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12 abr 2016

¿Existe la Psicomotricidad Educativa en los colegios de Málaga?


La "asignatura" Psicomotricidad puede o no estar incluida en el currículo de cada colegio. En los públicos suele impartirse en Educación Infantil, y en los privados cada colegio es libre de incluirla. Aún así, esta palabra tiene significados confusos. La mayoría de los padres, profesores y escuelas la consideran un especie de educación física, donde se trabaja sobre el aspecto físico del niño, una manera de entrenar habilidades motoras. Algunos incluyen además aspectos relacionados con los sentidos, de manera que experimentan con sensaciones, principalmente musicales y táctiles. En estos casos la asignatura debería llamarse Motricidad.

Sin embargo, la nueva pedagogía nos muestra que en el aprendizaje, y por lo tanto en el desarrollo del niño no existe una separación entre lo físico y lo emocional. Y aquí se unen las dos partes de nuestro concepto: psico-motricidad. Es decir, aprendemos a raíz de lo que nos mueve emocionalmente , a través del cuerpo, en un ambiente social. Nosotras proponemos la implantación de esta actividad, trabajando las 4 dimensiones (física, emocional, cognitiva y social) en cada escuela. Esta denominada Psicomotricidad Educativa es algo que ya se ha instaurado en muchos colegios de Cataluña, Madrid y País Vasco.

André Lapierre y Bernard Aucouturier crearon esta pedagogía de lo corporal basada en su trabajo con niños. Sus bases son : aprendemos lo que vivenciamos y aprendemos lo que nos gusta. Por eso el punto de partida es el juego libre y espontáneo, el que nace del deseo. Así que, algunos pueden pensar apenas deber haber diferencia entre esta actividad y jugar en el parque.

Sin embargo hay muchas y muy significativas:

1. Contexto espacial con material bien definido: para juegos de seguridad profunda, de experimentación sensoriomotriz, simbólico, de reglas.
2. Contexto temporal con rituales: de entrada, de expresividad motriz, de representación y de salida.
3. Reglas de comportamiento: cuidar del material, de los demás y de nosotros mismos.
4. Presencia del psicomotricista, que está disponible sin juzgar ni culpabilizar.
5. Método de observación: como el niño se relación con los demás, con el espacio, con los materiales.
6. Propuesta de intervención: desde la observación desarrollamos una propuesta que apoye al niño en la consecución de sus potencialidades.
7. Comunicación fluida con los padres
8. Es deseable una comunicación con sus profesores, para intercambiar opiniones y puntos de vista desde otros contextos.
En este contexto cada niño juega de acuerdo con su propia forma de ver la vida y verse a sí mismo; observando su juego tenemos acceso a sus sentimientos (emocional), sus habilidades y destrezas (motor), sus conocimientos (cognitivo) y su forma de verse y relacionarse (social).

Cada vez se evidencian más casos de niños con bloqueos cognitivos, problemas de aprendizaje y comportamiento. Se observa en ellos carencias afectivas y alteraciones en el desarrollo psicomotor. La ausencia de la posibilidad de expresividad y experimentación a través del movimiento, limita al niño la elaboración de procesos mentales necesarios para el desarrollo global. El espacio de la sala de psicomotricidad y la metodología de intervención que se utiliza permiten al niño vivir sus experiencias desde el placer el movimiento al placer de pensar. La sala se convierte en un lugar preventivo de posibles problemas de aprendizaje, ya que es un ambiente donde se posibilita la comunicación, la creatividad y el acceso al pensamiento lógico.


Montserrat Reyes


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Bibliografía:
LAPIERRE, A. y AUCOUTURIER, B. (1983) Simbología del movimiento. Ed. Científico-Médica.  ARNAIZ, P. et al. (2008) La psicomotricidad en la escuela: un práctica preventiva y educativa. Ed. Aljibe. 

22 nov 2012

Los mejores juguetes para Navidad (I): tubo de cartón del papel higiénico (confort)

Todos hemos comprobado en más de una ocasión que el mejor regalo para nuestro hijo ha sido la caja del regalo. O el papel. O la cinta que lo envolvía. O el serrín. Todo menos el regalo. De cara a la Navidad publicaremos algunos post sobre los juguetes que consideramos más apropiados para cada edad (porque además suele suceder que las recomendaciones de edad que se hacen en las cajas no siempre son apropiadas). Pero mientras llega el (o los) post un poco más serios, os haremos algunas propuestas menos oficiales, basadas en nuestra experiencia. Os animamos a compartir con nosotras ese objeto-juguete que ha hecho las delicias de vuestro hijo sin estar propiamente reconocido como juguete.

 
Para empezar propongo mi descubrimiento de hoy: el tubo de cartón del papel higiénico.

-Toma, para jugar- le digo a Ángela entregándole el tubo del papel higiénico gastado, mientras pongo el de repuesto.
No pregunta qué hacer, ni para qué sirve. Inmediatamente se lo lleva a la boca y dice: ¡Hola!, y así se pasa un rato repitiendo ¡Hola, hola, hola, hola! mientras me sigue a la sala de masaje. Justo cuando se empieza a cansar de decir "uooooo, uooooo" ve una marioneta de dedo que es una araña y se la pone en el índice, incitando a nuestro gato a cogerla; a continuación la esconde en el tubo de cartón: “¡A que no me pillas!”, dice con una voz de pito que pretende salir del tubo. Y luego canta un poco: la arañita, cucuñitaaaaaa… Saca y mete la araña del tubo varias veces mientras dice cosas que no puedo entender, pero la araña parece querer decir algo más: “Hasta luego, me voy”, articula finalmente la araña que se ha quedado con medio cuerpo dentro y el otro medio fuera del cartón. Ese estar medio dentro medio fuera le sugiere algo a Ángela, que empieza a cantar: “Que saque los cuernos, dice mamá, que saque los cuernos, dice mamá”. Hace referencia a la canción que dedicamos a los caracoles tras la lluvia, digo yo.
La araña ha decidido salir del tubo y recién puesta en el dedo de Ángela proclama con su voz de pito: “Tengo miedo, tengo miedo”, mientras sube por una pata de la camilla de masaje. Luego dice: “Lo siento, Ángela”. Me quedo con las ganas de saber qué iba a pasar, nos interrumpe el ruido de la puerta, Jorge acaba de llegar. Ángela sale corriendo a recibirlo: “¡Mira qué me ha dado mamá!”, la oigo gritar emocionada. “Para guardar la arañita”.

Este tipo de juego (simbólico) es muy propio de esta edad, los tres años. Cuanto más inespecífico sea el juguete, más estimula su imaginación, la auténtica protagonista. Un objeto poco definido estimula su imaginación como una nube lo  hace con la nuestra: “Mira esa nube… ¿qué es? ¡Un dragón, un camello, un señor cocinando!”. Un juguete perfectamente definido no estimula tanto la imaginación. ¿Qué es eso? Un pan de hamburguesa tremendamente veraz, con pepitas y todo. Bien, nos sirve para cocinar. ¿Y eso? Un tubo de cartón de papel higiénico, o un túnel oscuro, el escondite de una araña, un catalejo, un altavoz, un teléfono, una almohada…

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Juego imitativo y simbólico
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Lidia García-Fresneda

11 dic 2011

El juego simbólico

“Mira mamá, un guante” dice Leandro, de 27 meses,  mientras le muestra a su madre su mano metida en una pequeña bolsa. Y sentándose a horcajadas sobre el brazo del sofá murmura “rum, rum, soy un motorista”. Coloca un muñeco de Pocoyo delante de él y le susurra que van de paseo.



"Mira mamá soy Nadal"
Según Piaget, este tipo de juegos ocurre alrededor de los dos años. Se caracteriza porque el niño  es capaz de ser o hacer cualquier cosa a través de su imaginación y fantasía: todo un salto en su desarrollo psicológico. Y en su inteligencia: pensar está íntimamente relacionado con imaginar. Cuando planificamos nuestras acciones o resolvemos un problema estamos, en definitiva, imaginando las alternativas y situaciones posibles.   

Hasta entonces se ocupaba de conocer las cualidades del mundo que lo rodeaba mediante la percepción de sus sentidos y el movimiento. El juego consistía en experimentar con las características físicas de los objetos y de su propio cuerpo: ¿siempre que lanzo el muñeco cae al suelo? ¿qué pasa si golpeo la olla con la cuchara?...

En las primeras etapas del juego simbólico  las acciones suelen ser aisladas. Valdría el ejemplo de María, de dos años, que diciendo que su bebé tiene hambre le introduce una cucharita en su boca.  Una vez su muñeca está alimentada, finaliza el juego. Más adelante ocurren combinaciones en secuencias: María baña a su muñeca, la viste, le da de comer y la acuna para dormir.

¿Qué otras conductas ocurren a esta edad que se relacionan con el surgimiento del juego simbólico?
1.       Explosión del lenguaje. Aumenta su vocabulario y mejora la articulación de la palabra. Habla lo que piensa (o lo que hace).
2.       Capacidad de representar. Es capaz de distanciarse de la realidad y representar mentalmente algo que ocurrió en otro momento.
3.       Sentido de su individualidad. Comienza a referirse a sí mismo como “yo”. Explora su independencia (creando inevitablemente conflictos con los adultos).

¿Cómo influye el juego simbólico en el desarrollo del niño?
1.       Desarrollo de la socialización. Facilita el conocimiento de los roles sociales, las relaciones familiares, de las diferentes profesiones.
2.       Desarrollo emocional. Piaget sostenía que este tipo de juegos ofrece al niño una oportunidad para resolver conflictos “si el niño tiene miedo a un perro, las cosas se arreglarán  en un juego simbólico, en el que los perros dejan de ser malos y los niños se hacen valientes”.
3.       Desarrollo cognitivo.  En el juego simbólico más elaborado (combinación de secuencias) se pone en marcha un proceso importante de comunicación, intercambio de ideas, declaración de intenciones…  

Al observar a nuestros hijos jugando a “hacer como si” obtenemos una valiosa información de cómo son, sus miedos, conflictos, preocupaciones, deseos…  No está de más sentarnos cerca de ellos, aunque intentando no intervenir. Y mucho menos criticarles o dirigirles. Si quieren que participemos, así lo hacemos, pero dejemos  sean ellos los que  dirijan el juego. Los padres, sin darnos cuenta, podemos enviarles información de que “así no es, se hace así”, cuando la fantasía y la imaginación ¡son libres!

Por otro lado, también las actitudes y costumbres de los adultos pueden verse reflejadas en su juego simbólico: cuando hace de mamá y frunce el ceño al darle de comer al bebé, cuando hace de papá y eleva la voz leyendo el periódico… Es una oportunidad para saber cómo nos ve nuestro hijo.

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Montserrat Reyes

3 dic 2011

Juegos: cognición en niños de 18-24 meses


Según Piaget, antes de los dos años, el bebé se encuentra en el Estadio Sensoriomotor. Tiene una limitada capacidad para representar mentalmente la realidad, por lo que su inteligencia se sustenta en percepciones y movimientos. Su pensamiento se manifiesta en actos sobre el presente. Su desarrollo intelectual se expresa al establecer relaciones causales que le ayudan a adaptarse al medio que le rodea (si le doy al interruptor se enciende la luz, cada vez que lanzo un objeto éste cae al suelo, si lloro mi mamá me atiende).

El siguiente Estadio, el denominado Preoperatorio, empieza alrededor de los dos años (Piaget). Con la aparición del lenguaje y el desarrollo de la función simbólica, se producen modificación en el desarrollo intelectual: el niño empieza a representar en su mente los datos de la realidad. Ya no hace falta que la acción esté ocurriendo ahora mismo para obtener una información que actúe sobre su proceso cognitivo.

Todos aquellos juegos que estimulan el lenguaje, la sociabilidad y la permanencia de una acción o imagen mental actúan sobre su función intelectual. El juego imitativo y simbólico (“hacer como si”), el juego de asociaciones, aquellos donde aprenden palabras nuevas…



1.    Juego de las parejas
A  los 20-22 meses puedes iniciar el juego de las parejas: con cartulina de colores y pegatinas fabrica tres parejas: sentados sobre el suelo, uno frente al otro preséntale una tarjeta y dile que ahí hay un perro (quizás ya conoce ese animal así que puedes preguntarle qué es y  tu hijo te lo dirá) y la colocas sobre el suelo; le presentas la segunda y la tercera, colocándolas una junto a la otra. Ahora le enseñas cada pareja en el mismo orden  y la colocas bajo su igual. A partir de aquí, puedes presentarle las parejas en distinto orden y que él te diga dónde está su igual. Más adelante añade más parejas, a los dos años podrá hacerlo con 6 ó 7 a la vez y cambiarlas cada día.
2.    Emparejando objetos
En vez de utilizar imágenes ahora podemos jugar con objetos reales. Coge tres cucharas y dile cómo se llaman;  finge que estás comiendo, deja que coja una cuchara. Ahora le enseñas tres tenedores; finge que estás comiendo; deja que coja un tenedor. Ahora dile que te de una cuchara y luego el tenedor. Pon los 6 cubiertos sobre la mesa delante de tu hijo y dile que te de una cuchara, luego un tenedor.
3.    Juegos con colores
Como en el juego de las parejas (1),  utiliza tarjetas de colores pero sin pegatinas. Muéstrale los colores primarios: rojo, amarillo y azul.  Juega a emparejarlas. Aprovecha además vuestros paseos para nombrarle estos tres colores: en los coches, las motos, las verduras, la comida empaquetada… Cuando observes que ya los conoce, ve añadiendo un color cada vez.
4.    El juego de los sonidos
Si tienes varios botes de plástico parecidos a los de rollos de película fotográfica, puedes meter materiales pequeños que hagan ruidos diferentes: arroz, arena, una canica, botones… Séllalos bien para que no se abran a ser manipulados por tu hijo. Muéstrale cómo se agitan y el sonido que tienen “suave…shhhh, fuerte….shhhh”. Si un bote no tiene nada dentro será el sonido del silencio. Permítele que los toque y agite, podrá experimentar que el que suena más fuerte quizás pesa más que el que suena suave.
5.    Debajo de dónde está
Consigue tres cajitas o cubos pequeños. Tu hijo y tú sentados en el suelo uno frente al otro. Muéstrale los cubos boca abajo, de manera que no vea qué hay dentro. Levanta uno y coloca dentro un pequeño juguete (un muñequito). Mueve los cubos despacio y pregúntale dónde está el muñequito. Al principio, si no entiende el juego, enséñale dónde está el juguete; lo entenderá rápido y le encantará jugar a averiguar dónde se movió el muñequito.
Con las tarjetas con pegatinas puedes hacer este mismo juego: le enseñas tres tarjetas, una a una vais diciendo cómo se llama lo que veis, pero al colocarlo en el suelo lo haces boca abajo. Al principio, sin moverlas, pregúntale dónde está el perro, o el gato o el ratón. Cuando lo entienda, mueve las tarjetas colocadas boca abajo antes de preguntarle por un animalito en concreto.
6.    Linterna
En una habitación a oscuras, sienta a tu hijo en tu regazo y enciende una linterna. Muévela despacio por la habitación a la vez que le nombras y describes aquello que vas enfocando. Quizás sea él quien lo vaya nombrando. Deja ahora que sea tu hijo quien tome la linterna y enfoque aquello que le interesa; describe lo que ves.
7.    Caja de juguetes inteligentes
En una caja de zapatos mete varios juguetes “inteligentes”: una marioneta, una pelota que flota,  una caja de música con bailarina, un trapecista… y cualquier tipo de juguete que sorprenda al niño con sus movimientos. Será un momento especial, se lo enseñas cada día, en el mismo sitio, con gran expectación. Le sacas los juguetes uno a uno y le enseñas lo que hacen. Si alguno no se puede tocar por ser delicado se lo dices e irá aprendido a tolerar este tipo de frustración. Si se lo enseñas siempre en el mismo orden, en pocos días te dirá el nombre del que le toca salir cuando estés guardando el anterior.
Marioneta: haz que ande por el suelo, que se suba a su pierna, su hombro, que le dé un beso. Nombra cada parte de su cuerpo sobre la que pasea.
La pelota que flota. Soplando por un tubo de madera, una pelota de corcho es impulsada hacia arriba y se mantiene flotando. Les crea expectación verla flotar y querrán cogerla. Si tienen destreza puedes dejarlo que lo haga y que la coloque de nuevo en su sitio para verla flotar de nuevo.
Caja de música. Ver a la bailarina (o los patitos) bailar les mantiene muy atentos. Si le dejas coger la muñeca para volverla a colocar (no es tan fácil, el imán que la mantiene dando vueltas puede ser difícil de localizar), practica con su motricidad fina y el perseverar ante las dificultades.
El trapecista. Hecho generalmente de madera, cuando apretamos la parte inferior del trapecio, el trapecista sube y hace piruetas. Enséñale “arriba y abajo”. Cuando él te lo pida, súbelo o bájalo.
8.    Títeres
Inventar historias con títeres es algo que les divierte mucho. Puedes utilizar uno o dos títeres de mano y contarle una historia en la que tu hijo sea uno de los protagonistas; o que cuente algún relato con el que tu hijo se sienta identificado. Existen además los títeres de dedos que posibilita aumentar los personajes del cuento. Deja que tu hijo también se coloque alguno que participe en la narración.
9.    Juego simbólico.
Es la edad apropiada para empezar a jugar “a las muñecas”.  Si tiene un muñeco preferido, cuando estéis almorzando sentáoslo al lado y haced como que le dais de comer. Le gustará especialmente llevarlo de paseo en el carrito. Otra forma de juego simbólico se da cuando toma la escoba  y sobre ella te dice que es un caballo. 


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Montserrat Reyes

25 nov 2011

Juegos: comunicación y lenguaje en niños de 18-24 meses


En esta etapa solemos sentir que la comunicación con nuestro hijo ha mejorado de forma notoria. Ya no sólo utiliza ademanes, sino que empieza a acompañarlos de palabras y aún en lugar de éstas. A lo largo de este semestre notarás que parece tener palabras para todo.  A los dos años hará frases dos palabras.
Responde a órdenes simples y le encanta hacer pequeños recados de la casa, buscando o llevando cosas. Tímidamente empieza a reclamar “lo mío”, si bien al principio lo hará con gestos de apartar la mano de aquel que “osa tocar” algo que le pertenece (a él o a su madre).  
1.    Las partes de mi cuerpo.
Antes del año y medio es capaz de señalar partes de su cuerpo (o del tuyo) si tú se las nombras. Durante este semestre ocurre un importante cambio: si se las señalas (o se las tocas) él nombra las partes de su cuerpo. Este juego le permite conocer su esquema corporal y ampliar su vocabulario. No te limites a partes visibles y sencillas, enséñale dónde están las cejas, los hombros o codos, las rodillas y tobillos, la lengua o la nuca.  A los dos años, con su dedo índice tocará las partes de tu cara, una a una e irá nombrándolas.
2.    Títeres tristes y alegres
Toma dos cucharones de madera y en la parte trasera dibuja una cara triste y otra alegre. Sentados uno frente al otro muéstrale la cara alegre y dile cosas bonitas “hoy vamos al parque”, “la prima vendrá a visitarnos”. Ahora muéstrale la cara triste y cambia el tono de voz y dile que está triste y que llora “buaaa, buaaa”. “¿Por qué está triste?” Dialogad sobre por qué una cara está triste y otra alegre y haced gestos apropiados a ese estado de ánimo.
3.    Poner la mesa
 A esta edad está totalmente integrado en la rutina diaria de la casa y le gusta participar de ella. Pídele que te ayude a poner la mesa, que tome el mantel del cajón y lo coloque (tú le ayudas), le das los cubiertos y que los ponga sobre ella, también el pan.  Todos los días querrá colaborar, con diligencia lo hará en el mismo orden y le gustará sentirse alabado por ti.
4.     Juego simbólico.
Es la edad apropiada para empezar a jugar “a las muñecas”.  Si tiene un muñeco preferido, cuando estéis almorzando sentáoslo al lado y haced como que le dais de comer. Le gustará especialmente llevarlo de paseo en el carrito. Otra forma de juego simbólico se da cuando toma la escoba  sobre ella te dice que es un caballo.
5.    Imítame.
Te imitará en todo lo que hagas: cogerá tus pinzas de depilar y se las pasará por las piernas, querrá tomar tu brocha y maquillarse las mejillas (alcanzarás sus orejas y el pelo), te pedirá que le pongas la corbata de papá… Ofrécele lo que te pide y apóyale en esta tarea de querer entender “las cosas de la vida” a través de la propia experimentación (y no sólo observando).
6.    Un cuento sobre mí
Fabrica un cuento de pocas páginas con fotografías de tu hijo realizando actividades cotidianas: vestirse, comer, bañarse, ir al parque, dormir, jugar. Muéstrale en su libro la foto que tiene que ver con la actividad que realiza en ese momento. También podéis sentaros juntos y le cuentas  “un día en la vida de Leonardo”: le  encantará verse y él mismo nombrará las actividades que vais hojeando. 
7.    Contando subo y bajo escalones.
Una buena forma de enseñarle a contar números es en esos momentos en los que subimos o bajamos escalones con ellos. Al principio contáis hasta el 5. Cuando lo tenga dominado aumentamos hasta el diez. Puede que se salte algún que otro número durante varias semanas, suelen ser siempre los mismos. Cerca de sus dos años puedes enseñárselos también en inglés, los aprenderá rápidamente. Esto no significa que tenga conciencia de lo que representan los números: observa que a veces contará hasta el 10 cuando sólo ha subido 6. Por ahora sólo tiene conciencia de uno y varios.
8.    Cantamos y yo digo el final.
Si juegas frecuentemente a cantarle canciones, observa la evolución en su “canto”. Alrededor de los 20 meses puede que termine las sílabas de las frases: “Susanita tiene un ra…tón, un ratón chiqui…tín”. Un par de meses después será capaz de terminar la palabra de cada frase: “Pimpón es un… muñeco, muy guapo y de… cartón”. En su segundo cumpleaños termina dos o tres palabras de la frase. De ahí a cantar la canción entera hay un pequeño paso.
9.    Cuéntame un capítulo de Callou.
Puede que a esta edad tu hijo tenga predilección por algún personaje de dibujos animados (Pocoyo, Callou, Dora). Si tienes un DVD de su preferido, probablemente vea los capítulos varias veces a la semana. Alrededor de los 20 meses puedes jugar a que él te cuenta uno de esos cuentos que ve en la tele: ve guiándole en el argumento y pregúntale lo que ocurre después. Te sorprenderá descubrir que sabe perfectamente lo que ocurre sin fallar en su cronología.
10.  Qué pasó hace un par de días.
Alrededor de los 20 meses puedes notar que recuerda eventos que pasaron hace unos días. Si salís al parque con su amiguita Irene, dos días después cuando lo preparas para iros al parque él dirá “¿Irene?”.
Pregúntale sucesos que ocurrieron hace uno o dos días  “¿Quién nos visitó ayer? Eso es, el tito ¿y qué te hizo? Sí, te hizo pupa ¿dónde? En la barbilla al abrocharte el casco de la bici, cierto”. El diálogo que favorece el recuerdo de sucesos ocurridos en el pasado fortalece su memoria, a la vez que su capacidad de expresión. Y la siguiente vez que vea a su tito, aunque sea 2 semanas después, comentará que le hizo pupa con el casco.

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Montserrat Reyes

15 oct 2011

Juegos: la comunicación y el lenguaje en bebés de 12-18 meses

Hasta los 18 meses de edad, las emisiones del bebé suelen constar de una sola palabra. Si bien los padres, según el contexto, somos capaces de entender toda una frase: si dice “aba” en la cocina mientras señala un vaso quizás entendamos “ajá, quieres una vaso de agua, tienes sed después de haberte comido varias galletas”.
La comunicación a esta edad no sólo se centra en la emisión de palabras, también lo hacen con gestos y juegos imitativos. Señalar es otra tarea que les permite expresar lo que saben o lo que quieren. Escuchar atentamente a los adultos entre ellos,  y sobre todo si les cantamos o contamos un cuento, influye de manera decisiva en la adquisición del lenguaje.

1      El juego de las preguntas.
Alrededor de su primer aniversario, tu hijo será capaz de responder con gestos o señalando a preguntas simples relacionadas con su vida diaria:
“¿dónde están las galletas?” y señala el armario; “¿dónde está Pocoyó?” y señala la estantería donde está su libro; quizás haga un gesto que él relaciona con este personaje.
Más allá de nombrarle objetos o explicarle situaciones para que las aprenda, puedes empezar a hacerle preguntas para que tu bebé participe de forma activa y no sólo receptiva.
2      Partes del cuerpo.
Durante este semestre, cuando se lo preguntas, será capaz de señalar sobre su cuerpo muchas de sus partes. Es mejor empezar por aquellas que él pueda ver sobre sí mismo (pie, barriga, mano…).  Las que no puede ver se las tocas y se las enseñas sobre tu cuerpo y el de papá o la hermana (nariz, ojos, boca…).
3      Libro de la familia.
En anteriores etapas hemos hablado de la utilidad de realizar un “libro de la familia” con fotos de personas cercanas a él: sus abuelos, tíos, primos, papá, mamá, él mismo, Pocoyó… Si bien anteriormente se dedicaba a escuchar cómo nombrabas a los distintos personajes, ahora será capaz de buscarlos cuando preguntas por alguno y puede que asocie algún gesto.
4      Imitando palabras que oye, su entonación.

Nota cuándo empieza a imitar palabras sueltas que te oye decir.  Quizás diga “esho” después de decirle que le vas a dar queso. Aprovecha para repetirlo y quizás añadir otras palabras relacionadas, a lo mejor tiene ganas de practicar con su voz: “jamón, aceite, sal…”. O puedes describir el queso que le ofreces “es amarillo y muy sabroso”. Otras veces lo observarás tomando tu teléfono y haciendo como que habla, en geringonza: te sorprenderá notar que a falta de palabras reproduce fielmente la entonación que tú utilizas.
5      Imitando: barrer, limpiar el polvo, poner la mesa.
Notarás que quiere ayudarte o imitarte en muchas de tus tareas: quiere alcanzarte las pinzas cuando tiendes la ropa, o te ayuda a transportar la ropa de la lavadora a la terraza. Si limpias el polvo dale un trapo a tu hijo, le encantará. Cuando barras el suelo, dale otra escoba (puedes darle la fregona, servirá igual). Cuando te lavas lo dientes, querrá también hacerlo: cómprale un cepillo.  Durante la merienda quiere meter la cuchara en tu café y agitarlo. 

 

6      Iniciación al juego simbólico.
Es frecuente que cuando le des de comer intente darte de comer a ti. También lo hace cuando le peinas: quiere peinarte. Puedes  introducir en la escena su muñec@ favorito para hacerlo sobre éste.
7      Cucu-tras.
La versión del juego cucu-tras correteando por la casa es ahora la favorita. Le proporcionará una gran excitación y reirá a carcajadas. Corre a esconderte (si todavía gatea, hazlo tú también gateando) detrás de muebles, si bien permite que vea parte de tu cuerpo o háblale para que intente localizarte por el sonido.
8      Leemos un cuento (onomatopeyas).
Es una buena etapa para leerle cuentos relacionados con animales y jugar al “cómo dicen”. A falta de una capacidad lingüística que le permita nombrarlos, sus sonidos son más fáciles de reproducir.
9      Cantando.
Pienso que no es exagerado decir que todos los días deberíamos cantarle a nuestros hijos, o cantar con ellos. A esta edad memorizan todo lo que ven y oyen. Si le cantas o escucháis una variedad de las mismas canciones, pronto observarás cómo anticipa el final de algunas palabras, o incluso la palabra que va al final de una frase. Cuando le cantes haz una pausa más larga para favorecer su intervención: “pimpón es un muñe-co, muy guapo y de car-tón…”

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Montserrat Reyes

27 nov 2010

Juego imitativo y simbólico

Un hecho que nos fascina de nuestros hijos es que imiten lo que oyen o ven. Es un signo que marca una evolución en su entendimiento del entorno y así lo vivimos, con tanto orgullo que solemos incitarlo a que repita (sobre todo delante de amigos y familiares) el gesto imitado. Generalmente lo han copiado de los padres, sobre todo en sus inicios, aunque luego empiezan a imitar gestos o expresiones de su entorno menos próximo, como los abuelos, la vecina o Pocoyó.

La comunicación entre los padres y el bebé comienza desde el nacimiento. Cuando el bebé balbucea y su madre lo imita se establece una forma simple de conversación. La facultad de imitación sonora espontánea aparece entre los 7 u 8 meses. A partir de entonces no sólo imitan sonidos, sino también gestos: les fascinan las caras y sus expresiones (a menudo palpan con los dedos la boca de su padre cuando le habla). La imitación en esta etapa cumple funciones sociales: aprende a decir adiós y a dar palmas. Los elogios que recibe tras estas acciones aumentan su interés en la repetición. Sus primeras palabras son, en principio, un puro acto imitativo. Más tarde tendrán el objetivo concreto de llamar la atención de esa persona.

Alrededor de su primer cumpleaños el niño está bastante familiarizado con su entorno.Se diría que conoce las rutinas de la casa y entiende algunas de nuestras explicaciones y la mayoría de nuestras peticiones. En esta etapa, la imitación cumple el objetivo de enseñar al niño las funciones de los objetos.

Antes de los dos años el juego es de carácter imitativo


- Entre los 9 y 12 meses consiste en la repetición de acciones sencillas: el niño se cepilla el pelo o se acerca el teléfono a la oreja y habla. Es importante, por tanto, dejar que nuestro hijo imite lo que le guste, lo cual requiere darle la oportunidad de que participe directamente en las actividades de los adultos. 

- Una forma más compleja de la imitación consiste en que el niño utiliza un objeto sobre otra persona: el niño da de comer a su madre o a la muñeca (12-18 meses). Nuestro hijo imitará con más frecuencia aquellos actos que realizamos y que tienen más relación con él. Las tareas caseras también estimulan su tendencia imitativa. Cuando cocinamos, podemos darle una olla y un cucharón para que imite nuestros actos.

- Un salto más en la evolución de este tipo de juegos sería cuando el niño da de comer a la muñeca colocando la cuchara en la mano de la muñeca (18-24 meses). Además, empieza a imitar secuencias: no sólo de la de comer, sino que le cambia el pañal y la acuesta. También encontrará oportunidades para imitar fuera de casa. Al llevarlo con nosotros a la compra podrá observar cómo trabaja la dependienta o cómo coloca las frutas y verduras en la estantería.

A partir de los dos años empieza el juego simbólico, cuya característica es aplicar a objetos funciones que no le pertenecen: imaginar que una caja es un coche. En este tipo de juegos sigue siendo importante el aprendizaje de las funciones de los objetos, pero en esta etapa hay que añadir una capacidad creativa e imaginativa.

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Juegos: comunicación y lenguaje en niños de 12-18  meses


Montserrat Reyes