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5 ago 2015

Inaugurado el primer grupo de Psicomotricidad...y más

Como muchos ya sabéis, antes del verano (2015) organizamos unas sesiones gratuitas de Psicomotricidad Educativa en el CIP (Málaga),  para niños entre 4 y 9 años. Todos los jueves por la tarde allí nos encontrábamos Lidia y yo, con nuestros hijos, esperando a familias interesadas. Pero desde la segunda semana ya tuvimos que pedir a los padres que confirmaran su asistencia, porque nos encontramos con demasiadas familias y sin poder garantizar una asistencia de calidad para cada uno. Los niños estaban tan contentos que no querían dejar de acudir, así que optamos por crear un grupo formal para el mismo mes de Junio. Por lo que quedó inaugurado el primer grupo de Psicomotricidad en Málaga, formado por 8 niños. Nos hemos visto una tarde a la semana, en sesiones de hora y media. Nos estamos dando un descanso en los meses de Julio y Agosto, pero volveremos en Septiembre. En la entrada anterior explicábamos en qué consisten las tardes de Psicomotricidad, sus objetivos y metodología  y para quiénes pueden ser útiles.


Para este curso que pronto inauguramos (2015/16) tenemos más proyectos. En nuestros años trabajando la psicomotricidad con niños y especialmente con bebés que todavía no andan, nos hemos dado cuenta de que no sólo los padres, sino también lo profesionales de la pediatría no tienen muy claro las etapas motrices por las que pasa (o debería pasar) un bebé sano. Y sobre todo, cuáles son esas actitudes y costumbres familiares/culturales que, de alguna manera, dificultan que este niño en desarrollo pueda llevar a cabo todas sus potencialidades. Hemos visto en nuestro trabajo con los Grupos de Juego con Padres y  Bebés y también lo constatamos en las consultas que los padres nos hacen en este blog, que muchos profesionales dan consejos que son más bien fruto de creencias personales que de hechos demostrados y contrastados. Es para todos ellos que hemos elaborado un curso experiencial sobre el desarrollo psicomotriz en bebés y estrategias lúdicas y actitudinales para que el niño crezca de forma armónica. Explicaremos y vivenciaremos por qué el niño necesita el suelo y el movimiento libre y espontáneo para logar un sano desarrollo no sólo físico, sino también emocional, social y cognitivo. Cuáles son  las actitudes que dificultan la consecución de hitos importantes en esta etapa, como el gateo. Qué condiciones son necesarias para su sano desarrollo. Por qué el vínculo con los padres es la base sobre la que se construye el crecimiento. Qué papel juegan los sentidos. Y además jugaremos a esos juegos tan vitales para ellos, para entender por qué lo son.   Este curso se llevará a cabo en Febrero del próximo año. Va dirigido a padres, pediatras, enfermeras, educadores infantiles, logopedas o cualquier otro profesional interesado en el bebé y su sano desarrollo. Si estás interesado contáctanos.


Montserrat Reyes y Lidia García-Fresneda

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Desplegándose

14 mar 2015

Plastilina casera



Esta entrada es sobre la plastilina casera. Se la debo a los padres que están ahora en los Grupos de Juego en el Centro Mi Matrona (Málaga): les prometí que publicaría la fórmula en el blog y ya llevan casi tres semanas esperando. Ni un día más.

La utilizamos con los bebés, aunque tiene un gran éxito al menos hasta los 7 años. Es uno de esos materiales que evolucionan con el niño y que tendremos oportunidad de utilizar un montón de veces. Todo lo que tiene esta plastilina es comestible, aunque como lleva una gran cantidad de sal lo normal es que a los bebés les dé un poco de asco y no la chupeteen mucho. Al final, como todo, depende de cada bebé. Cuando la llevé al grupo hubo muchos interesadísimos en llevársela a la boca y la sal no pareció disuadirlos demasiado. Otros bebés se mostraron muy interesados en manipularla. Hubo un pequeñín en concreto (en la foto) al que no volvimos a oír en toda la sesión: cogió la bola de plastilina y se dedicó a desmigajarla lenta y concienzudamente... ¡A él le dio mucho juego!



Cada bebé, como explico en los grupos, y cada niño, tiene sus preferencias y su momento respecto a cada material. Por eso es interesante ofrecerle opciones y quedarnos con las que le vayan llamando la atención. Aquellas a las que no ha hecho ni caso no hay que descartarlas para siempre: puede que un poco más adelante el objeto ignorado se convierta en su juguete favorito. Pero vamos con la fórmula.

La primera vez que quise hacer plastilina casera obtuve una maravillosa... Pintura de dedos. Ya me lo advirtió mi amiga Hilde en su día, cuando me pasó la primera receta que tuve. Me dijo que era bastante líquida, y lo era. Reconozco que tras la pintura de dedos tardé en volver intentarlo. Hace unas semanas, como digo, decidí que era el momento. Tras varios cambios a la fórmula original, aquí pongo la que finalmente dio como resultado las maravillosas bolas de plastilina casera que aparecen en la primera foto.

Ingredientes:
  • 2 tazas de harina de trigo
  • 1 taza de sal
  • Un chorrito de aceite de oliva (como dos cucharadas de aceite, más o menos)
  • 1 cucharada (no rasa) de cremor tártaro. Es un ingrediente de pastelería. En Málaga lo encontré en la Casa de las Especias del Pasillo Santa Isabel.
  • 2 tazas de agua caliente: es lo que decía en la fórmula, pero yo me dejé un dedo de agua en la segunda taza, porque vi que aguaba demasiado la mezcla.
  • Colorante alimentario de colores: probé con dos, y tengo que decir que me gustó más el líquido del Lidl (no quiero hacer publicidad negativa, pero era bastante más caro y de marca buena)

Procedimiento: Mezclé todos los ingredientes menos el colorante en una cacerola, con el fuego bajo. Le di vueltas sin parar, todo el tiempo, hasta que se fue haciendo más densa y despegando por los bordes. En internet había leído que debía estar unos cinco minutos, pero yo empleé más de diez. Al final, pasado ese tiempo, tuve que añadir un poco más de harina a la mezcla porque aún quedaba demasiado líquida. Entonces quedó perfecta. La hice bolas, las dejé enfriar y a los pocos minutos hice un agujero en cada una con el dedo y les eché un poco de colorante. Amasé cada bola con el colorante, y listo.  

Una última cosa: debe conservarse tapada, para que no se endurezca. Pero si nos sale un poco dura, o se endurece, basta con untarla con un poco de aceite, y recupera su consistencia de plastilina.

Tras ofrecérsela a los bebés en los grupos de juego, le guardé una poca a mi hija Ángela. Y construyó todo un poblado. Por eso digo que no pasa de moda, al menos, hasta los 7 años.



Lidia García-Fresneda

3 mar 2015

Nosotros, su mejor estímulo: LA MIRADA


¡Mira, mamá, mírame! Los niños buscan la mirada de los padres, necesitan saber, desde muy pequeños, si ellos aprueban su comportamiento, valoran sus logros y cómo les ven. 

En los Grupos de Juego para padres y bebés (Málaga)  jugamos con la vista. ¿Por qué es tan importante cómo miramos a nuestro hijo? ¿Qué comunica la mirada de una madre y de un padre?







"¡Mamá, mira, mírame!". Es, probablemente, una de las frases que más escucharemos durante los primeros años de nuestros hijos. Y nuestra mirada debe estar disponible para observar lo que se nos pide. Es la que da el valor definitivo al logro del bebé, la que permite o prohíbe, la que devuelve al niño el concepto que tenemos de él, que después hará suyo. No hay nada más estimulante que la mirada de los padres.









Un "sí" con la mirada

Hagamos un experimento: sentémonos junto a nuestro bebé o nuestro hijo pequeño mientras juega, sin intervenir. Simplemente mantengámonos a su lado. Observémoslo a él y a nosotros mismos. ¿Qué transmite nuestra mirada espontánea? ¿Inquietud, alegría, aprobación, desaprobación? Respecto a nuestro hijo... ¿podemos percibir algún cambio en su comportamiento simplemente por estar nosotros allí, observándolo? Permitámonos ensayar las diferentes miradas (aprobación, reprobación, alegría, fastidio) y tomemos nota de sus efectos.

Imitamos nuestros gestos

La imitación es instintiva en el bebé, y ponernos frente a él a imitarlo (o ser imitados), una fuente de placer para ambos. Con los niños más mayores (de más de dos o tres años)podemos jugar expresamente a imitar, uno frente a otro, gestos. Cada vez propone uno. Imitar gestos estimula la necesaria empatía que nos permite entender qué le pasa al otro y vivir en comunidad. 

Adivina cómo me siento

Tapamos el resto de la cara con un pañuelo, dejando los ojos al descubierto, y los niños deben averiguar si estamos contentos, tristes, enfadados sólo mirando nuestros ojos. Cuando el niño da su veredicto, destapamos la cara. (Para jugar con niños mayores de tres años).

Conectar con nosotros

Desde que nacen los niños buscan conectar su mirada con la de un adulto. Nos miran insistentemente, y si encuentran eco, otra mirada, su deseo de seguir ahí prendidos hace que vayan desarrollando cada vez más capacidad para mantener su mirada y atención. En este mundo de atenciones dispersas buscamos objetos, imágenes que favorezcan una atención sostenida sin darnos cuenta de que tenemos lo más estimulante en la cara. Mirarnos a los ojos el mayor tiempo posible, con o sin palabras, favorece todos los procesos relacionados con la atención. (Desde que nacen).



Lidia García Fresneda
Texto original: serpadres.es

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20 ago 2012

Ser padres conscientes


Este es el título de un libro de D.J. Siegel. Es un psiquiatra estadounidense especializado en neurociencia que ha escrito muchos libros sobre el funcionamiento y las capacidades del cerebro humano. Y del cerebro en crecimiento del niño. 

En el Taller de juegos para padres y bebés menores de 3 meses sentimos importante introducir algún diálogo sobre nuestras expectativas como padres (y las expectativas que tenemos para nuestro hijo). Todos tenemos una idea más o menos clara del tipo de progenitor que nos gustaría ser: en general queremos dar a nuestro hijo lo mejor de nosotros para que éste sea feliz en su vida presente y futura. Y en distintos grados aportamos tolerancia, escucha, límites claros impuestos con amor, aceptación de su ritmo, tiempo, juegos … Sin embargo, en muchas ocasiones la crianza parece “sacar lo peor de nosotros” cuando respondemos de forma intolerante o exagerada a algunas reacciones de nuestros hijos. ¿Por qué dejamos de comportarnos como los padres que nos gustaría ser?

Según la neurociencia y la psicología,  las vivencias pasadas influyen en cómo vivenciamos el presente y la respuesta que generamos. Siegel explica cómo los temas irresueltos de nuestro pasado nos hacen responder de manera mecánica y automática ante determinadas situaciones, como un resorte que salta “casi sin darnos cuenta”. La crianza de nuestros hijos está llena de momentos de estrés emocional, donde podemos volvernos muy inflexibles con la situación. De alguna manera nos desconectamos de nuestro “cerebro racional” y somos incapaces de elegir la respuesta que mejor contribuye al desarrollo personal de nuestro hijo. En definitiva, dejamos de ser los creadores de nuestra vida y pasamos a ser dominados por nuestras internas emociones no resueltas.  

Siempre que nuestros hijos provoquen en nosotros una reacción exagerada, podemos parar y pensar si la razón está más bien en nuestra emocionalidad que en el hecho ocurrido. Cuando nos oigamos excusarnos ante nuestros familiares o amigos por algún grito o cachete diciendo “es que me pone los nervios de punta cuando…” reflexionemos si la respuesta tiene más que ver con nuestras propias experiencias internas.   Así pues, si estamos dispuestos a hacer lo que sea necesario para dar a nuestros hijos las mejores herramientas para un futuro feliz, se hace necesario que conozcamos nuestra historia vital, que entendamos nuestro pasado y que comprendamos por qué a veces respondemos “como no queremos”.  

Evania Reichert, en su libro "Infancia la edad sagrada" habla de que asumir la condición materna o paterna es una experiencia intensa y transformadora. Afirma, a la vez que Siegel, que la personalidad del progenitor es el resultado de su propio desarrollo infantil. El nivel de conciencia que éste tiene de su emoconalidad, sus decisiones vitales y su comportamiento influye de manera decisiva en la relación que mantiene con sus hijos. Educar respetando el ritmo de crecimiento de los niños requiere estar en un presente donde poder conectar con las necesidades del otro. No entramos en el presente cuando nos dejamos dominar por nuestros miedos, exigencias internas, juicios o creencias estrictas.

La coherencia entre el hecho ocurrido y la respuesta que damos crea en nuestros hijos la sensación de que el exterior tiene unas reglas seguras y justas, de que somos confiables y de que siempre intentaremos solucionar un conflicto para el interés mutuo. Al responder según la emocionalidad del momento (si estamos enfadados con el jefe, si nos sentimos frustrados o con prisas…) creamos en los niños la sensación de que el mundo es imprevisible y que sólo le ayudaremos si nos sentimos bien en ese instante. 
 

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Montserrat Reyes


19 ago 2012

¿Cómo se comunica un bebé menor de 3 meses? ¿Cómo nos comunicamos con él?

En el Taller de Juegos para padres y bebés menores de 3 meses sentimos que era necesario hablar de la comunicación que se establece en esta diada madre-recién nacido (o cuidador principal). Algunos padres nos comentan que se sentían algo "ridículos" hablándole a su hijo, cosa que hacían porque sabian que era una buena forma de estimularlos. Por ello, siempre partiendo de la base de que nuestra filosfía de trabajo va en contra de la sobreestimulación y de interaccionar con ellos de forma mecánica (lo hago porque me dicen que tengo que hacerlo) nos proponermos escribir esta entrada.

Definir qué es la comunicación no es fácil, sin embargo todos estaremos de acuerdo en que "no es simplemente hablar". Aún cuando el bebé en sus primeros meses de vida pasa la mayor parte de su tiempo durmiendo, esos momentos en los que está despierto y donde sólo hay ocasión para proveerle de cuidados físicos, son una fuente inagotable de comunicación. Sonreirles con amor cuando está despierto, sostenerlos firme y cuidadosamente mientras paseamos, cambiarles el pañal mientras le acariamos, vestirlos con delizadeza, susurrarle lo que lo queremos, cantarle una nana mientras se duerme... Y así es básico que hagamos estas cosas desde el corazón, como decía Winnicott, desde el placer.

El bebé es también un sujeto activo en la comunicación que se establece entre ambas partes. Como signos visibles citamos: desde el mes y  medio sonríe como respuesta a nuestras miradas o palabras; muestra claramente su alegría (con movimientos energicos de brazos y piernas) cuando lo vamos a tomar en brazos o cuando nos dirijimos a él; fija su  mirada con atención si nos acercamos a su cara; nos sigue con la vista y con la cabeza si nos movemos; alrededor de los 3 meses responde guturalmente con "ajjjjjjo" y "ahahahah" a nuestra conversación y hasta pueden emitir gritos para llamar nuestra atención.

Aunque los veamos tan pequeños y delicados, aunque pasen poco tiempo despiertos, aunque a simple vista no avance físicamente de forma rápida, tengamos en cuenta que el vínculo que establecemos con ellos será esencial para su adecuado desarrollo (J. Bowlby). El vínculo es comunicación: contacto piel con piel, acariciarlos, mirarlos, cantarles, besarlos...

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Juegos: la comunicación en bebes menores de 6 meses

Montserrat Reyes

10 jun 2012

Prácticas desaconsejadas: hacer andar a un bebé...


... agarrándolo de sus manos, cuando todavía no lo hace por sí mismo.


En cuanto a la motricidad general del bebé, hay dos prácticas muy comunes que los padres realizamos con ellos, especialmente a partir de sus 6 meses de edad. Ambas van en contra de favorecer un adecuado y armónico desarrollo global del bebé. De una ya hemos hablado: colocar a un bebé en posición sentada cuándo éste no lo hace por sí mismo. La segunda tiene que ver con la bipedestación: agarrar a un bebé de sus manos, ayudarlo para colocarlo de pie y hacerlo andar (cuando todavía no anda independientemente).

Puede ser que la sociedad competitiva en la que vivimos, donde la consigna es “cuanto antes mejor”, nos empuje a tener unas expectativas altas para nuestros hijos. Creo que en nuestra mentalidad colectiva hay una creencia muy poderosa y arraigada que dice: cuanto antes ande un niño más éxito tendrá en la vida. De ser de otra manera no entiendo que pongamos tanto énfasis en intentar y tanto orgullo al decir que nuestro hijo ya andaba a los 9 meses. Cuando les pregunto a estos padres si sus  hijos gatearon, todos dicen que no. 

Observo en los Talleres de Juegos que la mayoría de los padres no son conscientes de que estas intervenciones no favorecen un fisiológico desarrollo. Muchos me dicen “es que se agarra a mí y me pide que lo levante” y claro, de ahí lo hacen andar. Según  nuestra filosofía de trabajo, lo primero es favorecer el gateo (o al menos no dificultarlo). Si  éste mismo bebé está lejos de la madre y quiere incorporarse no tendrá más que ir hasta ella. Una vez allí, yo le digo a la madre que obviamente le deje incorporarse, pero que no sea ella la que lo levante, sino que sea él el se agarre y se impulse.

Una vez que el bebé sabe ponerse de pie agarrándose a superficies sólidas no hay quien se lo impida. Y no es bueno oponerse… creo que no se podría. Desde este momento hasta sus primeros pasos independientes realizará incansable y repetidamente innumerables movimientos intermedios.  Si por costumbre, cuando el bebé nos pide que lo levantemos lo hacemos andar agarrado de nuestras manos:
  • Estamos impidiendo que éste adquiera el desarrollo de su equilibrio, el cual se ejercita al echar todo su peso sobre una pierna y sobre otra.
  • Al llevarlos semicolgados suelen andar de puntillas. Sólo apoyando todo el peso del cuerpo sobre la planta de los pies se evita el andar de puntillas cuya permanencia acarrearía problemas de equilibro.
  • Todos los movimientos previos al momentos de andar por si mismo son impedidos al hacerlo andar directamente: incorporarse agarrado a un silla, agacharse desde aquí a coger algo del suelo, andar de lado agarrado al sofá, incorporarse apoyándose sobre la pared, incorporarse y agacharse sin agarrase a nada… Todos estos movimientos son necesarios para un adecuado desarrollo global.
  • Si "no hacemos las cosas por él” le transmitimos que confiamos en sus capacidades de crecer y avanzar. Le enseñamos desde pequeños a esforzarse y superar las dificultades y/o frustraciones que la vida inevitablemente nos presenta. Aprende que estamos a su lado para apoyarlo y ayudarlo siempre que lo necesite, sin impedir su natural anhelo de movimiento, aprendizaje, crecimiento y conocimiento.
Adjunto el enlace de un artículo titulado "Nueve razones para evitar hacer andar a los bebés" donde su autora Silvana Batocci no da estas y otras más razones para evitar dicha práctica. 
 
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Montserrat Reyes 

13 abr 2012

Cómo aprende un bebé a sentarse...

… por sí mismo. 

Ya he comentado en anteriores entradas que si el bebé es dejado sobre una superficie amplia, segura, con suficientes estímulos y donde se le permita una total libertad de movimiento, éste aprenderá a sentarse por sí solo. Sería innecesario, cuando no perjudicial, que los adultos lo acomodemos entre cojines para que adquiera esta postura cuando todavía no tiene un desarrollo físico preparado para soportar esta posición. 

¿Pero cómo  aprende el lactante a sentarse por sí solo? ¿Qué movimientos previos  realiza? ¿Qué estímulos ambientales necesita? Normalmente el gateo y la habilidad de sentarse ocurren a la vez, aunque puede que gatee antes, o incluso sea capaz de ponerse de pie agarrado a superficies fijas. 
Consiguen la sentada de las sigiuientes formas:

  • Desde la posición tendido sobre su espalda, se coloca de lado y estira el brazo que queda debajo. Desde esta postura semi-tumbada, termina de impulsarse y se sienta.
  • Desde la posición tendido sobre su vientre, se coloca a gatas. Echando su cuerpo hacia atrás consigue sentarse.
  • Gateando llega a una superficie fija y se impulsa hasta quedar de pie. De ahí se agacha hacia atrás y queda sentado.
Por lo tanto, antes de aprender a sentarse, el bebé ha desarrollado otras habilidades motoras imprescindibles:
  • Tendido boca arriba, levanta la cadera (quizás para agarrarse los pies) y se coloca de lado.
  • Sabe girarse de boca arriba a boca abajo (de tendido sobre su espalda a tendido sobre su vientre) y viceversa.
  • Quizás gatee con soltura o simplemente se coloca a gatas.
  • Cerca de una superficie estable (es importante que no sean los padres los que lo inciten a levantarse ofreciéndole sus manos) se agarra y se incorpora.
Estas fases, no siendo tan espectaculares como otras (sentarse, gatear, andar), son imprescindibles. El bebé necesita practicar y practicar, hasta dominarlas y establecer una base sólida que sustente niveles superiores. 
Las consecuencias, tanto físicas como emocionales de sentar a un  bebé antes de tiempo (y en general de cualquier acción que hagamos sobre ellos con el fin de que adopten o desarrollen una habilidad para la que no están todavía desarrollados) pueden ser resumidas de la siguiente forma:

Físicas.
 La espalda sufre en tensión debido a que su musculatura no está lo suficientemente desarrolla para tal postura. La adquirirá cuando domine y entrene otros muchos movimientos y músculos.
Si cuando son sentados no ha aprendido a girarse sobre sí mismo o colocarse a gatas, puede que nunca lo hagan. Exigen ser sentados, con una frustración que pocos padres pueden resistir.
Emocionales.
No fomentamos su actividad autónoma ya que dependerá siempre de otra persona para adquirir la sentada.
Privamos al niño la oportunidad de conocer y desarrollar sus capacidades: la confianza en sí mismo es en principio motora (lo que puedo o no puedo hacer).
Mostramos una falta de respeto en el ritmo de sus adquisiciones motrices. Le transmitimos una serie de expectativas que no están a la altura de sus capacidades. 

Ilustraciones extraídas del libro "Moverse en libertad" de Emmi Pikler.

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Montserrat Reyes

21 feb 2012

El gateo: las prácticas que dificultan que tu hijo gatee


Que el gateo es una fase vital en el desarrollo global del bebé es algo que poca gente duda. Aunque todavía se oyen a padres afirmar con orgullo "mi hijo nunca gateó, directamente se puso a andar a los 10 meses", cada vez más padres acuden a nuestros Talleres de Juegos preocupados porque sus hijos no gatean.

En cualquier libro de psicomotricidad se pueden leer los beneficios que aporta el hecho de que el bebé pase por esta etapa (ver la pestaña 'nuestra biblioteca'). También hay muchas webs y blogs que describen la importancia del gateo además de los posibles problemas que acarrea no pasar por ella. Y es que el gateo no sólo favorece el desarrollo físico del niño, sino que también tiene vitales repercusiones sobre la vista, el sistema del equilibrio, la conexión entre los hemisferios cerebrales, la percepción de uno mismo y su relación con el espacio que le rodea, la lectoescritura...

El gateo, un paso de gigante para tu bebé
Aprendiendo a gatear
Motricidad: gateo, bipedestación y equilibrio
El 95% de los niños que no gatean tienen problemas de lectoescritura
El 90% de los niños estrábicos no ha gateado

Hoy quisiera hablar de lo que los padres podemos hacer para apoyar a nuestros hijos a alcanzar este importante hito. Aunque más concretamente expondré lo que deberíamos evitar hacer. Y es que muchas veces, quizás sin ser conscientes de ello,  ponemos barreras que hacen muy difícil, cuando no imposible, que nuestros hijos gateen.

  1. Nuestros bebés deberían pasar el menor tiempo posible en carritos de paseo, hamacas o maxicosis. Esto debería estar limitado a cuando salimos de paseo o a unos minutos al día porque necesitemos hacer algo (breve) que requiera que lo tengamos a la vista y contenido.  Los expertos en psicomotricidad aconsejan que el bebé esté colocado en una superficie donde tenga gran amplitud de movimento, ya que la consecución del gateo empieza desde las posibilidades que éste tenga desde el nacimiento: una cuna amplia , una superficie semiacolchada sobre el suelo. Y si salimos de paseo, también existe la maravillosa opción de llevarlos en portabebés, tipo canguro.
  2. Evitar llevarlos andando agarrándolos de sus manos si todavía no andan solos. Muchos padres comentan que su bebé no quiere gatear y que sólo quiere andar; y deciden llevarlo de sus manos para que ande en cuanto éste hace gestos de querer incorporarse. Sólo deberíamos hacerlo cuando el lactante sea capaz de incorporarse por sí sólo agarrado al sofá/mueble/pared y andar de lado. Si lo ayudamos a andar antes de que tenga la fuerza y el desarrollo suficiente para hacerlo por sí mismo estamos interfiriendo en su normal evolución. En la mayoría de los casos, si hacemos ésto cuando todavía no gatean, puede que nunca lo hagan.
  3. Evitar colocar al niño en el parquecito/corralito. De nuevo, como cuando hablamos de las sillas de paseo/hamacas/maxicosis, debería estar limitado al menor tiempo posible y sólo cuando lo necesitemos por alguna razón concreta (y de corta duranción). Los parquecitos suelen ser pequeños y limitan mucho la movilidad del niño. Muchos padres deciden meter a sus niños en ellos cuando gatean, sin embargo, es entonces cuando deberían estar fuera gateando por toda la casa (siempre que ésta esté habilitada para la presencia del un niño) o por una habitación amplia y segura.
  4. Evitar utilizar el andador/taca-taca. En algunos países han sido prohibidos porque provocan  muchos accidentes (Canadá). Además repercute de forma negativa sobre el desarrollo infantil: el bebé carga su peso sobre sus piernas que todavía no están fortalecidas para tal tarea, al estar semisentados no ejercita el equilibrio, la espalda no se fortalece...
  5. Evitar colocarlo en posición sentada cuando todavía no lo hace por sí solo.  Su espalda no está preparada para soportar sin tensión esta postura. No fomentamos su autonomía al dejarlo confinado a una posición que requiere la intervención del adulto para "salir de ella". El gateo y el sentarse por sí mismo suelen ocurrir casi al mismo tiempo, ambas se complementan y son necesarias para su sano y equilibrado desarrollo.
  6. Evitar hacer las cosas por él: en palabras de la doctora Emmi Pikler, nuestra intervención debería ser "una estimulación de la actividad autónoma del niño y no de una sustitución de esta actividad o de un simple adiestramiento" ( del libro: Moverse en Libertad. Desarrollo de la motricidad global). Preparar un entorno estimulante y adecuado a su desarrollo; no hacer las cosas por él, no evitarle por sistema esas pequeñas frustraciones que hacen que avance. Estar a su lado dándole apoyo, cariño y ánimo.
En este vídeo podéis observar todo el tiempo que un gateador pasa en esta tarea: observa, experimenta, toca, agita, mueve, lanza, se arrastra, se gira, alcanza, comprueba...bocaabajo, bocaarriba, de lado, con las manos, con la boca, con los pies...












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Foto: Flickr - bio teaching

5 nov 2011

Juegos: psicomotricidad gruesa en niños de 18-24 meses

Desde el punto de vista de transformaciones evolutivas, el período comprendido entre los 12 y los 24 meses es extraordinariamente rico. El niño de 18 meses se encuentra en la mitad de este período, su comportamiento tiene más que ver con un niño de dos años que con el de uno: ya es un bípedo (generalmente el gateo se abandona entre los 13-15 meses), anda sin caer y empieza a corretear. Sin embargo su paso es bamboleante y su carrera rígida (no se le da bien pararse en seco o hacer giros). A los dos años, su desarrollo neuronal, sensitivo y motor está tan desarrollado (y entrenado) que corre con soltura, sube y baja escalones y patea las pelotas.

 Y jugando estimulamos su desarrollo:

1.    Contando subo y bajo escalones.
Alrededor de los 18 meses no necesita ayuda para bajar escalones (siempre que no sean muy altos). Sin embargo, pide tu mano o se agarra a la baranda para subirlos. Podemos aprovechar esta tarea (quizás algo lenta para nosotros los adultos) para empezar a contar los escalones hasta el diez. Antes de su segundo cumpleaños contará del 1 al 10 sin saltarse ningún número. Sin embargo esto no significa que entienda el concepto de número: si lo observas, puede que cuente hasta el10 aunque haya subido sólo 7 escalones.
2.    Que te pillo.
Recién estrenada su habilidad para andar se interesará por empujar objetos. Cualquier juguete que consiste en una barra de madera rígida en uno de cuyos extremos hay un patito/cochecito con ruedas, o una rueda grande con una pelota sonora dentro…. Le fascinará andar empujando el juguete hacia delante mientras oye lo sonidos que emite al rodar. Unos meses más tarde  se interesará por arrastrar juguetes sujetos por una cuerda.
3.    El patito me sigue.
Quizás antes del año y medio ya notes que siente predilección por arrastrar las botas de papá tirando del extremo de los cordones. Su capacidad  para arrastrar un juguete con ruedas mientras camina determina una coordinación manual y postural. Antes de este momento no es capaz de arrastrar este juguete sin mirarlo todo el tiempo, o quizás preferirá  llevarlo colgando y  a su vista.
4.    Pateo la pelota.
Al principio de este semestre prefiere lanzar una pelota con las manos. Poco a poco irá dominado su coordinación motora hasta el punto de pararse delante de la pelota a la suficiente distancia como para acertar en su patada. Propicia este tipo de juegos con pelotas de diferentes tamaños y en distintos tipo de suelo.
5.    Circuito psicomotor.
Consiste en prepararle una especie de yincana que conste de varias pruebas:
·         Camino de baldosas. Coloca distintos tipos de superficies en el suelo y deja que camine sobre ellas con pies descalzos: alfombras de plástico, madera, lana, hierba…
·         El puente. Un trozo de madera sobre dos banquetas bajas y tendrás un puente al que puede  subirse, con tu ayuda. Si dibujas un perro sobre la madera puedes decirle que se agache para acariciarlo. Para bajar, quizás quiera ponerse a gatas y hacerlo de espaldas, o pidiéndote ayuda baja un pie y luego el otro. La idea es que no lo tomes en brazos para subir o bajar, sino que simplemente le eches una mano.
·         Túnel pequeño. Puedes fabricar uno con dos sillas y una tela por encima. Tu hijo se dará cuenta de que la única forma de atravesarlo es a gatas. Si ves que le da algo de miedo, puedes ponerte al otro lado llamándole o mostrándole un juguete que le interese.
·         Túnel grande. Este túnel puede ser algo más alto de tal manera que para atravesarlo tu hijo sólo tenga que agachar un poco la cabeza. Al principio, quizás se coloque a gatas aún teniendo mucho espacio por encima.
6.    Pompas de jabón.
Todo un clásico. De bebés les fascina, ahí sentados las miran con deleite e intentan alcanzar las que caen cerca.  Baila alrededor de él soplando pompas desde distintos sitios: ahora correrá detrás de ellas, se alzará o agachará para tocarlas, quizás intente agarrarlas con la boca…

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Montserrat Reyes

11 oct 2011

La importancia del suelo en el desarrollo global del bebé


En los Grupos de Juegos con padres y bebés jugamos en el suelo (en realidad sobre colchonetas finas). Todos con ropa cómoda y los bebés sin zapatos ni calcetines (éstos suelen resbalar sobre el parquet, también sobre mantas o alfombras). Sentar a nuestro hijo en la hamaquita, el carrito de paseo o en el sofá rodeado de cojines debería estar restringido a mínimos momentos durante el día más que como costumbre habitual. Alrededor de los 4 meses el suelo será su mejor aliado para escalar en su desarrollo global (no sólo físico). 

Sally Goddard (en su libro "Reflejos, aprendizaje y comportamiento") estudia la importancia de los reflejos en el desarrollo infantil. Quizás hemos observado al pediatra, en sus primeras exploraciones a nuestro recién nacido, cómo testaba sus reflejos primarios: el de Moro (el bebé abre sus brazos y manos, quizás llore, tras un estímulo repentino; poco a poco va volviendo a su posición original de flexión de brazos y manos cerradas), el palmar (el bebé queda literalmente colgado de los dedos del explorador cuando éste toca la palma de sus manos cerrándolas fuertemente)…Y varios más. Estos reflejos primarios, necesarios para la adaptación a la vida extrauterina en los primeros meses, han desaparecido alrededor de los 6-12 meses. Algunos han sido sustituidos por otros reflejos, llamados posturales.  La permanencia de alguno de ellos provocará una debilidad o inmadurez estructural en el sistema nervioso: se evidencia en problemas motores, de comportamiento, lectura, escritura, comprensión…
¿Cómo podemos los padres ayudar a que nuestro hijo tenga un desarrollo global sano y fluido, favoreciendo la normal evolución de sus reflejos? Muchas veces no se trata de “qué hacer”, sino de “qué no hacer”. Goddard dice “después del amor y la disciplina, la libertad de movimiento y la libertad de jugar son los regalos más importantes que un padre puede dar a sus hijos”. El aprendizaje del mundo comienza con su propio cuerpo. El suelo es el medio ideal,  libre de barreras, que permite al niño experimentar con su cuerpo. La frustración y los “fracasos” permiten al niño desarrollar estrategias. (1) Un bebé de 7 meses tendido boca arriba en el suelo, ve  un juguete que le interesa, quiere llegar a él, lo intenta moviendo su cuerpo para colocarse boca abajo, protesta porque aún quedó lejos y no sabe gatear, su madre le apoya (pero no le da el juguete para que “no sufra”) y quizás se lo facilita o le alienta y le ayuda a llegar a él. (2) Un bebé de 8 meses acaba de estrenar su habilidad para el gateo, pero todavía no lo controla bien y a veces sus brazos le fallan y cae hacia delante: aprendemos qué es el equilibrio gracias a las caídas. Su mamá permite que experimente con su cuerpo y si llora por el golpe, le consuela y sigue alentando a intentarlo de nuevo.

El aprendizaje ocurre en el cerebro a partir de la información que nos llega del exterior a través de los sentidos. De los sentidos cruciales para el aprendizaje, cinco comparten la percepción del movimiento como denominador común: equilibrio, tacto, visión, audición y propiocepción. “La capacidad de comprender el movimiento a través de los sentidos es el fundamento del aprendizaje”.



Montserrat Reyes