5 oct. 2010

La visión en los bebés y su influencia en la psicomotricidad (o viceversa)

La pasada semana trabajamos el sentido de la visión en los Grupos de Juegos. Practicamos ejercicios de fijación, seguimiento y sacádicos. Además, con ellos trabajamos la atención sostenida que influirá en el futuro éxito escolar. En cada juego era interesante constatar la sorpresa con la que los bebés recibían los estímulos nuevos (especialmente la rampa de cochecitos con movimientos en zig-zag) y las ganas de interactuar descubriendo los objetos escondidos o queriendo llevarse otros a la boca (el verdadero órgano de la “visión” en los menores de 6 meses).

En los Grupos de Juegos trabajamos diversas áreas que tienen que ver con el desarrollo integral del niño. Cada día incluimos la psicomotricidad, por entender que es la base sobre la que se sustenta y a partir del cual se desarrollan las demás: los sentidos como la vista, la audición y el tacto, la cognición, la emocionalidad y la sociabilidad. Es decir, hay un constante feedback: una adecuada evolución de la psicomotricidad gruesa influye en una óptima visión, por ejemplo, y la estimulación de la vista incide en un buen nivel psicomotriz. No es algo que sea tan fácil de entender, no es frecuente plantearse que un problema de visión pueda estar originado por una pobre o inadecuada estimulación motriz. Pero puede ocurrir, y de hecho no es tan infrecuente. Pero el desarrollo integral del bebé no se sustenta en relaciones de dos a dos, sino de cada una de ellas en todas las demás, es como un “todos para uno y uno para todos”. Es un magnífico y perfecto engranaje por el que cada pieza debe ser tenida en cuenta. No es posible estimular cada área por separado.
Hoy vamos a hablar del desarrollo de la visión en los bebés. Es durante el primer año cuando este sentido evoluciona y se perfecciona con gran rapidez. Constataremos la influencia de otros sentidos y de la psicomotricidad en la vista.

El bebé no ve desde un principio, sino que aprende a ver. Esto depende de su desarrollo neurológico y de los estímulos medioambientales que inciden directamente en este órgano. Al nacer es el sentido que más inmaduro tienen, sólo son capaces de distinguir fuertes contrastes (blanco sobre negro es el contraste más marcado). Fijan la mirada durante pocos segundos a una distancia de unos 20-25 cm (la distancia que hay del pecho a la cara) y suelen deleitarse con zonas de la cara de contrastes, como las cejas con la frente, los ojos o la zona del nacimiento del pelo.

Al mes le gusta mirar atentamente la cara de sus padres si se acercan mucho a su cara y le hacen gestos exagerados. Entre el segundo y tercer mes empieza a acompañar los movimientos de los ojos con giros de la cabeza (puede hacer un giro de 90º, el que va de un lado de la cabeza hasta el centro). Aquí existe una relación entre la psicomotricidad y la vista. Su nivel neurológico está preparado para realizar estos movimientos de cabeza, y el bebé tiene interés por seguir al objeto que se mueve. Y sumamos otro sentido más, la audición. Cuando el bebé oye un sonido a un lado de la cabeza la gira para ver de dónde procede.

Entre el tercer y cuarto mes empieza a llevarse ambas manos al centro, las mira y se las mete en la boca. Este gesto evidencia que es capaz de lo que se llama “visión simultánea”, utiliza sus dos ojos en conjunto. En esta misma época es capaz de seguir un objeto 180º, es decir, de un lado a otro de la cabeza. Esto es de suma importancia, ya que el atravesar la línea media del cuerpo siguiendo un objeto favorece la conexión entre los dos hemisferios cerebrales.

Entre el cuarto y quinto mes empieza a reconocer más nítidamente el contorno de los objetos, por lo que comienza un vivo interés por querer alcanzarlos y golpearlos (coordinación ojo-mano). La práctica le permitirá calcular las distancias para tener precisión en su agarre. Una vez que alcanza el objeto se lo lleva a la boca, por eso ésta se denomina “su tercer ojo”. La vista le sirve para alcanzar los objetos, la boca para inspeccionarlos. Es importante recalcar que ellos “ven” con la boca. Es difícil de entender porque estamos acostumbrados a captar la mayoría de la información del ambiente con nuestra vista o las manos. Sin embargo ellos captan la información del tamaño, peso, superficie y sabor con la boca: no debemos, por tanto, prohibirles que se lleven objetos a la boca, a menos que supongan un peligro para su salud.

Entre el quinto y el sexto mes su agudeza visual está muy desarrollada. Controlan los músculos que le permiten girar los ojos en todas direcciones. Realizan con gran eficiencia cualidades visuales como la fijación, el seguimiento y los movimientos sacádicos (movimientos en zig-zag que son importantes para el posterior desarrollo de la lectura).

A los ocho o nueve meses todavía se lleva los objetos a la boca, pero comienza un marcado interés táctil y visual por los detalles. Generalmente lo que hará será coger un objeto, llevárselo a la boca durante unos segundos, sacarlo y moverlo con las manos a la vez que lo miran, dar golpes con él sobre una superficie y quizás de nuevo a la boca.

Hacia los nueve meses desarrolla la llamada "memoria inmediata" (Piaget). Antes de los 9 meses, cuando un objeto desaparece del campo visual, deja de existir para el niño. Si la mamá se oculta tras una cortina ha desaparecido totalmente. A esta edad comienza a recordar, conserva la imagen de un objeto que ha desaparecido. En este momento es cuando participa en destapar el objeto escondido (tirar del pañuelo) o descorrer la cortina detrás de la cual está papá.

Merece especial atención hablar de la relación entre el gateo y la visión. Los niños que no gatean suelen retrasarse en su desarrollo global y especialmente en su desarrollo visual. Durante el gateo entrenan el enfoque a corta distancia (sus manos y rodillas) y a larga distancia (el objeto que quieren alcanzar o lugar donde quiere llegar). Para lograr una imagen de calidad es necesario que el niño practique la acomodación, es decir, que el foco se acomode rápidamente a distintas distancias. En el momento del gateo los dos hemisferios cerebrales comienzan a intercomunicarse y lo mismo sucede con las áreas especialmente dedicadas a la visión.

Montserrat Reyes

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