1 mar. 2011

A los 18 meses

Mi hijo Leo acaba de cumplir 18 meses. Vengo notando en él algunos cambios en su comportamiento que me tienen confusa. Lo noto muy sensible y quejoso. Llora con facilidad y parece que ni él mismo sabe por qué. Acude de mí con algo en la mano, me lo da y se pone a llorar, y no acierto a saber qué quiere por mucho que pruebe.  Cuando se siente frustrado tira su chupete, aunque él mismo se sorprende de su gesto y me mira como sorprendido.  Los cambios no le gustan mucho, sobre todo si son cosas personales: llora si muevo su sillita mientras limpio el suelo, aunque esté entretenido en otra cosa. Y se pasa el día abrazado a mi pierna o pidiendo mi mano para llevarme a cualquier lugar que desee ir. ¿Serán rasgos que están definiendo su personalidad? ¿Será que todos los niños pasan por una fase parecida? Se dice que ésta es otra etapa de transición: como a los 3 y 6 meses, también al año.

Inma Marín, en su libro “El placer de jugar”, cuenta que el período comprendido entre 1 y 2 años es muy rico en cuanto a transformaciones evolutivas: desarrollo del lenguaje, perfección de habilidades motoras, conciencia del “yo” separado de los demás.  Su comportamiento es más parecido al de un niño de dos años que de uno, por lo que es fácil exigirle demasiado olvidando  que se encuentra en una fase de transición crítica.

Según Gessel, en su libro “El niño de 1 a 4 años”, el niño de esta edad es reacio a los cambios de rutina (a los 12 meses es más dócil) debido a su inmadurez, por eso los evita luchando (rabietas).  Esta oposición tiene una función conservadora, no es una agresividad gratuita.  Su psicología exige transiciones graduales y moderadas: no le llegan ni la disciplina severa ni los retos. Su negatividad tiene un significado evolutivo, más que emocional. Prefiera golpear al aire y no al intruso, aunque cuando sea  socialmente más maduro seguramente le dará un cachete al intruso.

Es acaparador, parece estar siempre a las faldas de su madre. A los dos años acudirá menos a la madre, pero aún desplegará cierta “resistencia” que constituye un síntoma, completamente normal, de inmadurez. Parece ser que el reconocimiento del “yo” y del “otro” no es tarea fácil a esta edad. A los 18 meses empieza a reclamar lo mío y a distinguir entre tú y yo, aunque de forma muy elemental.   Sus conocimientos sociales son inmaduros: egocéntrico (no egoísta) porque en las demás personas no percibe individuos como él mismo.   

Oigo a padres hablar de sus hijos: es un llorón, está enmadrado, es muy dependiente, es un listillo, me monta el pollo en cualquier lugar... Y les ponen una etiqueta al niño que probablemente él acabe creyendo y actuando en consecuencia. Entiendo que muchas de las actitudes y comportamientos de nuestros hijos a estas edades son fruto del proceso evolutivo en el que están. La clave está en confiar en que ese comportamiento que nos molesta, no lo hace para fastidiar o para aprovecharse de nosotros, sino que tiene un porqué y una función (aunque no sepamos cuál). Confiemos en ello y actuemos entonces con respeto y cariño.  

Montserrat Reyes

1 comentario:

  1. No me acuerdo donde leí esta frase "quiéreme cuando menos me lo merezca",tenemos que tener claro que es una etapa más en su evolución, tampoco debemos obedecer rápidamente a sus deseos más bien apoyarle para que hacerle saber que de esa manera no se consiguen las cosas.En fin, yo le digo "Parece que tienes dos años" jajajajajaaa
    Me encanta la foto. Besos

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