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26 ene 2023

El desarrollo de los pies en el bebé: todo lo que ocurre antes de aprender a caminar y la importancia de saber caerse.

Puede parecer que la función de los pies sólo es importante en el momento en el que el bebé comienza a incorporarse y a dar sus primeros pasos. Claramente necesita una base estable sobre la que sostenerse. Sin embargo, este hito no depende exclusivamente sus pies, es más bien un juego entre equilibrio y movimiento que implica todo el cuerpo. Bien, pero yo quería hablar sólo de los pies. De nuevo es muy difícil hablar del crecimiento sin implicar a todos los sistemas corporales.

Los bebés nacen con los pies con las puntas hacia adentro y necesitan que se desplieguen totalmente para poder apoyarlos y andar. Es un proceso donde se integran componentes biomecánicos, motores, sensoriales y propioceptivos (lo que ayuda a su cerebro a tener una idea más clara de su mapa corporal).

Posición boca arriba. Los pies suelen tocar o golpear la superficie donde están apoyados con los talones y bordes externos. Esto es un estímulo propioceptivo que le permite ubicar sus pies en relación a su cuerpo.

Girar. Con el tiempo apoyará la planta del pie y empujará el suelo para levantar la pelvis, girar o voltearse. Es la primera experiencia de la posición que tendrán los pies cuando camine. 


Boca abajo. Los empeines y los dedos de los pies entran en contacto con el suelo. Los pies flexionados le dan mejor agarre. El dedo gordo tiene función protagonista como conexión de agarre con el suelo y también como pivote. Todo este juego crea importantes conexiones funcionales entre el pie y el resto del cuerpo, contando con un gran superficie de apoyo (su pecho y la pelvis) sin tener que lidiar aún con la complejidad de mantenerse de pie. 



Gatear. 
Cuando empieza a gatear los pies deben estar extendidos. Entra en posiciones con los dedos de los pies flexionados o con toda la planta en el suelo (posición oso) que le dan estabilidad y le permiten utilizar sus manos y brazos para tocar el entorno. Es decir, los puede colocar en otro lugar que no sea el suelo (los brazos van abandonando su función de "pata"). 

  







Incorporarse. Las primeras veces suele tener una organización precaria de pies y piernas, por lo que es necesario que el bebé sepa caerse. Debe aprender a caerse tanto hacia adelante como hacia atrás. 

En cuclillas. Estando de pie, aprenden a caer hacia adelante o hacia atrás simplemente plegándose hacia abajo. Cuando domina esta posición la utilizará para ponerse de pie sin apoyos externos. 

De pie. Al principio es una posición inestable y aprenderá a bajarse flexionando una pierna y estirando la otra, donde explora muchas formas de apoyar el pie sobre el lado interno, externo, sobre la planta. Todas estas posibilidades de lan cada vez mayor manejo de su equilibrio. Ha aprendido a organizar su estabilidad en la vertical apoyándose y confiando en su propio esqueleto. 

Primeros pasos lateralmente con apoyo. Hay pocas excepciones a esta norma, así suelen ser los primeros pasos en el ser humano. Al mismo tiempo sigue necesitando volver al suelo para sentirse seguro.  

De pie sin apoyo. Algo les interesa tanto que sueltan una mano primero y luego la otra. A principio sólo lo hacen por breves momento y si pierde el equilibrio simplemente se deja caer hacia atrás

Primeros pasos con apoyo. Encuentran un taburete bajo o incluso utilizan en mismo carrito de paseo, se agarran y al empujarlos experimentan el traslado de su peso de un pie al otro, pero sin levantar los pies todavía.  

Caminar libre homolateral. Para sus primeros pasos utiliza su cuerpo en bloque, avanza con una pierna y el brazo del mismo lado. El equilibrio es muy inestable y el desplazamiento lento. Para andar con fluidaez y eficacia tiene que desarrollar el patrón cruzado (contralateral). Afortunadamente ya ha experimentado este patrón al arrastrarse y gatear.

Caminar contralateral con apoyo y caminar libre contralateral. El infante utiliza el patrón cruzado cuando adelanta una pierna y el brazo contrario. Es decir, la cintura escapular y la cintura pélvica giran en sentido contrario. Es la forma más eficiente de andar y la base para desarrollar las próximas funciones como correr, tirar, saltar...


"Vamos arriba"... o cuando los adultos ponemos de pie a un bebé.

Muchos padres nos preguntan si es bueno o no incorporar al bebé cuando éste nos pide que lo alcemos. Y es que algunos bebés comienzan a interesarse muy pronto por la posición erguida. Si algún adulto le ayuda a colocarse de pie, por acto reflejo estirará las piernas para encontrar estabilidad. Esto no significa que estén preparados para ello. Incorporarse es algo que realizará el niño por si mismo por impulso, fuerza y cuenta propia cuando él "sienta" que está preparado para arriesgarse a un nuevo movimiento. El bebé quiere ante todo alcanzar la posición alta, es un impulso natural irrefrenable. Y una habilidad importante que se requiere para ello es la de volver al suelo con seguridad, es decir, "saber caerse". Lo que prepara al bebé para caerse de forma segura son todos los movimientos previos que ha realizado antes de llegar aquí: voltearse, reptar y arrastrarse, gatear y sentarse.  El rol de los padres debería ser crear un entorno seguro que permita al infante explorar y aprender estos movimiento tan esenciales para el desarrollo.


Montserrat Reyes Revuelta

Fuente: El Microcosmos del Moviemitno, Phil Unseld (2018)




19 ene 2023

Nuestras 3 principales creencias sobre el desarrollo del recién nacido y bebé

Después de tantos años desde que iniciamos este proyecto y de habernos dedicado escasamente a él en los últimos siete, por fin parece que volvemos a tener el tiempo para retomarlo. Principalmente se debe a que nuestros hijos ya tienen una edad en la que para ellos empieza a ser muy importante la sociabilidad fuera de la familia. Esta independencia que empiezan a conquistar nos posibilita el tiempo necesario para dedicarnos a asuntos más allá de su cuidado atento y constante... es otro tipo de presencia la que necesitan.

Por otro lado, personalmente reconozco que volver a leer todo el material que tenemos en el blog, repasar los apuntes de los grupos de juego, actualizarme con libros y publicaciones de los últimos años... me hace añorar la época en la que mi hijo era pequeño. Y es que para la exposición en los talleres que imparto actualmente a embarazadas en los centros de salud de Málaga, todavía rescato fotos de mi hijo cuando era un bebé y lo veo allí en la pantalla, tan pequeño y tan bonito. Y me pregunto si entonces no era tan consciente como ahora de lo rápido que crecen (como me decían en aquella época todas las madres con hijos con la edad actual del mío) y de lo importante que es la presencia (de calidad) de los padres. Y también me pregunto, como nos preguntamos todos los progenitores, si lo he hecho bien, si debería haberlo hecho de otra forma. Estoy segura que cuando mi hijo nació hubiera agradecido que otra madre, con un hijo de 13 años, me contara de qué va esto de estimular a un hijo, por qué es importante, qué debo tener en cuenta ... de forma sencilla, para darme seguridad. Porque todas las mamás y papás queremos lo mejor para ellos.




1- SIN VÍNCULO NO HAY CRECIMIENTO 

El vínculo es el motor principal que hace que un niño crezca. El amor que los padres profesan a su hijo es la base del desarrollo humano. No es sólo que necesite a sus padres para cubrir sus necesidades básicas (alimento, ropa, aseo) sino que también es imprescindible el contacto humano piel con piel. Y más adelante, cuando el niño comienza a aventurarse a las nuevas posibilidades de su cuerpo (girarse, gatear, ponerse de pie), será la mirada de su madre lo que lo alienta y le da seguridad para crecer.

2- EL MOVIMIENTO ES CRECIMIENTO

El aprendizaje en el ser humano comienza con la experimentación de su propio cuerpo. Todo lo que da placer motiva el aprendizaje: experimentar el propio cuerpo y sus posibilidades es un placer en sí mismo. Por lo tanto, la libertad de movimiento es una caja de tesoros para el desarrollo no sólo motor, sino también cognitivo, sensitivo y social. El lugar más apropiado para el crecimiento de un niño desde los 4 meses es suelo ya que posibilita infinidad de experiencias con su cuerpo.

3- EL CRECIMIENTO OCURRE EN EL CEREBRO

En el desarrollo de un bebé hay un orden complejo y dinámico, donde toda experiencia influye en todos los sistemas. La integración de todos los sentidos y el desarrollo del movimiento son fundamentales para la percepción y el aprendizaje. El cerebro humano nace totalmente preparado para crear conexiones neuronales según sus experiencias y estímulos. Por lo tanto, el recién nacido es un ser altamente competente, inteligente y activo en su desarrollo. 


Resumiendo los tres puntos, el bebé nace con un sistema nervioso listo para adaptarse a vivir en este mundo. Y el entorno más apropiado para su desarrollo equilibrado es libertad de movimiento + suelo + vínculo.


Montserrat Reyes Revuelta

9 abr 2016

El Amor nos hizo humanos

Ha llegado a mis manos un artículo del biólogo chileno Humberto Maturana titulado "Biología del amor, el origen de lo humano". El título ya lo dice todo y me parece tan sorprendente que siento que es interesante compartirlo: el salto evolutivo de primates a humanos fue debido a la emoción del amor. Esta emoción generó una serie de cambios físicos y relacionales.

Pero muchos pensaréis que habéis visto documentales donde mamás chimpancés alimentan y acarician a sus crías en un ambiente de apego y amor. Según científicos que estudian estas comunidades, más allá de la infancia, la relación del grupo de chimpancés se basa en la dominación y el sometimiento. Así que, aquí parece que hay una diferencia con los humanos, donde la relación de amor, colaboración y aceptación es necesaria durante toda la vida. Sin el amor enfermamos, sin él podemos morir.



Según Maturana, las manos humanas son más que instrumentos de manipulación, son órganos de caricias. La mano del chimpancé no puede acariciar porque sus dedos no se extienden totalmente. Es interesante saber que no sólo la pinza nos diferencia de nuestros antepasados los primates, sino también esta capacidad de acomodar la mano a cualquier superficie curva de un cuerpo.





Hay otro punto que nos posibilitó dar ese salto cualitativo parar ser considerados Homo Sapiens Sapiens, y este es el lenguaje. De nuevo Humberto nos guía por los caminos del amor: una vez que la cercanía y el amor se extendió más allá de los años de la infancia, debido a la continuidad de la convivencia, al compartir y cuidar, al acariciarse y protegerse, surgió el lenguaje.

¿Y qué implicaciones tiene en el presente y el futuro esta nueva teoría sobre la evolución de nuestra especie? Este biólogo pone especial atención en la crianza de los hijos, donde sólo sobre una base de intimidad y amor, juego y comunicación en los primeros años, el niño desarrolla un respeto por si mismo y por el otro, creciendo como ser social que vive en cooperación y mutuo apoyo. Por lo tanto, en la medida en que la biología del amor vaya desapareciendo, evolucionaremos a otra especie.

Termino copiando literalmente un texto de este artículo: "...los seres nos preocupamos por los otros porque somos animales lenguajeantes amorosos. Vemos a los otros en tanto hemos crecido y vivido en la biología de la intimidad y en la bilogía del amor, y podemos reflexionar acerca de nuestros deseos debido a que somos animales  que vivimos en conversaciones reflexivas. El amor es nuestra base, la cercanía nuestro fundamente, y si los perdemos, tratamos una y otra vez de recobrar el amor y la cercanía, debido a que sin ellos desaparecemos como seres humanos aún si nuestra corporalidad permanece como entidad zoológica. Homo sapiens sapiens. Incluso la salud psíquica y fisiológica depende del amor, y la palabra puede restablecer o contribuir a la armonía fisiológica, cualquiera que sea la manera en que haya sido perdida. Sabemos todo esto, pero lo olvidamos en la ilusión de omnipotencia a través de confundir inteligencia con manipulación..."



Montserrat Reyes


Picture: fuente maturanabiologico.blogspot.com

5 ago 2015

Inaugurado el primer grupo de Psicomotricidad...y más

Como muchos ya sabéis, antes del verano (2015) organizamos unas sesiones gratuitas de Psicomotricidad Educativa en el CIP (Málaga),  para niños entre 4 y 9 años. Todos los jueves por la tarde allí nos encontrábamos Lidia y yo, con nuestros hijos, esperando a familias interesadas. Pero desde la segunda semana ya tuvimos que pedir a los padres que confirmaran su asistencia, porque nos encontramos con demasiadas familias y sin poder garantizar una asistencia de calidad para cada uno. Los niños estaban tan contentos que no querían dejar de acudir, así que optamos por crear un grupo formal para el mismo mes de Junio. Por lo que quedó inaugurado el primer grupo de Psicomotricidad en Málaga, formado por 8 niños. Nos hemos visto una tarde a la semana, en sesiones de hora y media. Nos estamos dando un descanso en los meses de Julio y Agosto, pero volveremos en Septiembre. En la entrada anterior explicábamos en qué consisten las tardes de Psicomotricidad, sus objetivos y metodología  y para quiénes pueden ser útiles.


Para este curso que pronto inauguramos (2015/16) tenemos más proyectos. En nuestros años trabajando la psicomotricidad con niños y especialmente con bebés que todavía no andan, nos hemos dado cuenta de que no sólo los padres, sino también lo profesionales de la pediatría no tienen muy claro las etapas motrices por las que pasa (o debería pasar) un bebé sano. Y sobre todo, cuáles son esas actitudes y costumbres familiares/culturales que, de alguna manera, dificultan que este niño en desarrollo pueda llevar a cabo todas sus potencialidades. Hemos visto en nuestro trabajo con los Grupos de Juego con Padres y  Bebés y también lo constatamos en las consultas que los padres nos hacen en este blog, que muchos profesionales dan consejos que son más bien fruto de creencias personales que de hechos demostrados y contrastados. Es para todos ellos que hemos elaborado un curso experiencial sobre el desarrollo psicomotriz en bebés y estrategias lúdicas y actitudinales para que el niño crezca de forma armónica. Explicaremos y vivenciaremos por qué el niño necesita el suelo y el movimiento libre y espontáneo para logar un sano desarrollo no sólo físico, sino también emocional, social y cognitivo. Cuáles son  las actitudes que dificultan la consecución de hitos importantes en esta etapa, como el gateo. Qué condiciones son necesarias para su sano desarrollo. Por qué el vínculo con los padres es la base sobre la que se construye el crecimiento. Qué papel juegan los sentidos. Y además jugaremos a esos juegos tan vitales para ellos, para entender por qué lo son.   Este curso se llevará a cabo en Febrero del próximo año. Va dirigido a padres, pediatras, enfermeras, educadores infantiles, logopedas o cualquier otro profesional interesado en el bebé y su sano desarrollo. Si estás interesado contáctanos.


Montserrat Reyes y Lidia García-Fresneda

Entradas relacionadas:
La Psicomotricidad en Málaga
Nuestra propuesta de incluir la Psicomotricidad Educativa en los colegios
El placer de moverse
Desplegándose

3 mar 2015

Nosotros, su mejor estímulo: LA MIRADA


¡Mira, mamá, mírame! Los niños buscan la mirada de los padres, necesitan saber, desde muy pequeños, si ellos aprueban su comportamiento, valoran sus logros y cómo les ven. 

En los Grupos de Juego para padres y bebés (Málaga)  jugamos con la vista. ¿Por qué es tan importante cómo miramos a nuestro hijo? ¿Qué comunica la mirada de una madre y de un padre?







"¡Mamá, mira, mírame!". Es, probablemente, una de las frases que más escucharemos durante los primeros años de nuestros hijos. Y nuestra mirada debe estar disponible para observar lo que se nos pide. Es la que da el valor definitivo al logro del bebé, la que permite o prohíbe, la que devuelve al niño el concepto que tenemos de él, que después hará suyo. No hay nada más estimulante que la mirada de los padres.









Un "sí" con la mirada

Hagamos un experimento: sentémonos junto a nuestro bebé o nuestro hijo pequeño mientras juega, sin intervenir. Simplemente mantengámonos a su lado. Observémoslo a él y a nosotros mismos. ¿Qué transmite nuestra mirada espontánea? ¿Inquietud, alegría, aprobación, desaprobación? Respecto a nuestro hijo... ¿podemos percibir algún cambio en su comportamiento simplemente por estar nosotros allí, observándolo? Permitámonos ensayar las diferentes miradas (aprobación, reprobación, alegría, fastidio) y tomemos nota de sus efectos.

Imitamos nuestros gestos

La imitación es instintiva en el bebé, y ponernos frente a él a imitarlo (o ser imitados), una fuente de placer para ambos. Con los niños más mayores (de más de dos o tres años)podemos jugar expresamente a imitar, uno frente a otro, gestos. Cada vez propone uno. Imitar gestos estimula la necesaria empatía que nos permite entender qué le pasa al otro y vivir en comunidad. 

Adivina cómo me siento

Tapamos el resto de la cara con un pañuelo, dejando los ojos al descubierto, y los niños deben averiguar si estamos contentos, tristes, enfadados sólo mirando nuestros ojos. Cuando el niño da su veredicto, destapamos la cara. (Para jugar con niños mayores de tres años).

Conectar con nosotros

Desde que nacen los niños buscan conectar su mirada con la de un adulto. Nos miran insistentemente, y si encuentran eco, otra mirada, su deseo de seguir ahí prendidos hace que vayan desarrollando cada vez más capacidad para mantener su mirada y atención. En este mundo de atenciones dispersas buscamos objetos, imágenes que favorezcan una atención sostenida sin darnos cuenta de que tenemos lo más estimulante en la cara. Mirarnos a los ojos el mayor tiempo posible, con o sin palabras, favorece todos los procesos relacionados con la atención. (Desde que nacen).



Lidia García Fresneda
Texto original: serpadres.es

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1 nov 2014

Nosotros, su mejor estímulo: LA VOZ


Nos hemos desarrollado con la voz de nuestra madre vibrando en todo nuestro cuerpo incluso antes de poder escucharla. Y a partir del séptimo mes de embarazo el feto oye al padre. O sea que a la hora de adaptarse al nuevo mundo no todo es nuevo: la voz es antigua, pertenece a ese espacio de completa seguridad del útero. Será la voz la primera que mostrará al niño que, a pesar de no ver a mamá, ella está ahí, en algún lugar... Porque suena su voz.



Los bebés solo entienden el entusiasmo auténtico

Cualquiera que conviva con un niño pequeño habrá observado que, cuando consigue algo por sí mismo, nos busca inmediatamente para comprobar si hemos sido testigos. Confirmamos con nuestra mirada su acto, pero también con la voz: "¡Qué bien!", decimos realmente admirados. No se trata de las palabras interesadas de alguien que estimula, sino de las palabras cargadas de auténtico entusiasmo de un acompañante sorprendido. (A los bebés  y niños, expertos en tonos de voz y gestualidad, no los engañamos con estudiadas fórmulas de aprobación, sólo prestan atención a las expresiones auténticas).
Con nuestras palabras honestas nos convertimos en los principales impulsores de su desarrollo, además de transmitirles qué se puede hacer y qué no. Al principio todas nuestras palabras, sobre todo las que permiten o reprueban comportamiento, tendrán que ir acompañadas de una acción coherente por parte del adulto. Cuando los pequeños integren el mensaje nuestras palabras actúan como una mano en el aire. Podemos explorar las posibilidades de nuestra voz de muchas formas.

La magia de las nanas

Las nanas son algo más que una canción infantil. Lo reúnen todo: el abrazo, la mirada y la voz, que canta para el niño adaptándose a su estado de ánimo y necesidades. Son una auténtica puerta para la comunicación entre madre o padre e hijo. Este momento de bienestar tiene un alto rendimiento: no en vano señalan las nanas y canciones infantiles como claves para el desarrollo del bebé. (Para bebés)

Vamos a leer un cuento

Al contar un cuento el padre o la madre se diluyen en la historia; lo importante ya no son ellos sino lo que están contando. Sin embargo ¿hay algo mejor y más seguro que la voz de los padres para adentrarse en fascinantes y desconocidos parajes, en las turbias y complejas emociones de los cuentos? Juguemos con nuestra voz, ese vehículo (o pasaporte) a tantas historias que nos divierten y dan sentido a lo que ocurre.

Una familia afinada

Cantar juntos en el coche, en casa o en cualquier situación, es un ejercicios de coordinación y afinación familiar que nos permitirá compartir algo importante: la belleza de nuestras voces. Y nos divertiremos un montón cantando al compás. 

¿Cómo lo dirías si estuvieras...?

Nuestra voz es la principal expresión de nuestra emoción. Expresa no solo por lo que dice, sino sobre todo por cómo dice. Este juego nos permite tomar conciencia de ello, además de ponernos en el lugar del otro. Proponemos una frase sencilla, por ejemplo, "Toma el zumo", y la decimos por turnos en distintos tonos (enfado, alegría, desconfianza, desgana...). Se trata de explorar las diferentes emociones, y de comprobar si las identificamos.


Por: Lidia García Fresneda

Artículo original en : serpadres.es

21 ago 2014

"Algunos niños no gatean" ¿Es esto cierto?

Las consultas que más recibimos son las de padres preocupados porque sus hijos no gatean. Buscan respuestas y quieren saber qué hacer para que este hito sea alcanzado por sus bebés.

Y esto ocurre porque hace ya bastante tiempo que se reconoce el gateo como una fase muy importante para el desarrollo del niño y del futuro adulto, para sus facultades físicas, emocionales y sociales. Pero ni las madres ni los profesionales tenemos claro cómo hacer para que ocurra. Ponemos nuestra mejor intención, damos palos de ciego y a veces, algo tarde, nos damos cuenta de que estábamos poniendo obstáculos. Y nos duele en el alma no haberlo sabido antes.

Muchas mamás reconocen que, si bien les preocupaba que con el paso de los meses su hijo no gateara, siempre se aliviaban al escuchar comentarios de amigos que les decían “no te preocupes, algunos niños no gatean”. ¿Es esto cierto?



La afirmación “algunos niños no gatean” es cierta. Es cierto que algunos no gatean. Pero lo que no es cierto es lo que se asume con esta frase: que el hecho de que un bebé gatee o no está determinado por sus genes, su temperamento… por algo interno a ellos. Se asume que igual que tu hijo puede ser tranquilo o nervioso, también "te puede tocar” un gateador o no gateador.

Nuestra experiencia profesional nos lleva a replantearnos constantemente esta idea, tan aceptada. Y lo que día a día comprobamos (y así lo corrobora la literatura escrita) es que un niño sano gateará siempre que se encuentre con las condiciones adecuadas, esto es, un ambiente familiar que permita y favorezca el gateo. Y esto se concreta básicamente en una superficie amplia, el suelo, donde el niño pueda moverse en libertad y experimentar el entorno y sus objetos con todo su cuerpo desde los primeros meses (y no desde que le "toca" gatear).

Muchos de los artilugios que facilitan nuestra vida, dificultan el gateo. Una vez que el bebé tiene sus necesidades básicas cubiertas (hambre, sueño, amor, abrigo) está listo para afrontar retos, no para permanecer tranquilo, quieto o entretenido sin hacer nada o como mucho utilizando las manos, que es lo que favorece todo el mobiliario que lo mantiene sentado. Por eso para que el niño gatee deberíamos evitar usar hamaquitas, maxicosis o sillitas de paseo como medio para que el bebé pase su tiempo, simplemente porque el tiempo que pasa sentado no está tumbado, la postura que le permitirá alcanzar el gateo. También deberíamos olvidarnos de los andadores o taca-tacas. Y, por supuesto, no sentarlos cuando todavía no lo hacen por sí mismos, ni hacerlos andar llevándolos agarrados delas manos. Todo ello en un ambiente donde sus cuidadores están disponibles, receptivos a sus necesidades y vinculados con ese bebé que tanto necesita de su amor y apoyo. 

No se trata de hacer ejercicios, ni gimnasia, ni movimientos en serie. Un bebé se desarrolla y aprende a través del placer y del juego, en un ambiente adecuado y junto a unos padres amorosos.

 
Entradas relacionadas:
Prácticas desaconsejadas: hacerlo andar


Montserrat Reyes y Lidia García  

1 ago 2014

Dormir con tu bebé, una cuestión cultural

Con la entrada de la semana pasada ¿Por qué los estilos de crianza difieren según la cultura? iniciamos una serie de artículos relacionados con la etnopediatría, ciencia que se enfoca en explicar cómo nuestra particular forma de criar a nuestros hijos está fuertemente influencia por lo que la cultura en la que vivimos establece como correcto o aceptable.

De entre todos los aspectos de la crianza que tienen distintas prácticas a lo largo de nuestro planeta,  el manejo del sueño de nuestros bebés es quizás el más controvertido. Compartir o no el descanso nocturno con los hijos es algo que los padres deciden, sean conscientes o no, según las tendencias culturales de su hábitat, ya que no hay evidencia científica que establezca que es mejor para los bebés dormir solos. De hecho existen estudios (Dr. James McKennas) que muestran que fisiológicamente es mejor para los bebés dormir acompañados.

Aunque no existe data que lo demuestre, muchos adultos piensan que dormir acompañados fomenta la dependencia emocional del niño, aspecto considerado negativo para algunas sociedades . En Estados Unidos y en algunos países occidentales esta decisión es incluso ocultada porque se juzga como extraña, patológica o incluso pecaminosa. Lo que la antropología nos dice es que en las culturas en las que el objetivo es integrar a los niños en la sociedad, los bebés están siempre junto a los adultos, incluso de noche. Aquellas que consideran primordial la independencia y la autoconfianza para tener éxito en la vida fomentan que los bebés duerman solos.

Los estudios experimentales del Dr. Mckenna, donde mamás y bebés eran estudiados durante el sueño (tanto en la misma cama como en distintas habitaciones) arrojaron las siguientes observaciones:
  • Cuando una madre y su bebé duermen juntos están fisiológicamente ligados. Los movimientos y respiraciones de uno influyen en el otro.
  • La mayoría de las parejas observadas duermen cara a cara, que demuestra ser importante para la regulación de la respiración, temperatura y frecuencia cardíaca del bebé.
  • Las mamás repetidamente besan, tocan, reposicionan al hijo. Instintivamente, e incluso medio dormidas, lo alejan del peligro. 
Todavía, en casi todas las culturas del planeta, los bebés duermen con un adulto y los niños duermen con sus padres o hermanos.  Y no es simplemente cuestión de desarrollo o pobreza. Culturas distintas a las económicamente desarrolladas como la americana, consideran la costumbre de hacer dormir a los bebés solos como una actitud amoral y sienten que los padres son negligentes e irresponsables.

¿Qué es lo correcto entonces? Lo que más me impacta es oír a profesionales sanitarios de la pediatría y educadores infantiles, cuyas opiniones son tenidas en cuenta por la mayoría de los padres, criticando abiertamente a padres por dormir con sus hijos, considerando esta decisión como una debilidad de los adultos que influye negativamente en el desarrollo global de sus hijos. No hay evidencia que demuestre que dormir con los hijos es algo negativo para los hijos, para los padres o para ambos. Tengamos en cuenta que cuando damos un consejo, prácticamente estamos dando nuestra opinión, lo cuál no está mal, siempre que los padres que reciben esas opiniones no crean que, como profesionales de la infancia,  estamos ofreciendo una evidencia sostenida y basada en teorías estudiadas.


Para leer más sobre el estudio sobre co-sleeping puedes visitar esta enlace
Fuente: SMALL, M.F.  Our babies, ourselves. How biology and culture shape the way we parent.  Ed. Anchor Books (ebooks).


Entradas relacionadas:
¿Por qué los estilos de crianza difieren según la cultura?
El llanto del bebé: un acto de comunicación
Montserrat Reyes

21 jul 2014

¿Por qué los estilos de crianza difieren según la cultura?


Todos los adultos, seamos padres o no, tenemos una opinión más o menos firme sobre cómo educar a los hijos. Generalmente creemos que nuestras ideas sobre cómo criar niños felices y sanos son las más adecuadas, incluso aunque no hablemos de nuestros hijos (o quizás ni tengamos). Sin embargo, pocos somos conscientes de que esas creencias son una mezcla de varios factores: de lo que aprendimos de nuestros padres, de nuestras vivencias sobre cómo todo eso podría mejorarse y de lo que la cultura en la que vivimos dice que es correcto.


La etnopediatría es una rama de la antropología que estudia la influencia que la cultura tiene en la forma de criar a nuestros descendientes. Cada cultura tiene unos valores e ideales sobre cómo deben ser sus miembros y en función de lo que se espera de cada uno de nosotros así educamos de una u otra forma. Por ejemplo, la cultura estadounidense valora a ciudadanos independientes y con alta autoestima, ambas actitudes necesarias para conseguir un puesto privilegiado en una sociedad altamente competitiva. Es por ello que desde el nacimiento se favorece el desarrollo de estas cualidades: las mamás americanas hablan a sus bebés para que éstos adquieran habilidades expresivas prontamente, ya que ello es considerado una actitud importante para el éxito. Por el contrario, los nómadas Kung San de Botswana (África) viven en pequeñas comunidades donde el sentimiento de “pertenencia al grupo” es de vital importancia para la supervivencia. Las madres dedican poco tiempo al alabar y hablar con sus hijos, ya que consideran que eso les haría sentirse más especiales en un entorno donde el sentimiento de igualdad es necesario para trabajar por la comunidad.

Por lo tanto, en función de los valores de la cultura donde vivimos así  criamos. No es una cuestión de egoísmo, de ignorancia, de desarrollo o retraso. Para adaptarnos a nuestro entorno, a sus características físicas, sociales y económicas, valoramos ciertas actitudes que transmitimos a nuestros hijos. Aún así, los padres deberíamos tener en cuenta que hay más alternativas más allá de aquella que pensamos que es “completamente adecuada” para la educación y crianza de los hijos.

Sin embargo, los recién nacidos de todo el planeta nacen con las mismas necesidades biológicas. Están equipados con unas herramientas de supervivencias que se asemejan en gran proporción a aquellas de nuestros antepasados hace miles de años. Ahora bien, el desarrollo económico y tecnológico tan rápido de nuestros tiempos ha impuesto unos cambios en nuestra cultura que influencian definitivamente en los estilos de crianza. El problema surge cuando estas nuevas estrategias parentales chocan con la realidad fisiológica (y psicológica) de los recién nacidos:

SMALL, M.F. Our babies, ourselves. How biology and culture shape the way we parent.  Ed. Anchor Books (ebooks).

Montserrat Reyes