse flexionando una pierna y estirando la otra, donde explora muchas formas de apoyar el pie sobre el lado interno, externo, sobre la planta. Todas estas posibilidades de lan cada vez mayor manejo de su equilibrio. Ha aprendido a organizar su estabilidad en la vertical apoyándose y confiando en su propio esqueleto. 

Primeros pasos lateralmente con apoyo. Hay pocas excepciones a esta norma, así suelen ser los primeros pasos en el ser humano. Al mismo tiempo sigue necesitando volver al suelo para sentirse seguro.  

De pie sin apoyo. Algo les interesa tanto que sueltan una mano primero y luego la otra. A principio sólo lo hacen por breves momento y si pierde el equilibrio simplemente se deja caer hacia atrás

Primeros pasos con apoyo. Encuentran un taburete bajo o incluso utilizan en mismo carrito de paseo, se agarran y al empujarlos experimentan el traslado de su peso de un pie al otro, pero sin levantar los pies todavía.  

Caminar libre homolateral. Para sus primeros pasos utiliza su cuerpo en bloque, avanza con una pierna y el brazo del mismo lado. El equilibrio es muy inestable y el desplazamiento lento. Para andar con fluidaez y eficacia tiene que desarrollar el patrón cruzado (contralateral). Afortunadamente ya ha experimentado este patrón al arrastrarse y gatear.

Caminar contralateral con apoyo y caminar libre contralateral. El infante utiliza el patrón cruzado cuando adelanta una pierna y el brazo contrario. Es decir, la cintura escapular y la cintura pélvica giran en sentido contrario. Es la forma más eficiente de andar y la base para desarrollar las próximas funciones como correr, tirar, saltar...


"Vamos arriba"... o cuando los adultos ponemos de pie a un bebé.

Muchos padres nos preguntan si es bueno o no incorporar al bebé cuando éste nos pide que lo alcemos. Y es que algunos bebés comienzan a interesarse muy pronto por la posición erguida. Si algún adulto le ayuda a colocarse de pie, por acto reflejo estirará las piernas para encontrar estabilidad. Esto no significa que estén preparados para ello. Incorporarse es algo que realizará el niño por si mismo por impulso, fuerza y cuenta propia cuando él "sienta" que está preparado para arriesgarse a un nuevo movimiento. El bebé quiere ante todo alcanzar la posición alta, es un impulso natural irrefrenable. Y una habilidad importante que se requiere para ello es la de volver al suelo con seguridad, es decir, "saber caerse". Lo que prepara al bebé para caerse de forma segura son todos los movimientos previos que ha realizado antes de llegar aquí: voltearse, reptar y arrastrarse, gatear y sentarse.  El rol de los padres debería ser crear un entorno seguro que permita al infante explorar y aprender estos movimiento tan esenciales para el desarrollo.


Montserrat Reyes Revuelta

Fuente: El Microcosmos del Moviemitno, Phil Unseld (2018)




21 ago 2014

"Algunos niños no gatean" ¿Es esto cierto?

Las consultas que más recibimos son las de padres preocupados porque sus hijos no gatean. Buscan respuestas y quieren saber qué hacer para que este hito sea alcanzado por sus bebés.

Y esto ocurre porque hace ya bastante tiempo que se reconoce el gateo como una fase muy importante para el desarrollo del niño y del futuro adulto, para sus facultades físicas, emocionales y sociales. Pero ni las madres ni los profesionales tenemos claro cómo hacer para que ocurra. Ponemos nuestra mejor intención, damos palos de ciego y a veces, algo tarde, nos damos cuenta de que estábamos poniendo obstáculos. Y nos duele en el alma no haberlo sabido antes.

Muchas mamás reconocen que, si bien les preocupaba que con el paso de los meses su hijo no gateara, siempre se aliviaban al escuchar comentarios de amigos que les decían “no te preocupes, algunos niños no gatean”. ¿Es esto cierto?



La afirmación “algunos niños no gatean” es cierta. Es cierto que algunos no gatean. Pero lo que no es cierto es lo que se asume con esta frase: que el hecho de que un bebé gatee o no está determinado por sus genes, su temperamento… por algo interno a ellos. Se asume que igual que tu hijo puede ser tranquilo o nervioso, también "te puede tocar” un gateador o no gateador.

Nuestra experiencia profesional nos lleva a replantearnos constantemente esta idea, tan aceptada. Y lo que día a día comprobamos (y así lo corrobora la literatura escrita) es que un niño sano gateará siempre que se encuentre con las condiciones adecuadas, esto es, un ambiente familiar que permita y favorezca el gateo. Y esto se concreta básicamente en una superficie amplia, el suelo, donde el niño pueda moverse en libertad y experimentar el entorno y sus objetos con todo su cuerpo desde los primeros meses (y no desde que le "toca" gatear).

Muchos de los artilugios que facilitan nuestra vida, dificultan el gateo. Una vez que el bebé tiene sus necesidades básicas cubiertas (hambre, sueño, amor, abrigo) está listo para afrontar retos, no para permanecer tranquilo, quieto o entretenido sin hacer nada o como mucho utilizando las manos, que es lo que favorece todo el mobiliario que lo mantiene sentado. Por eso para que el niño gatee deberíamos evitar usar hamaquitas, maxicosis o sillitas de paseo como medio para que el bebé pase su tiempo, simplemente porque el tiempo que pasa sentado no está tumbado, la postura que le permitirá alcanzar el gateo. También deberíamos olvidarnos de los andadores o taca-tacas. Y, por supuesto, no sentarlos cuando todavía no lo hacen por sí mismos, ni hacerlos andar llevándolos agarrados delas manos. Todo ello en un ambiente donde sus cuidadores están disponibles, receptivos a sus necesidades y vinculados con ese bebé que tanto necesita de su amor y apoyo. 

No se trata de hacer ejercicios, ni gimnasia, ni movimientos en serie. Un bebé se desarrolla y aprende a través del placer y del juego, en un ambiente adecuado y junto a unos padres amorosos.

 
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Montserrat Reyes y Lidia García  

10 jun 2012

Prácticas desaconsejadas: hacer andar a un bebé...


... agarrándolo de sus manos, cuando todavía no lo hace por sí mismo.


En cuanto a la motricidad general del bebé, hay dos prácticas muy comunes que los padres realizamos con ellos, especialmente a partir de sus 6 meses de edad. Ambas van en contra de favorecer un adecuado y armónico desarrollo global del bebé. De una ya hemos hablado: colocar a un bebé en posición sentada cuándo éste no lo hace por sí mismo. La segunda tiene que ver con la bipedestación: agarrar a un bebé de sus manos, ayudarlo para colocarlo de pie y hacerlo andar (cuando todavía no anda independientemente).

Puede ser que la sociedad competitiva en la que vivimos, donde la consigna es “cuanto antes mejor”, nos empuje a tener unas expectativas altas para nuestros hijos. Creo que en nuestra mentalidad colectiva hay una creencia muy poderosa y arraigada que dice: cuanto antes ande un niño más éxito tendrá en la vida. De ser de otra manera no entiendo que pongamos tanto énfasis en intentar y tanto orgullo al decir que nuestro hijo ya andaba a los 9 meses. Cuando les pregunto a estos padres si sus  hijos gatearon, todos dicen que no. 

Observo en los Talleres de Juegos que la mayoría de los padres no son conscientes de que estas intervenciones no favorecen un fisiológico desarrollo. Muchos me dicen “es que se agarra a mí y me pide que lo levante” y claro, de ahí lo hacen andar. Según  nuestra filosofía de trabajo, lo primero es favorecer el gateo (o al menos no dificultarlo). Si  éste mismo bebé está lejos de la madre y quiere incorporarse no tendrá más que ir hasta ella. Una vez allí, yo le digo a la madre que obviamente le deje incorporarse, pero que no sea ella la que lo levante, sino que sea él el se agarre y se impulse.

Una vez que el bebé sabe ponerse de pie agarrándose a superficies sólidas no hay quien se lo impida. Y no es bueno oponerse… creo que no se podría. Desde este momento hasta sus primeros pasos independientes realizará incansable y repetidamente innumerables movimientos intermedios.  Si por costumbre, cuando el bebé nos pide que lo levantemos lo hacemos andar agarrado de nuestras manos:
  • Estamos impidiendo que éste adquiera el desarrollo de su equilibrio, el cual se ejercita al echar todo su peso sobre una pierna y sobre otra.
  • Al llevarlos semicolgados suelen andar de puntillas. Sólo apoyando todo el peso del cuerpo sobre la planta de los pies se evita el andar de puntillas cuya permanencia acarrearía problemas de equilibro.
  • Todos los movimientos previos al momentos de andar por si mismo son impedidos al hacerlo andar directamente: incorporarse agarrado a un silla, agacharse desde aquí a coger algo del suelo, andar de lado agarrado al sofá, incorporarse apoyándose sobre la pared, incorporarse y agacharse sin agarrase a nada… Todos estos movimientos son necesarios para un adecuado desarrollo global.
  • Si "no hacemos las cosas por él” le transmitimos que confiamos en sus capacidades de crecer y avanzar. Le enseñamos desde pequeños a esforzarse y superar las dificultades y/o frustraciones que la vida inevitablemente nos presenta. Aprende que estamos a su lado para apoyarlo y ayudarlo siempre que lo necesite, sin impedir su natural anhelo de movimiento, aprendizaje, crecimiento y conocimiento.
Adjunto el enlace de un artículo titulado "Nueve razones para evitar hacer andar a los bebés" donde su autora Silvana Batocci no da estas y otras más razones para evitar dicha práctica. 
 
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Montserrat Reyes 

13 abr 2012

Cómo aprende un bebé a sentarse...

… por sí mismo. 

Ya he comentado en anteriores entradas que si el bebé es dejado sobre una superficie amplia, segura, con suficientes estímulos y donde se le permita una total libertad de movimiento, éste aprenderá a sentarse por sí solo. Sería innecesario, cuando no perjudicial, que los adultos lo acomodemos entre cojines para que adquiera esta postura cuando todavía no tiene un desarrollo físico preparado para soportar esta posición. 

¿Pero cómo  aprende el lactante a sentarse por sí solo? ¿Qué movimientos previos  realiza? ¿Qué estímulos ambientales necesita? Normalmente el gateo y la habilidad de sentarse ocurren a la vez, aunque puede que gatee antes, o incluso sea capaz de ponerse de pie agarrado a superficies fijas. 
Consiguen la sentada de las sigiuientes formas:

  • Desde la posición tendido sobre su espalda, se coloca de lado y estira el brazo que queda debajo. Desde esta postura semi-tumbada, termina de impulsarse y se sienta.
  • Desde la posición tendido sobre su vientre, se coloca a gatas. Echando su cuerpo hacia atrás consigue sentarse.
  • Gateando llega a una superficie fija y se impulsa hasta quedar de pie. De ahí se agacha hacia atrás y queda sentado.
Por lo tanto, antes de aprender a sentarse, el bebé ha desarrollado otras habilidades motoras imprescindibles:
  • Tendido boca arriba, levanta la cadera (quizás para agarrarse los pies) y se coloca de lado.
  • Sabe girarse de boca arriba a boca abajo (de tendido sobre su espalda a tendido sobre su vientre) y viceversa.
  • Quizás gatee con soltura o simplemente se coloca a gatas.
  • Cerca de una superficie estable (es importante que no sean los padres los que lo inciten a levantarse ofreciéndole sus manos) se agarra y se incorpora.
Estas fases, no siendo tan espectaculares como otras (sentarse, gatear, andar), son imprescindibles. El bebé necesita practicar y practicar, hasta dominarlas y establecer una base sólida que sustente niveles superiores. 
Las consecuencias, tanto físicas como emocionales de sentar a un  bebé antes de tiempo (y en general de cualquier acción que hagamos sobre ellos con el fin de que adopten o desarrollen una habilidad para la que no están todavía desarrollados) pueden ser resumidas de la siguiente forma:

Físicas.
 La espalda sufre en tensión debido a que su musculatura no está lo suficientemente desarrolla para tal postura. La adquirirá cuando domine y entrene otros muchos movimientos y músculos.
Si cuando son sentados no ha aprendido a girarse sobre sí mismo o colocarse a gatas, puede que nunca lo hagan. Exigen ser sentados, con una frustración que pocos padres pueden resistir.
Emocionales.
No fomentamos su actividad autónoma ya que dependerá siempre de otra persona para adquirir la sentada.
Privamos al niño la oportunidad de conocer y desarrollar sus capacidades: la confianza en sí mismo es en principio motora (lo que puedo o no puedo hacer).
Mostramos una falta de respeto en el ritmo de sus adquisiciones motrices. Le transmitimos una serie de expectativas que no están a la altura de sus capacidades. 

Ilustraciones extraídas del libro "Moverse en libertad" de Emmi Pikler.

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Montserrat Reyes

11 abr 2012

Prácticas desaconsejadas: el uso del andador (taca-taca)


Todavía en muchas familias existe la costumbre de regalar, cuando nace un bebé, un taca-taca. Y muchos padres lo utilizan “ya que nos lo han regalado”. Todavía se cree que gracias a este artilugio los bebés aprenden antes, o quizás mejor, a andar.

Beneficios del andador (para los padres):

 Cuando los lactantes llegan a esa edad tan cansada para los adultos, en la que ya se quieren poner de pie y hay que vigilarlos constantemente para que no se hagan daño si se caen, el andador es una solución bastante sencilla: se le coloca dentro y él ya solo aprenderá a moverse impulsándose con los pies. Nos facilita la vida a los padres.





 Riesgos del andador (para el bebe):
 
Cuando el bebé comienza a incorporarse y andar, al principio lo hace de puntillas. Esta postura se pierde cuando carga la planta de los pies con el peso de su propio cuerpo. El andador mantiene al niño en una postura semicolgada y no  le da la posibilidad de apoyarse totalmente sobre sus pies. Si la postura de puntillas se mantiene más tiempo de lo normal acarreará problemas con su equilibrio.

Todos los ejercicios previos que el bebé hace antes de andar por sí solo tienen que ver con el reajuste que hacen para mantener el equilibrio con su eje anterior-posterior. Antes de andar por sí mismo: se incorpora agarrado a un sofá o mueble, se incorpora agarrado a una pared, anda de lado, agarrado a una silla se agacha para coger algo, se incorpora desde la posición de sentado/a gatas sin agarrarse a nada, incorporado sin agarrarse a nada se agacha para coger algo… Si por costumbre lo metemos en el taca-taca para sentir que el bebé está más seguro, le impedimos todo este tipo de reajustes y conocimiento de su propio cuerpo y habilidades, la confianza en sí mismo y sus capacidades motoras.

El lactante también necesita  dominar su equilibrio en la vertical a través de la flexión de caderas y rodillas. Lo observamos en sus movimientos hacia arriba y abajo, como si botara. Colocado en un andador se hace imposible este tipo de movimientos. 

El bebé aprende a andar agarrado a un objeto estable, no con ruedas como es el andador. El  bebé aprende primero a andar de lado, agarrado a objetos estables: el taca-taca está diseñado para andar hacia delante. 

En algunos países está prohibido el uso del andador. La Asociación Española de Pediatría alerta sobre el importante número de accidentes provocados por este ingenio.


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Montserrat Reyes

5 mar 2012

Prácticas desaconsejadas: sentar al bebé

En condiciones normales el bebé aprende a sentarse por sí solo y a gatear casi al mismo tiempo (entre los 8-10 meses). Que uno sea antes o después que el otro no es importante, aunque ambas ocurren después de que éste sepa girarse de boca arriba a boca abajo (y viceversa); algunos también se arrastran o al menos giran sobre su ombligo (como si describiesen un círculo en el suelo).

¿Y cuáles son esas “condiciones normales” que hacen que nuestro bebé desarrolle su motricidad de forma fisiológica y armónica? Según la pediatra húngara Emmi Pikler: dejarles una completa libertad de movimiento, la cual queda asegurada por: ropa adecuada, espacio suficiente, ausencia de adiestramiento por parte del adulto y de prohibiciones y/o limitaciones (siempre que no supongan un peligro real para su integridad física).

No es lo mismo sentar al bebé a que éste se siente por sí solo. La práctica común entre los padres es sentarlo (cuando aún no lo hace por sí solo) apoyado en el sofá o rodeado de cojines para que no se vuelque. Su espalda sufre al estar colocado en una posición que su musculatura dorsal no puede soportar: agacha el cuello, curva su espalda, su tronco se vuelve un bloque, la respiración es alta, los hombros se vuelcan hacia el interior, necesita aumentar su estabilidad del asietno apoyándose en la parte lumbar y crispando la zona alta del cuerpo. Psicológicamente podemos decir que es obligado a estar en una postura que no ha alcanzado por su propia voluntad y evolución por lo que su movilidad se encuentra reducida; necesita de la intervención de un adulto ya que se encuentra "clavado en un sitio", inmovilizado, reducido a una misma postura.

Erróneamente podemos pensar que para que un bebé aprenda a sentarse es necesario que lo sentemos. Nada más lejos de la realidad. Éste aprende a hacerlo por sí mismo si le dejamos la mayor parte de su tiempo sobre una superficie amplia (un suelo acolchado, por ejemplo), tendido boca arriba, con algunos juguetes interesantes a su alrededor: practicará infinidad de movimientos hasta ser capaz de voltearse, rodar, arrastrarse, sentarse, gatear, ponerse de pie y andar. Y entre cada uno de estos hitos necesitará ejercitar otra infinidad de movimientos que sólo serán posibles si se lo permitimos, si no lo colocamos en posturas inestables, si no limitamos su movilidad a espacios reducidos como hamaquitas, carritos de paseo, parquecitos, taca-tacas.

21 feb 2012

El gateo: las prácticas que dificultan que tu hijo gatee


Que el gateo es una fase vital en el desarrollo global del bebé es algo que poca gente duda. Aunque todavía se oyen a padres afirmar con orgullo "mi hijo nunca gateó, directamente se puso a andar a los 10 meses", cada vez más padres acuden a nuestros Talleres de Juegos preocupados porque sus hijos no gatean.

En cualquier libro de psicomotricidad se pueden leer los beneficios que aporta el hecho de que el bebé pase por esta etapa (ver la pestaña 'nuestra biblioteca'). También hay muchas webs y blogs que describen la importancia del gateo además de los posibles problemas que acarrea no pasar por ella. Y es que el gateo no sólo favorece el desarrollo físico del niño, sino que también tiene vitales repercusiones sobre la vista, el sistema del equilibrio, la conexión entre los hemisferios cerebrales, la percepción de uno mismo y su relación con el espacio que le rodea, la lectoescritura...

El gateo, un paso de gigante para tu bebé
Aprendiendo a gatear
Motricidad: gateo, bipedestación y equilibrio
El 95% de los niños que no gatean tienen problemas de lectoescritura
El 90% de los niños estrábicos no ha gateado

Hoy quisiera hablar de lo que los padres podemos hacer para apoyar a nuestros hijos a alcanzar este importante hito. Aunque más concretamente expondré lo que deberíamos evitar hacer. Y es que muchas veces, quizás sin ser conscientes de ello,  ponemos barreras que hacen muy difícil, cuando no imposible, que nuestros hijos gateen.

  1. Nuestros bebés deberían pasar el menor tiempo posible en carritos de paseo, hamacas o maxicosis. Esto debería estar limitado a cuando salimos de paseo o a unos minutos al día porque necesitemos hacer algo (breve) que requiera que lo tengamos a la vista y contenido.  Los expertos en psicomotricidad aconsejan que el bebé esté colocado en una superficie donde tenga gran amplitud de movimento, ya que la consecución del gateo empieza desde las posibilidades que éste tenga desde el nacimiento: una cuna amplia , una superficie semiacolchada sobre el suelo. Y si salimos de paseo, también existe la maravillosa opción de llevarlos en portabebés, tipo canguro.
  2. Evitar llevarlos andando agarrándolos de sus manos si todavía no andan solos. Muchos padres comentan que su bebé no quiere gatear y que sólo quiere andar; y deciden llevarlo de sus manos para que ande en cuanto éste hace gestos de querer incorporarse. Sólo deberíamos hacerlo cuando el lactante sea capaz de incorporarse por sí sólo agarrado al sofá/mueble/pared y andar de lado. Si lo ayudamos a andar antes de que tenga la fuerza y el desarrollo suficiente para hacerlo por sí mismo estamos interfiriendo en su normal evolución. En la mayoría de los casos, si hacemos ésto cuando todavía no gatean, puede que nunca lo hagan.
  3. Evitar colocar al niño en el parquecito/corralito. De nuevo, como cuando hablamos de las sillas de paseo/hamacas/maxicosis, debería estar limitado al menor tiempo posible y sólo cuando lo necesitemos por alguna razón concreta (y de corta duranción). Los parquecitos suelen ser pequeños y limitan mucho la movilidad del niño. Muchos padres deciden meter a sus niños en ellos cuando gatean, sin embargo, es entonces cuando deberían estar fuera gateando por toda la casa (siempre que ésta esté habilitada para la presencia del un niño) o por una habitación amplia y segura.
  4. Evitar utilizar el andador/taca-taca. En algunos países han sido prohibidos porque provocan  muchos accidentes (Canadá). Además repercute de forma negativa sobre el desarrollo infantil: el bebé carga su peso sobre sus piernas que todavía no están fortalecidas para tal tarea, al estar semisentados no ejercita el equilibrio, la espalda no se fortalece...
  5. Evitar colocarlo en posición sentada cuando todavía no lo hace por sí solo.  Su espalda no está preparada para soportar sin tensión esta postura. No fomentamos su autonomía al dejarlo confinado a una posición que requiere la intervención del adulto para "salir de ella". El gateo y el sentarse por sí mismo suelen ocurrir casi al mismo tiempo, ambas se complementan y son necesarias para su sano y equilibrado desarrollo.
  6. Evitar hacer las cosas por él: en palabras de la doctora Emmi Pikler, nuestra intervención debería ser "una estimulación de la actividad autónoma del niño y no de una sustitución de esta actividad o de un simple adiestramiento" ( del libro: Moverse en Libertad. Desarrollo de la motricidad global). Preparar un entorno estimulante y adecuado a su desarrollo; no hacer las cosas por él, no evitarle por sistema esas pequeñas frustraciones que hacen que avance. Estar a su lado dándole apoyo, cariño y ánimo.
En este vídeo podéis observar todo el tiempo que un gateador pasa en esta tarea: observa, experimenta, toca, agita, mueve, lanza, se arrastra, se gira, alcanza, comprueba...bocaabajo, bocaarriba, de lado, con las manos, con la boca, con los pies...












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Montserrat Reyes

Foto: Flickr - bio teaching

29 sept 2011

Juegos: psicomotricidad gruesa en bebés de 12-18 meses


Entre los 11 y los 16 meses aproximadamente los niños se lanzan a andar. Algunos dan dos o tres pasos (sin apoyo) diarios durante un par de meses antes, sin embargo otros apenas dedican a este precalentamiento unos días cuando ya se sienten seguros en su capacidad para la marcha. Los meses anteriores de gateo (en general 4 ó 5) le han aportado una base segura para el buen desarrollo de la marcha. Si le hemos permitido andar agarrado (al sofá o mueble, él solo) venciendo nuestra  tentación de llevarlos de las manos, le habremos ayudado a asentar las habilidades necesarias para una bipedestación segura y sana.
Ahora, de nuevo, es importante que le permitamos moverse en libertad, siempre siendo un apoyo en los momentos necesarios: que se muevan, investiguen, se atrevan… a riesgo de que se den un golpe o que se frustren por no conseguir lo que querían. Sólo así nuestro hijo dejará de tener miedo a lo que hay a su alrededor.

1.    Me subo y me bajo del sofá. Incluso antes de empezar a andar los bebés pueden bajarse del sofá sin mayores problemas. El único requisito que hace falta es que ya sean capaces de sostenerse de pie agarrados a las superficies (sofá, mueble, cama). Le podemos mostrar que para bajarse es necesario hacerlo de espaldas, colocándole las rodillas al filo del sofá mientras están a gatas. Deslizamos su cadera hacia abajo y “pum” ya está en el suelo. Una vez aprendido nunca intentará bajarse de cabeza.
Una vez que saben andar, si el sofá es muy alto se les puede enseñar a utilizar una banqueta pequeña para que les sirva de apoyo. Otra opción, que yo utilizaba de vez en cuando, era mostrarle mi pie para que se apoyara, entonces lo alzaba lo suficiente para que él realizara la siguiente tarea de encaramarse. 

2.    Me meto y salgo de una caja.  Siempre es bueno tener una caja de cartón en la casa, con ella se pueden hacer infinidad de juegos. Entre otras cosas les fascina entrar en ellas. En vez de alzarlos de las axilas y colocarlos dentro,  podemos ayudarles a entrar: ofrecemos nuestra mano para serviles de apoyo, con su otra mano agarran un lateral de la caja, alzan una pierna hacia atrás y luego la otra. 

3.    Atravieso superficies bajas. Coloca un hulahop en el suelo, en mitad de su camino. Observa qué hace para pasar por encima. Quizás esté buscando un punto de apoyo, puede que te pida ayuda: si le ofreces una mano pasará por encima sin problemas. El quicio inferior de la puerta de la terraza también sirve para este juego: quizás encuentre el punto de apoyo en el filo de la puerta. Fíjate que pronto lo hará sin apoyo, un pie y luego el otro, con sus brazos levantados. 

4.    Subo escalones. Es importante que le permitamos subir escalones, estando un adulto siempre a su lado. Aunque ya sepa andar puede que lo haga a gatas, déjalo, no hace falta obligarlo a hacerlo de pie hasta que él se sienta seguro: en la iniciación de la marcha pueden utilizar también el gateo durante un tiempo, es normal. Cuando quiera hacerlo de pie, le agarramos de una mano mientras con la otra él agarra la baranda de la escalera. Cuando empieza a dominar la técnica querrá hacerlo él solo agarrado con sus dos manos a la baranda. Aliéntalo y felicítalo por ser tan valiente. 

5.    Que te pillo. Cualquier juguete que consiste en una barra de madera rígida en uno de cuyos extremos hay un patito/cochecito con ruedas, o una rueda grande con una pelota sonora dentro… La idea es que el niño empuje el juguete mientras anda, requiere un grado más de coordinación. Algo más adelante se interesará por arrastrar juguetes sujetos por una cuerda. 

6.    Lanzo la pelota. En general, en esta franja de edad no suelen dar patadas a una pelota. Incluso cuando se la lanzas con un puntapié, la recogerá con ambas manos e intentará lanzarla. Al principio caerá en cualquier dirección, incluso hacia atrás. Con la práctica será capaz de conseguir golpear su objetivo.

7.    Me escondo. Fomenta el desarrollo de su marcha jugando al escondite, uno de los juegos estrella. Si sales corriendo a esconderte, además de provocar su excitación y alegría, te buscará por toda la casa sin dudarlo: poniendo algún obstáculo en el camino (una silla que tenga que bordear, una mesa para pasar por debajo) aumentamos su campo de acción psicomotriz.

8.    Caminar sobre diferentes superficies. Siempre que tengas oportunidad, permítele que experimente (a ser posible con pies descalzos) distintas superficies: una alfombra de la casa, el césped, la arena mojada, la arena seca, con piedrecitas en la montaña, en cuesta arriba/abajo… Además de ser beneficioso para la fisiología del pie, él aprende cómo debe acomodar su cuerpo para adaptarse a dichas irregularidades. 

9.    Pompas de jabón. Otro de los juegos estrella. Les fascina mirarlas volar y explotarse. Pero sobre todo intentar cogerlas, yendo detrás de ellas, estirándose hacia arriba para esperarlas caer… Más adelante ellos también querrán soplarlas.

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 Montserrat Reyes

13 sept 2011

El juego, el vínculo, la sinapsis neuronal

Últimamente se oye hablar mucho de neurociencia: es aquella disciplina que nos describe el cerebro de una manera muy  profunda y precisa gracias a la utilización de las últimas y nuevas tecnologías de imágenes. Y no sólo sabemos más de la estructura y funcionamiento cerebro humano, sino de cómo se desarrolla y crece durante la infancia

Evania Reichert nos cuenta en su libro “Infancia, la edad sagrada” algunos datos reveladores para los padres y educadores: (1) que el cerebro humano nace inacabado y (2) que los afectos estimulan las sinapsis nerviosas (conexiones neuronales). Y otro dato más: (3) los períodos sensibles son momentos en los que determinadas áreas del cerebro se encuentran en una floreciente epata madurativa; si éstas se estimulan surgen nuevas aptitudes físicas y psicológicas. Sin embargo, lo que no es utilizado sufre una poda (poda neuronal).

(1)  El ser humano nace con la estructura de su sistema nervioso completa y con todas las neuronas que utilizará el resto de su vida. Sin embargo, apenas hay conexión entre sus cien billones de neuronas. Para que estas se produzcan se hace necesario estimularlas ¿Cómo? Con las interacciones con los adultos y el medio que le rodea: juegos de estimulación visual, auditiva, táctil, olfativa, gustativa y motora. La observación de lo que le rodea, la imitación, la acción.

(2)  En los últimos años se ha descubierto que el buen vínculo creado entre el bebé y sus padres (o cuidadores principales) libera unas hormonas de bienestar y placer que favorece las sinapsis nerviosas. Es decir, una relación de respeto y cariño con nuestros hijos es tan importante como todos los juegos sensoriales y motores que le ofrezcamos.

En los Talleres de Juegos solemos insistir en que el principal objetivo de éstos es que padres y bebés disfruten, rían y se diviertan juntos. No perseguimos que los infantes sean más inteligentes o que adquieran habilidades motoras “antes de tiempo”.

(3)  Según Doman, un bebé se apoyará sobre sus manos cuando esté boca abajo, luego girará sobre sí mismo, más tarde reptará y  gateará, y por último andará. Dicho orden es inalterable y en cada niño tendrá lugar según su tiempo. Sin embargo, si durante el período sensible del gateo no le damos la oportunidad de moverse libremente, puede que éste nunca ocurra, aunque esté preparado genéticamente para ello. 

Nunca antes se supo tanto de la infancia y su evolución. Los datos que surgen revelan  que un ambiente familiar y social de respeto, cariño y alegría influyen decisivamente en la formación del futuro adulto. A los padres nos toca ser conscientes de esas fases cruciales por las que cada niño pasa y estar a su lado apoyándolos. Ellos tienen un instinto natural por crecer y aprender, por disfrutar de la vida: evitemos poner frenos a su desarrollo.


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Montserrat Reyes

21 ago 2011

Juegos: psicomotricidad gruesa en bebés de 6-12 meses

La evolución en las capacidades motrices de nuestro bebé se hacen marcadamente evidentes a partir de los seis meses de vida: es capaz de pasar de boca arriba a boca abajo y vuelta a boca arriba sin ningún problema, sentado sin apoyo mantiene su espalda bien recta, pasa de sentado a cuatro patas, puede que tendido en el suelo se arrastre (hacia atrás o hacia adelante), ¡gatea!, asiéndose del sillón se incorpora, da sus primeros pasos de lado agarrado a un mueble, y quizás antes de cumplir el año, ande sin ayuda.

Gracias a los juegos y los estímulos que el bebé recibe, va conociendo mejor su cuerpo. Meses atrás ni siquiera sabía que podía mover sus brazos y piernas. Ahora va experimentando que su cuerpo se mueve por sí mismo, aunque debe practicar mucho para controlar sus movimientos.

En esta etapa es importante que le permitamos experimentar ¡a riesgo de que reciba un pequeño coscorrón! Siempre evaluando los posibles efectos adversos (no es lo mismo que se caiga de un 4º escalón a que estando a gatas por primera vez le fallen los brazos y se golpee la frente) apoyémosle en sus avances. Las pequeñas frustraciones le permiten conquistar nuevas metas, además de sentir la alegría interna de haber alcanzado un objetivo.

Desde los 4-5 meses el bebé debería estar la mayor parte del tiempo en el suelo (si es invierno se puede colocar una colchoneta bajo la manta de juegos; si hace mucho frío se coloca otra manta). Sólo así será capaz de alcanzar hitos como el volteo, el giro o el gateo. Si pasa la mayor parte del tiempo en su cuna, hamaca y carrito, será bastante más complicado (si no imposible) que consiga alcanzar dichas habilidades. Y una vez que gatee es importante que se le permite hacerlo la mayor parte del tiempo: los bebés que no gatean suelen retrasarse en su desarrollo, especialmente en el visual.

1.Rodar. El giro de boca arriba a boca abajo constituye un hito en el desarrollo motor del bebé. Entre el 6º y 8º mes pueden hacerlo en su jugueteo diario, si bien antes suele ocurrir de vez en cuando sin intencionalidad. Favorece este movimiento cuando estando el bebé boca arriba colocas un juguete a la altura de su cabeza, a uno de sus lados. Él girará su cabeza hacia el objeto y cruzará el brazo del otro lado para alcanzarlo por lo que ese impulso provocará que termine boca abajo. Si se queda de lado y no termina de rodar, puedes ayudarle empujando levemente sobre la cintura.

2.Abdominales con los aros
Alrededor de los seis meses será capaz de pasar de tendido a sentado y seguidamente a de pie si colocas tus dedos en sus palmas cuando está tendido en el boca arriba.
Coloca al bebé tendido sobre una superficie blanda y tú de rodillas delante de él. Ofrécele dos pulseras grandes que pueda asir, una en cada mano. Cuando las sujete con firmeza tira de ellas hacia ti hasta que se siente. Pon atención en que tus rodillas no hagan tope con sus pies. Seguidamente tira de nuevo de las pulseras hacia ti hasta conseguir que quede de pie. En esta posición se sentirá muy feliz (las cosas se ven de otra manera desde aquí) y probablemente de saltos de alegría. Después de un par de segundos (no más) lleva los aros hacia atrás para que vuelva a su posición de sentado y seguidamente a tendido. El movimiento de subida y bajada debe ser continuado.
Para que este juego sea efectivo y consiga fortalecer sus abdominales y brazos (necesarios para el gateo) es necesario que te fijes en varias cosas: el bebé debe mantener la cabeza alineada con la espalda (no debe estar colgada hacia atrás), doblar sus brazos por los codos y elevar sus piernas. Si no es así, en vez de pulseras puedes introducir tus dedos en sus puños. Ten en cuenta que bajar es más difícil que subir, por lo que tu bebé puede subir sin problemas y protestar en la bajada.

3.Sentado sobre la pelota (4 meses)
Sienta al bebé sobre el balón poniendo tus manos alrededor de su pecho (si mantiene su espalda recta puedes sostenerlo por las caderas). Los pies no deben llegar al suelo. Balancéalo hacia adelante, detrás, hacia un lado, hacia el otro y en círculo. A esta edad les gusta un ritmo no demasiado lento, ajústalo a su capacidad de mantener el equilibrio. Le puedes dar un sonajero para que lo mueva al ritmo del balanceo.
Este juego trabaja el sistema vestibular, coordinación ojo-mano-boca y la musculatura dorsal. 

4.Había una vez un avión
Siéntate y con las dos manos agarra al bebé debajo de las axilas, de modo que tus pulgares queden en su pecho y el bebé mirando hacia ti. Despégalo del suelo y levántalo hasta que su cara esté frente a la tuya. Sonríele, háblale o cántale “había una vez un avión, que siempre quería volar y subía y bajaba y subía y bajaba y al cielo quería llegar…”. Muévelo de derecha a izquierda, con movimientos amplios y luego de abajo hacia arriba. A esta edad les empieza a gustar los balanceos en el aire relativamente intensos. Cuanto más mayor sea más disfrutará con este juego y puedes ampliar el ángulo de inclinación hacia ambos lados y elevarlo ¡más hacia arriba!
Es un juego que favorece el desarrollo del sistema límbico debido al movimiento de balanceo, además de que deben coordinar los ojos y enfocarlos en movimiento arriba-abajo y hacia los lados.

5.Escalando obstáculos
Mamá y papá se sientan en el suelo uno frente al otro, abriendo sus piernas y juntando los pies. Se forma un recinto cerrado en el interior que vuestro bebe debe atravesar como si fueran montañas. Coloca a tu bebé fuera a uno de tus lados, ofrécele juguetes desde dentro y estimula que avance sobre una de tus piernas. Si consigue apoyar sus brazos y pecho sobre tu pierna, puedes ayudarle empujando levemente desde su culito, teniendo en cuenta que tenga la suficiente fuerza en sus brazos como para mantenerse sobre ellas y no caer hacia adelante.

6.Carrera a gatas
Una vez que empiece a gatear, favorece este acto cada vez que puedas. Déjalo en el suelo la mayor parte del tiempo y permite que investigue no sólo su alrededor, sino qué cosas nuevas puede hacer su cuerpo ¡ahora que parece que se mueve solo!. El gateo influye de manera decisiva en la visión, la audición, la conexión de los hemisferios cerebrales, el sistema nervioso y la percepción de su propio cuerpo.
Juega con él a hacer carreras a gatas, se lo pasará en grande y  reirá a carcajadas, sobre todo y añades el efecto cucutás y de vez en cuando te escondes (déjale que te vea un poco, ya sea porque estás detrás de una cortina semi-transparente o porque ve la mitad de tu cuerpo tras el sofá) y preguntas en voz alta dónde está tu precioso niño. Gatea por debajo de la mesa y sorteando obstáculos.

7. Me pongo de pie
Alrededor de los 7 meses puede ser capaz de incorporarse agarrándose a un mueble o sofá, aunque todavía no haya empezado a gatear. Primero quedará de rodillas, días o pocas semanas después se incorporará sobre sus piernas. Desde ahí aprenderá a manejar objetos sin perder el equilibrio. Un poco más adelante será suficiente con una pared lisa para impulsarse y quedar de pie. A los 10 meses aproximadamente puede iniciar sus primeros pasos laterales agarrado a sofá. Para llevarlo andando agarrado de nuestras manos no es suficiente con que el bebé quiera ponerse de pie, esperemos a que él ande por sí mismo.
Para favorecer que se ponga de pie podemos colocar juguetes interesantes en el filo del sofá y estimularlo a que se agarre e incorpore. Más tarde pegamos pegatinas de gran tamaño sobre la pared para estimularlo a que se incorpore apoyándose en la pared.

8. Subiendo un escalón
Si tienes la suerte de tener escaleras en casa puedes enseñarle a subir un escalón, estando tú siempre a su lado. También puedes fabricar una superficie elevada con dos taburetes bajos (10cm), una tabla de madera (40x90cm) y antideslizantes; acércala a la pared o a una esquina.
Antes de dominar el gateo, tu utilizará el escalón simplemente para apoyarse y erguirse, aunque quizás intente elevar una pierna. Una vez lo domine, observa cómo adapta su gateo cuando intenta sobrepasar una pequeña superficie elevada (como por ejemplo, el marco inferior de la puerta de la terraza). Al principio elevará el culete y estirará las piernas para no tropezar; más tarde gateará normalmente sorteando el obstáculo. Estimúlale a subir un escalón colocando su juguete favorito sobre él: apoyará las dos manos, subirá una pierna y luego la otra. Ahora hay que enseñarle a bajar de forma segura.

9. Bajando del sofá
Desde que tu bebé sabe mantenerse erguido sobre sus piernas agarrado al filo del sofá, es bueno que le enseñemos a bajarse de forma segura.  Cada vez que le cambies el pañal sobre la cama (si duermes con él puedes hacerlo cada vez que os levantéis por la mañana) dile “ahora te voy a mostrar cómo bajarte de la cama”: lo colocas en posición a gatas de forma que las piernas las vas acercando al filo de la cama, al llegar agárralo de las caderas y suavemente lo bajas por el filo de la cama, ahora quedará de pie. Gracias a este juego empezará a integrar este importante movimiento y observa cómo pocas veces intentará bajarse de cabeza. A los 11  meses podrá bajarse sólo de un sofá de baja altura.

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Montserrat Reyes

8 ago 2011

Juegos: psicomotricidad fina en bebés de 6-12 meses


El desarrollo de la psicomotricidad fina está íntimamente vinculado con la evolución de la psicomotricidad gruesa. Alrededor de los 6 meses el bebé será capaz de estar boca abajo apoyado sobre sus codos o manos (y su cabeza erguida) pudiendo coger un objeto y manipularlo con una mano. A esta misma edad se impulsará de tendido boca arriba a la posición de sentado tras agarrar fuertemente tus dedos colocados sobre sus palmas.  Sobre los 8 meses se sienta solo con la espalda recta (antes también puede mantenerse sentado sin apoyo, pero la espalda suele estar algo curvada), lo cual le posibilita manipular los juguetes con mayor facilidad: se los pasará de una mano a otra, los entrechocará, dará palmas. El gateo, que ocurre entre los 7 y 10 meses aproximadamente, le da libertad para acercarse e investigar aquello que le interesa.

Observarás que hacia los 8 ó 9 meses agarra los objetos sin utilizar toda la palma, es decir, los dedos empiezan a realizar movimientos especializados. Hacia los 10 meses se interesa por las pelusas y migas: este agarre se denomina en “pinza”. Alrededor del año será capaz de soltar los objetos, algo bastante complicado hasta entonces; ahora se entretiene con pasión en meter y sacar objetos en recipientes (juego de “continente-contenido).

La evolución de todo el mapa sensorial está, obviamente, relacionada con el desarrollo psicomotor fino. La coordinación ojo-mano-boca permite al bebé ser capaz de ver un objeto, calcular la distancia a la que se encuentra y el tamaño del mismo, para impulsar su brazo y colocarlo justo encima. Es entonces cuando debe abrir la mano y agarrarlo con precisión, acercárselo a la boca e inspeccionarlo. Es una tarea que en sus principios requiere mucha concentración y práctica para ser dominada.

En los Grupos de Juego proponemos actividades para que los padres observen todos estos cambios en la psicomotricidad fina de sus hijos. El hecho de que los padres sepamos identificarlas nos ayuda a reconocer qué juegos les interesan más y por qué.

1.Tendido boca arriba cojo lo que me das. Cuando todavía no es capaz de mantenerse sentado con la espalda recta, estando el bebé de espaldas sobre una superficie blanda, ofrécele objetos de distintos tamaños y materiales desde distintos ángulos: un globo medio inflado, un disco de cartón, un dado grande de goma… Poco a poco irá aprendiendo a adecuar su mano a las características del objeto ofrecido. 

2.Sentado cojo lo que me das. Cuando sea capaz de mantenerse sentado con la espalda recta, ofrécele los mismos objetos desde su derecha, izquierda, arriba. Con este juego también fortalecemos su musculatura cervical, dorsal y lateral, además del equilibrio, todos ellos necesarios para el gateo. 

3.¿Qué hay ahí dentro? Ofrécele un cuenco pequeño y ancho con dos o tres piezas dentro. Observa cómo utiliza sus manos y dedos en el momento de tomarlos y qué hace luego: ¿Lo golpea contra el suelo? ¿Los entrechoca? ¿Los lanza? ¿Puede devolverlo al cuenco? 

4.Cartón agujereado. Cuando observes que se interesa por coger los granos de arroz o las pelusas de tu jersey, puedes fabricar tu mismo un trozo de cartón agujereado de tal forma que por los agujeros quepan sus dedos. Esta actividad les fascina y con ella experimentan la tercera dimensión.

5.Dame-toma. Aprender a agarrar los objetos con precisión les lleva meses. Una vez que dominan esta técnica, el hecho de “soltar” también debe ser practicado. Alrededor de los 11-12 meses puedes jugar a ofrecerle objetos que agarrará sin problemas, para luego mostrarle tu palma hacia arriba y abierta “¿me lo das?”. Si no te lo da no es por egoísmo, es que le “relajación prensil” no es tarea fácil. Dale tiempo y juegos para que lo practique. También, como en el juego anterior, podéis sacar y meter objetos en un cuenco.

6.Causa-efecto: el interruptor. Una vez que empiece a utilizar el pulgar (al concentrarse en las pelusas) le gustará practicar todo lo que se pueda hacer también con su dedo índice (el opositor del pulgar). Permítele utilizar los interruptores de tu casa (probablemente no hace falta que se lo muestres, él sólo lo habrá observado y se interesará por iniciativa propia). Le ayuda a hacer deducciones de causa-efecto: si pulso aquí se enciende la luz allí. Esta es también la época de señalarlo todo.

7.Los cajones de mamá. Es esta otra modalidad de tipo de juego “continente-contenido”. Generalmente, tras dominar el gateo, entre otras actividades exploratorias les suele llamar la atención los cajones y su contenido. Permítele que lo abra y vacíe, puedes ir nombrándole lo que va sacando (la camisa azul de mamá, los calcetines de papá…). Cuando ya esté más evolucionada su capacidad de soltar, los sacará y querrá devolverlos a su lugar.

8.Los espaguetis. Ofrécele espaguetis y permítele que los rompa. Dale distintos tipos de papel para que experimente que cada uno suena y se rompe de distinta forma. Vigila que no se meta los trozos en la boca.

9.Quiero comer solo. Alrededor de los 11 meses mostrará interés por los cubiertos cuando come con nosotros. Permítele que vaya experimentando la acto de llevarse la cuchara a la boca, aunque en el camino se caiga la comida que sostenía.

10.La botella y los macarrones. Esta vez, en vez de un cuenco pequeño y ancho ofrécele una botella de plástico transparente y de boca estrecha (i.e.: botella de agua vacía) y colócale al lado unos macarrones. Cuando sea capaz de soltar este juego le fascinará.

11.Pasar páginas. Cuando le leas cuentos y se interese por manipular el libro, permítele que pase las páginas. A esta edad pasará tres o cuatro a la vez. No será hasta su segundo año que las pasará de una en una.

12.Concierto en la cocina. Con una olla y dos cucharones puede jugar a ser un batería. Observa si golpea ambos cucharones a la vez (movimientos simétricos) o si va cada brazo por su sitio (movimientos asimétricos característicos del final del primer año).


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Montserrat Reyes