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12 abr 2016

¿Existe la Psicomotricidad Educativa en los colegios de Málaga?


La "asignatura" Psicomotricidad puede o no estar incluida en el currículo de cada colegio. En los públicos suele impartirse en Educación Infantil, y en los privados cada colegio es libre de incluirla. Aún así, esta palabra tiene significados confusos. La mayoría de los padres, profesores y escuelas la consideran un especie de educación física, donde se trabaja sobre el aspecto físico del niño, una manera de entrenar habilidades motoras. Algunos incluyen además aspectos relacionados con los sentidos, de manera que experimentan con sensaciones, principalmente musicales y táctiles. En estos casos la asignatura debería llamarse Motricidad.

Sin embargo, la nueva pedagogía nos muestra que en el aprendizaje, y por lo tanto en el desarrollo del niño no existe una separación entre lo físico y lo emocional. Y aquí se unen las dos partes de nuestro concepto: psico-motricidad. Es decir, aprendemos a raíz de lo que nos mueve emocionalmente , a través del cuerpo, en un ambiente social. Nosotras proponemos la implantación de esta actividad, trabajando las 4 dimensiones (física, emocional, cognitiva y social) en cada escuela. Esta denominada Psicomotricidad Educativa es algo que ya se ha instaurado en muchos colegios de Cataluña, Madrid y País Vasco.

André Lapierre y Bernard Aucouturier crearon esta pedagogía de lo corporal basada en su trabajo con niños. Sus bases son : aprendemos lo que vivenciamos y aprendemos lo que nos gusta. Por eso el punto de partida es el juego libre y espontáneo, el que nace del deseo. Así que, algunos pueden pensar apenas deber haber diferencia entre esta actividad y jugar en el parque.

Sin embargo hay muchas y muy significativas:

1. Contexto espacial con material bien definido: para juegos de seguridad profunda, de experimentación sensoriomotriz, simbólico, de reglas.
2. Contexto temporal con rituales: de entrada, de expresividad motriz, de representación y de salida.
3. Reglas de comportamiento: cuidar del material, de los demás y de nosotros mismos.
4. Presencia del psicomotricista, que está disponible sin juzgar ni culpabilizar.
5. Método de observación: como el niño se relación con los demás, con el espacio, con los materiales.
6. Propuesta de intervención: desde la observación desarrollamos una propuesta que apoye al niño en la consecución de sus potencialidades.
7. Comunicación fluida con los padres
8. Es deseable una comunicación con sus profesores, para intercambiar opiniones y puntos de vista desde otros contextos.
En este contexto cada niño juega de acuerdo con su propia forma de ver la vida y verse a sí mismo; observando su juego tenemos acceso a sus sentimientos (emocional), sus habilidades y destrezas (motor), sus conocimientos (cognitivo) y su forma de verse y relacionarse (social).

Cada vez se evidencian más casos de niños con bloqueos cognitivos, problemas de aprendizaje y comportamiento. Se observa en ellos carencias afectivas y alteraciones en el desarrollo psicomotor. La ausencia de la posibilidad de expresividad y experimentación a través del movimiento, limita al niño la elaboración de procesos mentales necesarios para el desarrollo global. El espacio de la sala de psicomotricidad y la metodología de intervención que se utiliza permiten al niño vivir sus experiencias desde el placer el movimiento al placer de pensar. La sala se convierte en un lugar preventivo de posibles problemas de aprendizaje, ya que es un ambiente donde se posibilita la comunicación, la creatividad y el acceso al pensamiento lógico.


Montserrat Reyes


Entradas relacionadas:
La Psicomotricidad en Málaga
Inaugurado el primer grupo de Psicomotricidad en Málaga
El placer de moverse
Desplegándose





Bibliografía:
LAPIERRE, A. y AUCOUTURIER, B. (1983) Simbología del movimiento. Ed. Científico-Médica.  ARNAIZ, P. et al. (2008) La psicomotricidad en la escuela: un práctica preventiva y educativa. Ed. Aljibe. 

9 abr 2016

El Amor nos hizo humanos

Ha llegado a mis manos un artículo del biólogo chileno Humberto Maturana titulado "Biología del amor, el origen de lo humano". El título ya lo dice todo y me parece tan sorprendente que siento que es interesante compartirlo: el salto evolutivo de primates a humanos fue debido a la emoción del amor. Esta emoción generó una serie de cambios físicos y relacionales.

Pero muchos pensaréis que habéis visto documentales donde mamás chimpancés alimentan y acarician a sus crías en un ambiente de apego y amor. Según científicos que estudian estas comunidades, más allá de la infancia, la relación del grupo de chimpancés se basa en la dominación y el sometimiento. Así que, aquí parece que hay una diferencia con los humanos, donde la relación de amor, colaboración y aceptación es necesaria durante toda la vida. Sin el amor enfermamos, sin él podemos morir.



Según Maturana, las manos humanas son más que instrumentos de manipulación, son órganos de caricias. La mano del chimpancé no puede acariciar porque sus dedos no se extienden totalmente. Es interesante saber que no sólo la pinza nos diferencia de nuestros antepasados los primates, sino también esta capacidad de acomodar la mano a cualquier superficie curva de un cuerpo.





Hay otro punto que nos posibilitó dar ese salto cualitativo parar ser considerados Homo Sapiens Sapiens, y este es el lenguaje. De nuevo Humberto nos guía por los caminos del amor: una vez que la cercanía y el amor se extendió más allá de los años de la infancia, debido a la continuidad de la convivencia, al compartir y cuidar, al acariciarse y protegerse, surgió el lenguaje.

¿Y qué implicaciones tiene en el presente y el futuro esta nueva teoría sobre la evolución de nuestra especie? Este biólogo pone especial atención en la crianza de los hijos, donde sólo sobre una base de intimidad y amor, juego y comunicación en los primeros años, el niño desarrolla un respeto por si mismo y por el otro, creciendo como ser social que vive en cooperación y mutuo apoyo. Por lo tanto, en la medida en que la biología del amor vaya desapareciendo, evolucionaremos a otra especie.

Termino copiando literalmente un texto de este artículo: "...los seres nos preocupamos por los otros porque somos animales lenguajeantes amorosos. Vemos a los otros en tanto hemos crecido y vivido en la biología de la intimidad y en la bilogía del amor, y podemos reflexionar acerca de nuestros deseos debido a que somos animales  que vivimos en conversaciones reflexivas. El amor es nuestra base, la cercanía nuestro fundamente, y si los perdemos, tratamos una y otra vez de recobrar el amor y la cercanía, debido a que sin ellos desaparecemos como seres humanos aún si nuestra corporalidad permanece como entidad zoológica. Homo sapiens sapiens. Incluso la salud psíquica y fisiológica depende del amor, y la palabra puede restablecer o contribuir a la armonía fisiológica, cualquiera que sea la manera en que haya sido perdida. Sabemos todo esto, pero lo olvidamos en la ilusión de omnipotencia a través de confundir inteligencia con manipulación..."



Montserrat Reyes


Picture: fuente maturanabiologico.blogspot.com

3 mar 2015

Nosotros, su mejor estímulo: LA MIRADA


¡Mira, mamá, mírame! Los niños buscan la mirada de los padres, necesitan saber, desde muy pequeños, si ellos aprueban su comportamiento, valoran sus logros y cómo les ven. 

En los Grupos de Juego para padres y bebés (Málaga)  jugamos con la vista. ¿Por qué es tan importante cómo miramos a nuestro hijo? ¿Qué comunica la mirada de una madre y de un padre?







"¡Mamá, mira, mírame!". Es, probablemente, una de las frases que más escucharemos durante los primeros años de nuestros hijos. Y nuestra mirada debe estar disponible para observar lo que se nos pide. Es la que da el valor definitivo al logro del bebé, la que permite o prohíbe, la que devuelve al niño el concepto que tenemos de él, que después hará suyo. No hay nada más estimulante que la mirada de los padres.









Un "sí" con la mirada

Hagamos un experimento: sentémonos junto a nuestro bebé o nuestro hijo pequeño mientras juega, sin intervenir. Simplemente mantengámonos a su lado. Observémoslo a él y a nosotros mismos. ¿Qué transmite nuestra mirada espontánea? ¿Inquietud, alegría, aprobación, desaprobación? Respecto a nuestro hijo... ¿podemos percibir algún cambio en su comportamiento simplemente por estar nosotros allí, observándolo? Permitámonos ensayar las diferentes miradas (aprobación, reprobación, alegría, fastidio) y tomemos nota de sus efectos.

Imitamos nuestros gestos

La imitación es instintiva en el bebé, y ponernos frente a él a imitarlo (o ser imitados), una fuente de placer para ambos. Con los niños más mayores (de más de dos o tres años)podemos jugar expresamente a imitar, uno frente a otro, gestos. Cada vez propone uno. Imitar gestos estimula la necesaria empatía que nos permite entender qué le pasa al otro y vivir en comunidad. 

Adivina cómo me siento

Tapamos el resto de la cara con un pañuelo, dejando los ojos al descubierto, y los niños deben averiguar si estamos contentos, tristes, enfadados sólo mirando nuestros ojos. Cuando el niño da su veredicto, destapamos la cara. (Para jugar con niños mayores de tres años).

Conectar con nosotros

Desde que nacen los niños buscan conectar su mirada con la de un adulto. Nos miran insistentemente, y si encuentran eco, otra mirada, su deseo de seguir ahí prendidos hace que vayan desarrollando cada vez más capacidad para mantener su mirada y atención. En este mundo de atenciones dispersas buscamos objetos, imágenes que favorezcan una atención sostenida sin darnos cuenta de que tenemos lo más estimulante en la cara. Mirarnos a los ojos el mayor tiempo posible, con o sin palabras, favorece todos los procesos relacionados con la atención. (Desde que nacen).



Lidia García Fresneda
Texto original: serpadres.es

Entradas relacionadas:
 


1 nov 2014

Nosotros, su mejor estímulo: LA VOZ


Nos hemos desarrollado con la voz de nuestra madre vibrando en todo nuestro cuerpo incluso antes de poder escucharla. Y a partir del séptimo mes de embarazo el feto oye al padre. O sea que a la hora de adaptarse al nuevo mundo no todo es nuevo: la voz es antigua, pertenece a ese espacio de completa seguridad del útero. Será la voz la primera que mostrará al niño que, a pesar de no ver a mamá, ella está ahí, en algún lugar... Porque suena su voz.



Los bebés solo entienden el entusiasmo auténtico

Cualquiera que conviva con un niño pequeño habrá observado que, cuando consigue algo por sí mismo, nos busca inmediatamente para comprobar si hemos sido testigos. Confirmamos con nuestra mirada su acto, pero también con la voz: "¡Qué bien!", decimos realmente admirados. No se trata de las palabras interesadas de alguien que estimula, sino de las palabras cargadas de auténtico entusiasmo de un acompañante sorprendido. (A los bebés  y niños, expertos en tonos de voz y gestualidad, no los engañamos con estudiadas fórmulas de aprobación, sólo prestan atención a las expresiones auténticas).
Con nuestras palabras honestas nos convertimos en los principales impulsores de su desarrollo, además de transmitirles qué se puede hacer y qué no. Al principio todas nuestras palabras, sobre todo las que permiten o reprueban comportamiento, tendrán que ir acompañadas de una acción coherente por parte del adulto. Cuando los pequeños integren el mensaje nuestras palabras actúan como una mano en el aire. Podemos explorar las posibilidades de nuestra voz de muchas formas.

La magia de las nanas

Las nanas son algo más que una canción infantil. Lo reúnen todo: el abrazo, la mirada y la voz, que canta para el niño adaptándose a su estado de ánimo y necesidades. Son una auténtica puerta para la comunicación entre madre o padre e hijo. Este momento de bienestar tiene un alto rendimiento: no en vano señalan las nanas y canciones infantiles como claves para el desarrollo del bebé. (Para bebés)

Vamos a leer un cuento

Al contar un cuento el padre o la madre se diluyen en la historia; lo importante ya no son ellos sino lo que están contando. Sin embargo ¿hay algo mejor y más seguro que la voz de los padres para adentrarse en fascinantes y desconocidos parajes, en las turbias y complejas emociones de los cuentos? Juguemos con nuestra voz, ese vehículo (o pasaporte) a tantas historias que nos divierten y dan sentido a lo que ocurre.

Una familia afinada

Cantar juntos en el coche, en casa o en cualquier situación, es un ejercicios de coordinación y afinación familiar que nos permitirá compartir algo importante: la belleza de nuestras voces. Y nos divertiremos un montón cantando al compás. 

¿Cómo lo dirías si estuvieras...?

Nuestra voz es la principal expresión de nuestra emoción. Expresa no solo por lo que dice, sino sobre todo por cómo dice. Este juego nos permite tomar conciencia de ello, además de ponernos en el lugar del otro. Proponemos una frase sencilla, por ejemplo, "Toma el zumo", y la decimos por turnos en distintos tonos (enfado, alegría, desconfianza, desgana...). Se trata de explorar las diferentes emociones, y de comprobar si las identificamos.


Por: Lidia García Fresneda

Artículo original en : serpadres.es

29 sept 2014

¿Está mi bebé listo para jugar?

En el número de septiembre de Ser Padres publiqué un especial sobre el desarrollo del bebé. Una de las preguntas que me hice a la hora de elaborarlo es la de cómo distinguir si el estímulo o el momento elegidos son apropiados. Aquí os dejamos este extracto, publicado por la revista en internet. El próximo mes publicaremos en jugandoenfamilia el resto del especial, en el que nos preguntamos, entre otras cosas, por la diferencia que hay entre estimular y ofrecer estímulos, y cuáles son los estímulos más importantes para el desarrollo del bebé.








Al hablar con el bebé, acariciarle o achucharle favorecemos su desarrollo, siempre que lo hagamos cuando él está receptivo. ¿Y cómo se sabe si llegamos en un buen momento?









El desarrollo se produce cuando el niño entra en contacto con el estímulo idóneo en el momento justo. A veces no es el momento, a veces el estímulo no es oportuno, y eso es algo que en realidad podemos comprobar cada vez. ¿Cómo?
Si el bebé llora o se enfada mucho, el estímulo (o el momento) no son adecuados.
Si el niño o bebé no le presta la menor atención, sin duda no ha llegado en el mejor momento, o no es apto para su edad. 

Es común ofrecer a los niños objetos o juguetes para más mayores (como la ropa, para que no se le quede pequeña), y además a veces en las cajas de juguetes la edad no está bien ajustada. En realidad no es la edad, sino el grado de madurez y los intereses personales los que marcan qué tendrá éxito y qué no. Cuando el estímulo llega antes de tiempo no suele encontrar ningún eco en el niño (o le produce estrés). Es el momento de guardarlo para más adelante. Si llega tarde, es el momento de regalarlo. 

Cada estímulo genera una respuesta en el niño o bebé, y esa respuesta es precisamente lo interesante, lo que le ayuda en su desarrollo. Por eso los estímulos unidireccionales (que dejan al bebé o al niño como hipnotizado, sin respuesta) tampoco son adecuados. Nos referimos aquí, por ejemplo, a la televisión o la tablet. La interacción de nuestro hijo con el objeto es fundamental.

Por: Lidia García-Fresneda, experta en Desarrollo Psicomotor y Psicomotricista

Artículo original en: sepadres.es

11 ago 2014

El llanto del bebé: un acto de comunicación

Sergio, un bebé de 4 meses, está en el suelo sobre unas mantitas, boca arriba intentando alcanzar un juguete que está a su lado. Su madre pasa por delante de él de vez en cuando, se acerca, le sonríe y le habla en ese tono que a él tanto le gusta. Después de un rato inmerso en la investigación de lo que le rodea, de repente empieza a llorar. Su  madre acude pronto, lo toma en brazos, le habla despacito, lo balancea, le pregunta qué necesita. Pero ya se ha calmado, parece que era eso lo que necesitaba, un poco de contacto  físico.  Según Ronald Barr, pediatra e investigador del llanto en el niño en Montreal, lo que parece funcionar mejor es el simple contacto humano. 

El llanto es un medio que utiliza el bebé para comunicarse con su entorno. Los recién nacidos son biológica y evolutivamente dependientes de los adultos, están programados para comunicar sus necesidades en cuanto sienten un desequilibrio interno. Es por tanto necesario el establecimiento de un vínculo entre madre/padre-bebé para asegurar la supervivencia del pequeño. Somos principalmente las madres las que nos enlazamos con nuestro hijo, de manera que podemos sentir las necesidades de él como propias, lo que nos hace responder rápidamente para aliviar su estrés. Visto desde esta perspectiva, los bebés no lloran sin razón. Y menos aún, para fastidiar a sus padres.

Este llanto sólo tiene sentido si es respondido de forma eficiente por sus padres. Principalmente en las sociedades industrializadas, los padres tienen muchos problemas en el manejo del llanto de sus hijos, y es consulta frecuente a pediatras. Muchas familias acaban literalmente saturadas porque tiene un “bebé difícil”. Desde el punto de vista del recién nacido, sólo existen “padres difíciles” que, por alguna razón, no son capaces de cumplir eficientemente con su parte de la diada. ¿Pero por qué una respuesta que adaptativamente sirve para asegurar la supervivencia del ser humano es, en muchos casos,  fuente de estrés familiar? En casos extremos se crea en sus progenitores rechazo o incluso negligencia. 

El bebé está biológicamente adaptado a esperar un cuidado y un vínculo físico constante. Sin embargo, en las culturas desarrolladas los padres están optando por crear una relación de independencia mutua: llevan a los recién nacidos en carritos en vez de portarlos, los alimentan a intervalos regulares en vez de a demanda, consideran que responder rápidamente su llanto los hace dependientes y demandantes. 

Por un lado considero que no se puede simplemente decir “claro, es que esos no son buenos padres”. La dificultad para estar en sintonía con las necesidades de los bebés es algo muy frecuente. Vivimos dentro de una cultura que establece qué se requiere de cada uno de nosotros, qué es aceptado y qué no. Actualmente las sociedades “modernas” separan el trabajo de la casa, lo público de lo privado. Las madres se sienten  solas en sus casas, sin redes de ayuda y sin variedad en sus rutinas diarias. Muchas deben elegir entre estar con ellos en sus primeros meses o volver al trabajo, por lo que otros deben cuidar de sus hijos (ya sean los abuelos o las guarderías). Estas condiciones crean depresión y resentimiento en los padres,  lo cual tiene un efecto negativo en el desarrollo de sus hijos. Y por ende en el desarrollo de las culturas futuras. 

Por otro lado, también pienso que los padres deberíamos buscar más información sobre nuestras decisiones en la crianza de nuestros pequeños.  A veces nos dejamos llevar por la corriente, por lo que todos hacen, porque si se hace así no debe ser tan malo... Creemos en estilos de crianza basados en mitos sin ni siquiera cuestionarlos. Y además, hay pocas redes de apoyo para madres, tampoco hay tiempo porque hay que trabajar… Sin embargo, somos sólo nosotros, los padres, los que podemos hacer algo para ir cambiando este estilo social “avanzado” que no tiene en cuenta las necesidades de las familias, y mucho menos de los niños. 

Entradas relacionadas:

Fuente: 
SMALL, M.F. Our babies, ourselves. How biology and culture shape the way we parent.  Ed. Anchor Books (ebooks).

Montserrat Reyes

6 ago 2014

Regalar y recibir


El domingo fue mi santo. Al volver a casa Ángela había desplegado sobre su cama una enorme cantidad de pequeños objetos. Algunos estaban cuidadosamente envueltos en un pañuelo, y esos eran los mejores y más importantes regalos. Mis regalos. Ángela estaba emocionadísima. Entonces me acordé de una de esas perlas que uno lee y hacen clic en algún lugar. Aunque no recuerdo dónde lo leí. 


Decía que los niños construyen su valor (y experimentan su valía) en función de lo que pueden dar, o más bien en función de cómo es recibido lo que ellos tienen que dar. Solemos pensar que el proceso es al revés, es decir que el niño construye su autoestima en función de lo que recibe: el amor que recibe, la educación que recibe, los consejos, los regalos... Pero parece que igual o más importante que eso es que aprendamos a recibir, para que ellos puedan dar. Recordemos que el que recibe es pasivo. Y el que da, activo.

Podemos hacer un pequeño ejercicio, ahora mismo: ¿qué sentimos cuando nuestra madre o un ser querido nos hace un regalo? ¿Y qué sentimos cuando preparamos un regalo para nuestra madre (o para un ser querido), un regalo que pensamos que le va a encantar? Yo como hija tengo que reconocer que ninguno de los regalos que me hace mi madre (y que tanto agradezco) es tan gratificante como lo que experimento cuando toma con alegría lo que yo he preparado para ella. ¿Por qué disfrutamos tanto dando? Porque dar es expresarse. 

Nuestros niños son activos. Quieren dar, regalar, ofrecer-se. ¿Qué tal si por un día en lugar de pensar qué le falta o qué le podemos dar cambiamos el chip y nos sentamos plácidamente a recibir? Su amor en forma de besos, caricias, abrazos, sonrisas... o los regalos, florecitas, collares y dibujos que continuamente hacen pensando en nosotros. Sin expectativas (para que el recibir  no se convierta en exigir). ¿Percibimos su alegría? ¿Y la nuestra?

Lidia García-Fresneda

22 may 2014

Babysitter: cuidando a un bebé de 5 meses

A veces, cuando sus padres lo necesitan, cuido a bebés en sus casas. Algo les surge a sus progenitores, me avisan y siempre que puedo voy a pasar unas horas con su hijo. Reconozco que ese tramo de edad, antes de que echan a andar, es mi preferido, así que hago lo posible por ayudar a estas familias durante un rato.

Hace unos días pasé unas horas con un niño de 5 meses que conocí en ese mismo instante, se llamaba Peter. Cuando entré estaba con su madre en la mochila canguro. Si bien sólo le veía sus ojos, en ellos se adivinaban un amplia sonrisa. En esta edad en la que el miedo al extraño todavía no se ha instaurado, me aceptó sin problemas. Su mamá se marchó y no puso ninguan objeción. Pasamos 4 horas juntos.

Las madres me suelen explicar qué necesitará su hijo durante esas horas: cuándo le tocaría comer, o dormir, cuándo le cambiaron el pañal... Esas indicaciones me ayudan bastante, aunque siempre constato que son los bebés los que me dicen qué necesitan....


Desde el principio Peter estuvo muy enfocado en comunicarse conmigo. Tenía la sonrisa (¡y la carcajada!) fácil, sólo hacía falta que me acercara un poco a él y le hablara para que me mostrara su alegría. Tendido boca arriba en el suelo sobre su mantita, los sonidos que emiten a esta edad son guturales. Así que me pedía una conversación con él cada vez que no estaba ocupado en dormir, comer o jugar a su aire. "Ajoooo, ajoooo" le decía, me mirada concentrado, sonreía y me respondía "agrrrr, agrrrooo". Así pasábamos el rato, cuando yo dejaba de hablarle él se quedaba sorprendido, mirándome con ojos bien abiertos y al rato emitía otro sonido. Lo que no le gustaba es que desviara la mirada para otro lado, ahí me gritaba, me estaba llamando la atención para que le mirara a la cara. Es tan importante mirar a un niño, a través de mi mirada él podía ver mi alegría al escucharlo, mi emoción al verle reir, mi aceptación, mi cariño, mi respeto. Ver mis labios moverse a la vez que yo hablada debe ser impactante también para un bebé tan pequeño, por ahí deben salir los sonidos...


Durante estas horas él me iba diciendo si quería comunicarse, dormir o comer. O jugar: e repente, a pesar de estar delante de él hablándole, ya no me miraba, no parecía interesado, giraba su cabeza y se concentró en un juguete. Intentó cogerlo con el brazo más cercano y luego con el otro... pum... quedó boca abajo. Bien, por fin agarró el objeto que deseaba, lo manipulaba, agachaba la cabeza para metérselo en la boca. Hablaba con el juguete, consigo mismo, qué más da. Y luego se puso a cuatro patas, emitiendo grititos, se balanceaba hacia adelante y hacia detrás. Se cansaba y de nuevo boca abajo. Este era su tiempo de investigar el mundo, así que lo dejé tranquilo, en su juego, en su aprendizaje, en su investigación de sus capacidades y las características del mundo físico que le rodea.

 Durante este tiempo también hubo unos minutos de siesta. Y al levantarse parecía hambriento, supuse, porque no le calmaba le hecho de que le hablara, ni el dejarlo en el suelo... le calenté el biberón de leche materna que su madre había dejado en el frigorífico y al mostrárselo fue evidente su alegría. De hecho se lo bebió con ganas, disfrutando, mientras me miraba  la cara. 

Entradas relacionadas:
La comunicación en bebés menores de 6 meses
Psicomotricidad gruesa en bebés menores de 6 meses 

Montserrat Reyes

15 mar 2013

Experimentando los juegos para bebés 6-12 meses

Adjunto la entrada en un blog llamado "Canela, Bach y otro aromas", donde una mamá novata, amante de la música, el arte, la decoración... experimenta nuestras propuestas con su bebé. Y al final añade una selección de juguetes bastante interesantes:


Juegos y juguetes para esta semana.Nueva propuesta de juegos para disfrutar juntos y una selección de juguetes de primera calidad.


LOS JUEGOS 
Encontramos la inspiración en  las propuestas del excelente blog Jugando en Familia.
Está especializado en el desarrollo global del niño de 0 a 3 años y proponen juegos donde participen padres e hijos, con el fin de proporcionarles estímulos que satisfagan sus necesidades.Tras poner en práctica sus propuestas, cambia el modo de compartir el tiempo de juego y resulta emocionante ser testigo de los avances, del placer del juego, de tantos momentos tan enriquecedores.Se trata de juegos basados en el nivel de desarrollo de la visión, audición, comunicación, psiscomotricidad fina y gruesa de bebés de 6 a 12 meses.

CARRERA A GATAS
"Una vez que empiece a gatear, favorece este acto cada vez que puedas. Déjalo en el suelo la mayor parte del tiempo y permite que investigue no sólo su alrededor, sino qué cosas nuevas puede hacer su cuerpo ¡ahora que parece que se mueve solo!. El gateo influye de manera decisiva en la visión, la audición, la conexión de los hemisferios cerebrales, el sistema nervioso y la percepción de su propio cuerpo.

Juega con él a hacer carreras a gatas, se lo pasará en grande y  reirá a carcajadas, sobre todo y añades el efecto cucutás y de vez en cuando te escondes (déjale que te vea un poco, ya sea porque estás detrás de una cortina semi-transparente o porque ve la mitad de tu cuerpo tras el sofá) y preguntas en voz alta dónde está tu precioso niño. Gatea por debajo de la mesa y sorteando obstáculos. "
CARTÓN AGUJEREADO
 "Cuando observes que se interesa por coger los granos de arroz o las pelusas de tu jersey, puedes fabricar tu mismo un trozo de cartón agujereado de tal forma que por los agujeros quepan sus dedos. Esta actividad les fascina y con ella experimentan la tercera dimensión".
POMPAS DE JABÓN
"Fabrica o comprar un bote de pompas de jabón. Si se mantiene sentado en el suelo con la espalda recta querrá alcanzarlos con la mano, seguirá con la vista y la cabeza cómo caen al suelo, intentará cogerlos una vez han explotado sobre el suelo."
¿DÓNDE ESTÁ MI NIÑO?
 "Colocas una tela semitransparente entre tu bebé y tú (más adelante puedes colocarla sobre su cabeza) y preguntas “¿dónde está mi Pablo?”, y retirándola dices “aquí está”. Notarás cuándo tu bebé es capaz de aceptar una tela totalmente opaca entre él y tú. Antes de los 9M, cuando un objeto desaparece del campo visual, deja de existir para el niño. Hacia los 9M conserva una imagen de un objeto que ha desaparecido."
SONIDOS DE LA CASA
"Cuando estés utilizando la batidora, el secador o la lavadora esté centrifugando se mostrará interesado por esos ruidos extraños y quizás hasta algo desagradables. Muéstrale que la casa también tiene su propia música: la puerta o el cajón cuando se cierran, la cama o la silla cuando son arrastradas, la cacerola cuando cae al suelo".

LOS JUGUETES
Junto a esta propuesta de juegos, añadimos una selección de juguetes de jugarijugar, un proyecto fabuloso cuyo descubrimiento compartí en enero , lleno de propuestas de calidad, que va  mucho más allá de la venta de juguetes. La web ofrece diferentes opciones de búsqueda:por edad,  en función de  aquello a lo que le guste jugar y todo tipo de selecciones especiales ( abuelos y abuelas, viajes, niños  y niñas con discapacidad).Ofrecen amplia información sobre las distintas fases de desarrollo y las características recomendadas para los juguetes, así como las grandes líneas pedagógicas que sustentan el diseño de los mismos.Y por si eso no fuera bastante, desarrollan servicios geniales como el tuppertoys o el préstamo de juguetes.

La selección de hoy para preciosidades de 1 a 3 años.







A disfrutar de un fin de semana lleno de juegos y juguetes de calidad, de achuchones y  cosquillas, de siestas juntos y paseos al sol.












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A qué jugamos hoy

Montserrat Reyes

12 oct 2012

Primero es el juego (Francesco Tonucci)

Viendo a nuestros niños tan bien vestidos, bien alimentados y capaces de manipular aparatos tan complejos, que hablan idiomas extranjeros de un modo tan precoz, que practican un deporte en serio, respetando las reglas y aprendiendo los trucos desde los primeros años, a los adultos a menudo se nos ocurre pensar que realmente han tenido suerte. Y en cambio, cada vez se da menos imporancia a la experiencia más importante de la vida del hombre y de la mujer: el juego. El juego que, para ser juego, debe ser libre, sin control del adulto, con otros niños, en lugares libres y accesibles.
Del mismo modo que existe un largo debate entre antropólogos y filósofos que plantea la hipótesis de que el juego es anterior y un elmento constituyente de la cultura humana, se puede afirmar con certeza que el juego está en la base del desarrollo individual de todo el hombre o mujer.
De hecho, los primero días, meses y años son cuando más rápido es el desarrollo. Antes de que un niño entre por priemra vez en un aula, ya  han sucedido las cosas más importantes: el aprendizaje de las cosas más importantes, los cimientos en los que deberán sustentarse todos los conocimientos futuros, o se han adquirido ya o difícilmente podrán recuperarse. Y eso, gracias a la única y gran actividad presente en esta las primeras fases de la vida: el juego.
El niño vive con el juego una experiencia poco frecuente en la vida del hombre, la de enfrentarse a solas a laacomplejidad del mundo: él, con toda su curiosidad, con todo lo que sabe y lo que sabe hacer, ante el mundo, con todos sus estímulos, sus novedades, sus atracciones. Y  jugar significa quedarse cada vez con un trocito de este mundo: un trocito que puede componerse de un amigo, de objetos, de reglas, de un espacio que ocupar, de un tiempo que administrar, de riesgos que correr. Y ningún adulto podrá prever o medir la cantidad de cosas que aprende un niño jugando. Nadie podrá programar o acelerar este proceso, ni impedirlo o empobrecerlo. Y el motro que lo impoulsa es el más potenete que conoce el hombre: el placer. El juego libre y espontáneo del niño gaurda parecido con las experiencias más elevadas y extraordinarias del adulto, como la de la investiación científica, la exploración, el arte o la mística, en las que el hombre se enfrenta a la complejidad y vive la experiencia del placer.

Este texto está sacado del libro "Peligro, niños" de Francesco Tonucci. Fue publicado en la resvista Nuova Responsabilitá en noviembre del 2004.

Francesco Tonucci es un pedagogo y dibujante italiano.  Es un pensador e investigador sobre el papel de la infancia en la sociedad actual y la verdadera misión de la escuela. Dirige desde 1991 el proyecto "La ciudad de los niños" donde en distintas ciudades se propuso a los alcaldes contar con la colaboracion y opinión de los niños en los temas relacionados con su ciudad.

Pasa saber un poquito más elblogalternativo tiene una entrada relacionada con su filosofía.
Se aprende más jugando que estudiando: entrevista a Franceso Tonucci (niñólogo).


Montserrat Reyes


19 ago 2012

¿Cómo se comunica un bebé menor de 3 meses? ¿Cómo nos comunicamos con él?

En el Taller de Juegos para padres y bebés menores de 3 meses sentimos que era necesario hablar de la comunicación que se establece en esta diada madre-recién nacido (o cuidador principal). Algunos padres nos comentan que se sentían algo "ridículos" hablándole a su hijo, cosa que hacían porque sabian que era una buena forma de estimularlos. Por ello, siempre partiendo de la base de que nuestra filosfía de trabajo va en contra de la sobreestimulación y de interaccionar con ellos de forma mecánica (lo hago porque me dicen que tengo que hacerlo) nos proponermos escribir esta entrada.

Definir qué es la comunicación no es fácil, sin embargo todos estaremos de acuerdo en que "no es simplemente hablar". Aún cuando el bebé en sus primeros meses de vida pasa la mayor parte de su tiempo durmiendo, esos momentos en los que está despierto y donde sólo hay ocasión para proveerle de cuidados físicos, son una fuente inagotable de comunicación. Sonreirles con amor cuando está despierto, sostenerlos firme y cuidadosamente mientras paseamos, cambiarles el pañal mientras le acariamos, vestirlos con delizadeza, susurrarle lo que lo queremos, cantarle una nana mientras se duerme... Y así es básico que hagamos estas cosas desde el corazón, como decía Winnicott, desde el placer.

El bebé es también un sujeto activo en la comunicación que se establece entre ambas partes. Como signos visibles citamos: desde el mes y  medio sonríe como respuesta a nuestras miradas o palabras; muestra claramente su alegría (con movimientos energicos de brazos y piernas) cuando lo vamos a tomar en brazos o cuando nos dirijimos a él; fija su  mirada con atención si nos acercamos a su cara; nos sigue con la vista y con la cabeza si nos movemos; alrededor de los 3 meses responde guturalmente con "ajjjjjjo" y "ahahahah" a nuestra conversación y hasta pueden emitir gritos para llamar nuestra atención.

Aunque los veamos tan pequeños y delicados, aunque pasen poco tiempo despiertos, aunque a simple vista no avance físicamente de forma rápida, tengamos en cuenta que el vínculo que establecemos con ellos será esencial para su adecuado desarrollo (J. Bowlby). El vínculo es comunicación: contacto piel con piel, acariciarlos, mirarlos, cantarles, besarlos...

Entradas relacionadas:
La importancia de la intuición materna (D.W.Winnicott) 
Juegos: la comunicación en bebes menores de 6 meses

Montserrat Reyes

15 abr 2012

¿Es demasiado tarde?

Los embarazos serenos, felices, conectados, dan lugar a hijos más felices, serenos, conectados... La ansiedad afecta al feto en el vientre materno y tiene consecuencias... ¿Es demasiado tarde para tener un hijo feliz si tuvimos ansiedad en el embarazo, si no nos cuidamos lo suficiente, si seguimos trabajando como si nada hubiera cambiado en nuestra vida, sin tomar conciencia de nuestro embarazo, ignorando lo que crecía en nuestro interior? ¿Es demasiado tarde para esos bebés?

El parto es fundamental para el niño... ¿Es demasiado tarde si el parto fue mal, si acabó en forceps, ventosa, cesárea, si nos separaron de nuestro bebé... Es demasiado tarde?

Los dos primeros años del niño son fundamentales para la formación de su carácter, también lo es haber tenido una figura de apego presente en su vida, haber sido amados, respetados, cuidados conscientemente desde el primer momento... Pero, ¿es demasiado tarde si los dos primeros años de nuestro hijo no fueron así, si sufrimos depresión post parto, si tuvimos que volver a trabajar muy pronto y desconectamos de él, si...?

Los miedos inconscientes de la madre pasan al bebé, los "mama", los vive... ¿Es demasiado tarde para él si no hemos hecho terapia, si la hemos hecho pero aún tenemos una montaña de cosas por resolver, si su nacimiento nos tocó una tecla que no sabemos volver a afinar?

Ahora sabemos mucho sobre la vida del bebé. Y del feto. Sabemos que perciben, sienten, modelan su cerebro a partir de sus experiencias desde el minuto cero. Se ha superado la idea de que son incompletos, incapaces de sentir o percibir lo que ocurre a su alrededor. Se pensaba (y en consecuencia se actuaba) que los niños empezaban a ser personas y a aprender a partir de los 2, 3, 4 años. Cuando un niño tenía problemas, el problema era del niño, nadie se sentía responsable de lo que le pasaba, nadie miraba atrás en su historia para comprenderlo.

Hemos superado eso. Sin embargo esta nueva y maravillosa información, que nos hace conscientes de nuestra influencia en la vida de nuestros hijos, corre el peligro de teñir nuestra vida de culpa. El afán de vida inmaculada, pura, perfecta desde el origen, y sobre todo la culpabilidad consiguiente cuando no se consigue (o sea...) nos conecta con una maternidad siempre en falta, porque siempre podríamos haberlo hecho mejor. Nos conduce a preguntarnos, a veces con mucho dolor: ¿es demasiado tarde para mi hijo si sus o nuestras circunstancias no han sido buenas?

Pues no, no es demasiado tarde. Los hijos están afinados como diapasones con nuestra frecuencia, y los cambios que se producen en nosotros se reflejan automáticamente en ellos. Se den cuando se den estos cambios. Las dificultades atravesadas en cualquier momento de su desarrollo son puertas abiertas a la maduración, y todo trauma se convierte, cuando lo encaramos, en la posibilidad de entender algo esencial, de convertirnos en personas más fuertes y seguras. Sirve para nosotros y para ellos.

Así que como están afinados con nosotros, hemos de cambiar la pregunta "¿es demasiado tarde para ellos?" por... "¿es demasiado tarde para mí?". Y buscar nuestro bienestar, independientemente de lo que haya ocurrido hasta el momento. Renunciar a que el pasado empañe el presente. Y elegir, al menos por un momento, relajarnos y sentirnos en paz, hacer cualquier cosa que nos conecte realmente con el placer. "Nunca es tarde para una infancia feliz". No recuerdo de quién era la frase, pero es aplicable a todos. A nuestros hijos, si sus circunstancias no fueron las mejores, y a nosotros. Juntos podemos construir, ahora mismo, una nueva infancia feliz.  

Lidia García-Fresneda

11 dic 2011

El juego simbólico

“Mira mamá, un guante” dice Leandro, de 27 meses,  mientras le muestra a su madre su mano metida en una pequeña bolsa. Y sentándose a horcajadas sobre el brazo del sofá murmura “rum, rum, soy un motorista”. Coloca un muñeco de Pocoyo delante de él y le susurra que van de paseo.



"Mira mamá soy Nadal"
Según Piaget, este tipo de juegos ocurre alrededor de los dos años. Se caracteriza porque el niño  es capaz de ser o hacer cualquier cosa a través de su imaginación y fantasía: todo un salto en su desarrollo psicológico. Y en su inteligencia: pensar está íntimamente relacionado con imaginar. Cuando planificamos nuestras acciones o resolvemos un problema estamos, en definitiva, imaginando las alternativas y situaciones posibles.   

Hasta entonces se ocupaba de conocer las cualidades del mundo que lo rodeaba mediante la percepción de sus sentidos y el movimiento. El juego consistía en experimentar con las características físicas de los objetos y de su propio cuerpo: ¿siempre que lanzo el muñeco cae al suelo? ¿qué pasa si golpeo la olla con la cuchara?...

En las primeras etapas del juego simbólico  las acciones suelen ser aisladas. Valdría el ejemplo de María, de dos años, que diciendo que su bebé tiene hambre le introduce una cucharita en su boca.  Una vez su muñeca está alimentada, finaliza el juego. Más adelante ocurren combinaciones en secuencias: María baña a su muñeca, la viste, le da de comer y la acuna para dormir.

¿Qué otras conductas ocurren a esta edad que se relacionan con el surgimiento del juego simbólico?
1.       Explosión del lenguaje. Aumenta su vocabulario y mejora la articulación de la palabra. Habla lo que piensa (o lo que hace).
2.       Capacidad de representar. Es capaz de distanciarse de la realidad y representar mentalmente algo que ocurrió en otro momento.
3.       Sentido de su individualidad. Comienza a referirse a sí mismo como “yo”. Explora su independencia (creando inevitablemente conflictos con los adultos).

¿Cómo influye el juego simbólico en el desarrollo del niño?
1.       Desarrollo de la socialización. Facilita el conocimiento de los roles sociales, las relaciones familiares, de las diferentes profesiones.
2.       Desarrollo emocional. Piaget sostenía que este tipo de juegos ofrece al niño una oportunidad para resolver conflictos “si el niño tiene miedo a un perro, las cosas se arreglarán  en un juego simbólico, en el que los perros dejan de ser malos y los niños se hacen valientes”.
3.       Desarrollo cognitivo.  En el juego simbólico más elaborado (combinación de secuencias) se pone en marcha un proceso importante de comunicación, intercambio de ideas, declaración de intenciones…  

Al observar a nuestros hijos jugando a “hacer como si” obtenemos una valiosa información de cómo son, sus miedos, conflictos, preocupaciones, deseos…  No está de más sentarnos cerca de ellos, aunque intentando no intervenir. Y mucho menos criticarles o dirigirles. Si quieren que participemos, así lo hacemos, pero dejemos  sean ellos los que  dirijan el juego. Los padres, sin darnos cuenta, podemos enviarles información de que “así no es, se hace así”, cuando la fantasía y la imaginación ¡son libres!

Por otro lado, también las actitudes y costumbres de los adultos pueden verse reflejadas en su juego simbólico: cuando hace de mamá y frunce el ceño al darle de comer al bebé, cuando hace de papá y eleva la voz leyendo el periódico… Es una oportunidad para saber cómo nos ve nuestro hijo.

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Montserrat Reyes

3 dic 2011

Juegos: cognición en niños de 18-24 meses


Según Piaget, antes de los dos años, el bebé se encuentra en el Estadio Sensoriomotor. Tiene una limitada capacidad para representar mentalmente la realidad, por lo que su inteligencia se sustenta en percepciones y movimientos. Su pensamiento se manifiesta en actos sobre el presente. Su desarrollo intelectual se expresa al establecer relaciones causales que le ayudan a adaptarse al medio que le rodea (si le doy al interruptor se enciende la luz, cada vez que lanzo un objeto éste cae al suelo, si lloro mi mamá me atiende).

El siguiente Estadio, el denominado Preoperatorio, empieza alrededor de los dos años (Piaget). Con la aparición del lenguaje y el desarrollo de la función simbólica, se producen modificación en el desarrollo intelectual: el niño empieza a representar en su mente los datos de la realidad. Ya no hace falta que la acción esté ocurriendo ahora mismo para obtener una información que actúe sobre su proceso cognitivo.

Todos aquellos juegos que estimulan el lenguaje, la sociabilidad y la permanencia de una acción o imagen mental actúan sobre su función intelectual. El juego imitativo y simbólico (“hacer como si”), el juego de asociaciones, aquellos donde aprenden palabras nuevas…



1.    Juego de las parejas
A  los 20-22 meses puedes iniciar el juego de las parejas: con cartulina de colores y pegatinas fabrica tres parejas: sentados sobre el suelo, uno frente al otro preséntale una tarjeta y dile que ahí hay un perro (quizás ya conoce ese animal así que puedes preguntarle qué es y  tu hijo te lo dirá) y la colocas sobre el suelo; le presentas la segunda y la tercera, colocándolas una junto a la otra. Ahora le enseñas cada pareja en el mismo orden  y la colocas bajo su igual. A partir de aquí, puedes presentarle las parejas en distinto orden y que él te diga dónde está su igual. Más adelante añade más parejas, a los dos años podrá hacerlo con 6 ó 7 a la vez y cambiarlas cada día.
2.    Emparejando objetos
En vez de utilizar imágenes ahora podemos jugar con objetos reales. Coge tres cucharas y dile cómo se llaman;  finge que estás comiendo, deja que coja una cuchara. Ahora le enseñas tres tenedores; finge que estás comiendo; deja que coja un tenedor. Ahora dile que te de una cuchara y luego el tenedor. Pon los 6 cubiertos sobre la mesa delante de tu hijo y dile que te de una cuchara, luego un tenedor.
3.    Juegos con colores
Como en el juego de las parejas (1),  utiliza tarjetas de colores pero sin pegatinas. Muéstrale los colores primarios: rojo, amarillo y azul.  Juega a emparejarlas. Aprovecha además vuestros paseos para nombrarle estos tres colores: en los coches, las motos, las verduras, la comida empaquetada… Cuando observes que ya los conoce, ve añadiendo un color cada vez.
4.    El juego de los sonidos
Si tienes varios botes de plástico parecidos a los de rollos de película fotográfica, puedes meter materiales pequeños que hagan ruidos diferentes: arroz, arena, una canica, botones… Séllalos bien para que no se abran a ser manipulados por tu hijo. Muéstrale cómo se agitan y el sonido que tienen “suave…shhhh, fuerte….shhhh”. Si un bote no tiene nada dentro será el sonido del silencio. Permítele que los toque y agite, podrá experimentar que el que suena más fuerte quizás pesa más que el que suena suave.
5.    Debajo de dónde está
Consigue tres cajitas o cubos pequeños. Tu hijo y tú sentados en el suelo uno frente al otro. Muéstrale los cubos boca abajo, de manera que no vea qué hay dentro. Levanta uno y coloca dentro un pequeño juguete (un muñequito). Mueve los cubos despacio y pregúntale dónde está el muñequito. Al principio, si no entiende el juego, enséñale dónde está el juguete; lo entenderá rápido y le encantará jugar a averiguar dónde se movió el muñequito.
Con las tarjetas con pegatinas puedes hacer este mismo juego: le enseñas tres tarjetas, una a una vais diciendo cómo se llama lo que veis, pero al colocarlo en el suelo lo haces boca abajo. Al principio, sin moverlas, pregúntale dónde está el perro, o el gato o el ratón. Cuando lo entienda, mueve las tarjetas colocadas boca abajo antes de preguntarle por un animalito en concreto.
6.    Linterna
En una habitación a oscuras, sienta a tu hijo en tu regazo y enciende una linterna. Muévela despacio por la habitación a la vez que le nombras y describes aquello que vas enfocando. Quizás sea él quien lo vaya nombrando. Deja ahora que sea tu hijo quien tome la linterna y enfoque aquello que le interesa; describe lo que ves.
7.    Caja de juguetes inteligentes
En una caja de zapatos mete varios juguetes “inteligentes”: una marioneta, una pelota que flota,  una caja de música con bailarina, un trapecista… y cualquier tipo de juguete que sorprenda al niño con sus movimientos. Será un momento especial, se lo enseñas cada día, en el mismo sitio, con gran expectación. Le sacas los juguetes uno a uno y le enseñas lo que hacen. Si alguno no se puede tocar por ser delicado se lo dices e irá aprendido a tolerar este tipo de frustración. Si se lo enseñas siempre en el mismo orden, en pocos días te dirá el nombre del que le toca salir cuando estés guardando el anterior.
Marioneta: haz que ande por el suelo, que se suba a su pierna, su hombro, que le dé un beso. Nombra cada parte de su cuerpo sobre la que pasea.
La pelota que flota. Soplando por un tubo de madera, una pelota de corcho es impulsada hacia arriba y se mantiene flotando. Les crea expectación verla flotar y querrán cogerla. Si tienen destreza puedes dejarlo que lo haga y que la coloque de nuevo en su sitio para verla flotar de nuevo.
Caja de música. Ver a la bailarina (o los patitos) bailar les mantiene muy atentos. Si le dejas coger la muñeca para volverla a colocar (no es tan fácil, el imán que la mantiene dando vueltas puede ser difícil de localizar), practica con su motricidad fina y el perseverar ante las dificultades.
El trapecista. Hecho generalmente de madera, cuando apretamos la parte inferior del trapecio, el trapecista sube y hace piruetas. Enséñale “arriba y abajo”. Cuando él te lo pida, súbelo o bájalo.
8.    Títeres
Inventar historias con títeres es algo que les divierte mucho. Puedes utilizar uno o dos títeres de mano y contarle una historia en la que tu hijo sea uno de los protagonistas; o que cuente algún relato con el que tu hijo se sienta identificado. Existen además los títeres de dedos que posibilita aumentar los personajes del cuento. Deja que tu hijo también se coloque alguno que participe en la narración.
9.    Juego simbólico.
Es la edad apropiada para empezar a jugar “a las muñecas”.  Si tiene un muñeco preferido, cuando estéis almorzando sentáoslo al lado y haced como que le dais de comer. Le gustará especialmente llevarlo de paseo en el carrito. Otra forma de juego simbólico se da cuando toma la escoba  y sobre ella te dice que es un caballo. 


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Montserrat Reyes