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19 ene 2023

Nuestras 3 principales creencias sobre el desarrollo del recién nacido y bebé

Después de tantos años desde que iniciamos este proyecto y de habernos dedicado escasamente a él en los últimos siete, por fin parece que volvemos a tener el tiempo para retomarlo. Principalmente se debe a que nuestros hijos ya tienen una edad en la que para ellos empieza a ser muy importante la sociabilidad fuera de la familia. Esta independencia que empiezan a conquistar nos posibilita el tiempo necesario para dedicarnos a asuntos más allá de su cuidado atento y constante... es otro tipo de presencia la que necesitan.

Por otro lado, personalmente reconozco que volver a leer todo el material que tenemos en el blog, repasar los apuntes de los grupos de juego, actualizarme con libros y publicaciones de los últimos años... me hace añorar la época en la que mi hijo era pequeño. Y es que para la exposición en los talleres que imparto actualmente a embarazadas en los centros de salud de Málaga, todavía rescato fotos de mi hijo cuando era un bebé y lo veo allí en la pantalla, tan pequeño y tan bonito. Y me pregunto si entonces no era tan consciente como ahora de lo rápido que crecen (como me decían en aquella época todas las madres con hijos con la edad actual del mío) y de lo importante que es la presencia (de calidad) de los padres. Y también me pregunto, como nos preguntamos todos los progenitores, si lo he hecho bien, si debería haberlo hecho de otra forma. Estoy segura que cuando mi hijo nació hubiera agradecido que otra madre, con un hijo de 13 años, me contara de qué va esto de estimular a un hijo, por qué es importante, qué debo tener en cuenta ... de forma sencilla, para darme seguridad. Porque todas las mamás y papás queremos lo mejor para ellos.




1- SIN VÍNCULO NO HAY CRECIMIENTO 

El vínculo es el motor principal que hace que un niño crezca. El amor que los padres profesan a su hijo es la base del desarrollo humano. No es sólo que necesite a sus padres para cubrir sus necesidades básicas (alimento, ropa, aseo) sino que también es imprescindible el contacto humano piel con piel. Y más adelante, cuando el niño comienza a aventurarse a las nuevas posibilidades de su cuerpo (girarse, gatear, ponerse de pie), será la mirada de su madre lo que lo alienta y le da seguridad para crecer.

2- EL MOVIMIENTO ES CRECIMIENTO

El aprendizaje en el ser humano comienza con la experimentación de su propio cuerpo. Todo lo que da placer motiva el aprendizaje: experimentar el propio cuerpo y sus posibilidades es un placer en sí mismo. Por lo tanto, la libertad de movimiento es una caja de tesoros para el desarrollo no sólo motor, sino también cognitivo, sensitivo y social. El lugar más apropiado para el crecimiento de un niño desde los 4 meses es suelo ya que posibilita infinidad de experiencias con su cuerpo.

3- EL CRECIMIENTO OCURRE EN EL CEREBRO

En el desarrollo de un bebé hay un orden complejo y dinámico, donde toda experiencia influye en todos los sistemas. La integración de todos los sentidos y el desarrollo del movimiento son fundamentales para la percepción y el aprendizaje. El cerebro humano nace totalmente preparado para crear conexiones neuronales según sus experiencias y estímulos. Por lo tanto, el recién nacido es un ser altamente competente, inteligente y activo en su desarrollo. 


Resumiendo los tres puntos, el bebé nace con un sistema nervioso listo para adaptarse a vivir en este mundo. Y el entorno más apropiado para su desarrollo equilibrado es libertad de movimiento + suelo + vínculo.


Montserrat Reyes Revuelta

9 abr 2016

El Amor nos hizo humanos

Ha llegado a mis manos un artículo del biólogo chileno Humberto Maturana titulado "Biología del amor, el origen de lo humano". El título ya lo dice todo y me parece tan sorprendente que siento que es interesante compartirlo: el salto evolutivo de primates a humanos fue debido a la emoción del amor. Esta emoción generó una serie de cambios físicos y relacionales.

Pero muchos pensaréis que habéis visto documentales donde mamás chimpancés alimentan y acarician a sus crías en un ambiente de apego y amor. Según científicos que estudian estas comunidades, más allá de la infancia, la relación del grupo de chimpancés se basa en la dominación y el sometimiento. Así que, aquí parece que hay una diferencia con los humanos, donde la relación de amor, colaboración y aceptación es necesaria durante toda la vida. Sin el amor enfermamos, sin él podemos morir.



Según Maturana, las manos humanas son más que instrumentos de manipulación, son órganos de caricias. La mano del chimpancé no puede acariciar porque sus dedos no se extienden totalmente. Es interesante saber que no sólo la pinza nos diferencia de nuestros antepasados los primates, sino también esta capacidad de acomodar la mano a cualquier superficie curva de un cuerpo.





Hay otro punto que nos posibilitó dar ese salto cualitativo parar ser considerados Homo Sapiens Sapiens, y este es el lenguaje. De nuevo Humberto nos guía por los caminos del amor: una vez que la cercanía y el amor se extendió más allá de los años de la infancia, debido a la continuidad de la convivencia, al compartir y cuidar, al acariciarse y protegerse, surgió el lenguaje.

¿Y qué implicaciones tiene en el presente y el futuro esta nueva teoría sobre la evolución de nuestra especie? Este biólogo pone especial atención en la crianza de los hijos, donde sólo sobre una base de intimidad y amor, juego y comunicación en los primeros años, el niño desarrolla un respeto por si mismo y por el otro, creciendo como ser social que vive en cooperación y mutuo apoyo. Por lo tanto, en la medida en que la biología del amor vaya desapareciendo, evolucionaremos a otra especie.

Termino copiando literalmente un texto de este artículo: "...los seres nos preocupamos por los otros porque somos animales lenguajeantes amorosos. Vemos a los otros en tanto hemos crecido y vivido en la biología de la intimidad y en la bilogía del amor, y podemos reflexionar acerca de nuestros deseos debido a que somos animales  que vivimos en conversaciones reflexivas. El amor es nuestra base, la cercanía nuestro fundamente, y si los perdemos, tratamos una y otra vez de recobrar el amor y la cercanía, debido a que sin ellos desaparecemos como seres humanos aún si nuestra corporalidad permanece como entidad zoológica. Homo sapiens sapiens. Incluso la salud psíquica y fisiológica depende del amor, y la palabra puede restablecer o contribuir a la armonía fisiológica, cualquiera que sea la manera en que haya sido perdida. Sabemos todo esto, pero lo olvidamos en la ilusión de omnipotencia a través de confundir inteligencia con manipulación..."



Montserrat Reyes


Picture: fuente maturanabiologico.blogspot.com

3 mar 2015

Nosotros, su mejor estímulo: LA MIRADA


¡Mira, mamá, mírame! Los niños buscan la mirada de los padres, necesitan saber, desde muy pequeños, si ellos aprueban su comportamiento, valoran sus logros y cómo les ven. 

En los Grupos de Juego para padres y bebés (Málaga)  jugamos con la vista. ¿Por qué es tan importante cómo miramos a nuestro hijo? ¿Qué comunica la mirada de una madre y de un padre?







"¡Mamá, mira, mírame!". Es, probablemente, una de las frases que más escucharemos durante los primeros años de nuestros hijos. Y nuestra mirada debe estar disponible para observar lo que se nos pide. Es la que da el valor definitivo al logro del bebé, la que permite o prohíbe, la que devuelve al niño el concepto que tenemos de él, que después hará suyo. No hay nada más estimulante que la mirada de los padres.









Un "sí" con la mirada

Hagamos un experimento: sentémonos junto a nuestro bebé o nuestro hijo pequeño mientras juega, sin intervenir. Simplemente mantengámonos a su lado. Observémoslo a él y a nosotros mismos. ¿Qué transmite nuestra mirada espontánea? ¿Inquietud, alegría, aprobación, desaprobación? Respecto a nuestro hijo... ¿podemos percibir algún cambio en su comportamiento simplemente por estar nosotros allí, observándolo? Permitámonos ensayar las diferentes miradas (aprobación, reprobación, alegría, fastidio) y tomemos nota de sus efectos.

Imitamos nuestros gestos

La imitación es instintiva en el bebé, y ponernos frente a él a imitarlo (o ser imitados), una fuente de placer para ambos. Con los niños más mayores (de más de dos o tres años)podemos jugar expresamente a imitar, uno frente a otro, gestos. Cada vez propone uno. Imitar gestos estimula la necesaria empatía que nos permite entender qué le pasa al otro y vivir en comunidad. 

Adivina cómo me siento

Tapamos el resto de la cara con un pañuelo, dejando los ojos al descubierto, y los niños deben averiguar si estamos contentos, tristes, enfadados sólo mirando nuestros ojos. Cuando el niño da su veredicto, destapamos la cara. (Para jugar con niños mayores de tres años).

Conectar con nosotros

Desde que nacen los niños buscan conectar su mirada con la de un adulto. Nos miran insistentemente, y si encuentran eco, otra mirada, su deseo de seguir ahí prendidos hace que vayan desarrollando cada vez más capacidad para mantener su mirada y atención. En este mundo de atenciones dispersas buscamos objetos, imágenes que favorezcan una atención sostenida sin darnos cuenta de que tenemos lo más estimulante en la cara. Mirarnos a los ojos el mayor tiempo posible, con o sin palabras, favorece todos los procesos relacionados con la atención. (Desde que nacen).



Lidia García Fresneda
Texto original: serpadres.es

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1 nov 2014

Nosotros, su mejor estímulo: LA VOZ


Nos hemos desarrollado con la voz de nuestra madre vibrando en todo nuestro cuerpo incluso antes de poder escucharla. Y a partir del séptimo mes de embarazo el feto oye al padre. O sea que a la hora de adaptarse al nuevo mundo no todo es nuevo: la voz es antigua, pertenece a ese espacio de completa seguridad del útero. Será la voz la primera que mostrará al niño que, a pesar de no ver a mamá, ella está ahí, en algún lugar... Porque suena su voz.



Los bebés solo entienden el entusiasmo auténtico

Cualquiera que conviva con un niño pequeño habrá observado que, cuando consigue algo por sí mismo, nos busca inmediatamente para comprobar si hemos sido testigos. Confirmamos con nuestra mirada su acto, pero también con la voz: "¡Qué bien!", decimos realmente admirados. No se trata de las palabras interesadas de alguien que estimula, sino de las palabras cargadas de auténtico entusiasmo de un acompañante sorprendido. (A los bebés  y niños, expertos en tonos de voz y gestualidad, no los engañamos con estudiadas fórmulas de aprobación, sólo prestan atención a las expresiones auténticas).
Con nuestras palabras honestas nos convertimos en los principales impulsores de su desarrollo, además de transmitirles qué se puede hacer y qué no. Al principio todas nuestras palabras, sobre todo las que permiten o reprueban comportamiento, tendrán que ir acompañadas de una acción coherente por parte del adulto. Cuando los pequeños integren el mensaje nuestras palabras actúan como una mano en el aire. Podemos explorar las posibilidades de nuestra voz de muchas formas.

La magia de las nanas

Las nanas son algo más que una canción infantil. Lo reúnen todo: el abrazo, la mirada y la voz, que canta para el niño adaptándose a su estado de ánimo y necesidades. Son una auténtica puerta para la comunicación entre madre o padre e hijo. Este momento de bienestar tiene un alto rendimiento: no en vano señalan las nanas y canciones infantiles como claves para el desarrollo del bebé. (Para bebés)

Vamos a leer un cuento

Al contar un cuento el padre o la madre se diluyen en la historia; lo importante ya no son ellos sino lo que están contando. Sin embargo ¿hay algo mejor y más seguro que la voz de los padres para adentrarse en fascinantes y desconocidos parajes, en las turbias y complejas emociones de los cuentos? Juguemos con nuestra voz, ese vehículo (o pasaporte) a tantas historias que nos divierten y dan sentido a lo que ocurre.

Una familia afinada

Cantar juntos en el coche, en casa o en cualquier situación, es un ejercicios de coordinación y afinación familiar que nos permitirá compartir algo importante: la belleza de nuestras voces. Y nos divertiremos un montón cantando al compás. 

¿Cómo lo dirías si estuvieras...?

Nuestra voz es la principal expresión de nuestra emoción. Expresa no solo por lo que dice, sino sobre todo por cómo dice. Este juego nos permite tomar conciencia de ello, además de ponernos en el lugar del otro. Proponemos una frase sencilla, por ejemplo, "Toma el zumo", y la decimos por turnos en distintos tonos (enfado, alegría, desconfianza, desgana...). Se trata de explorar las diferentes emociones, y de comprobar si las identificamos.


Por: Lidia García Fresneda

Artículo original en : serpadres.es

29 sept 2014

¿Está mi bebé listo para jugar?

En el número de septiembre de Ser Padres publiqué un especial sobre el desarrollo del bebé. Una de las preguntas que me hice a la hora de elaborarlo es la de cómo distinguir si el estímulo o el momento elegidos son apropiados. Aquí os dejamos este extracto, publicado por la revista en internet. El próximo mes publicaremos en jugandoenfamilia el resto del especial, en el que nos preguntamos, entre otras cosas, por la diferencia que hay entre estimular y ofrecer estímulos, y cuáles son los estímulos más importantes para el desarrollo del bebé.








Al hablar con el bebé, acariciarle o achucharle favorecemos su desarrollo, siempre que lo hagamos cuando él está receptivo. ¿Y cómo se sabe si llegamos en un buen momento?









El desarrollo se produce cuando el niño entra en contacto con el estímulo idóneo en el momento justo. A veces no es el momento, a veces el estímulo no es oportuno, y eso es algo que en realidad podemos comprobar cada vez. ¿Cómo?
Si el bebé llora o se enfada mucho, el estímulo (o el momento) no son adecuados.
Si el niño o bebé no le presta la menor atención, sin duda no ha llegado en el mejor momento, o no es apto para su edad. 

Es común ofrecer a los niños objetos o juguetes para más mayores (como la ropa, para que no se le quede pequeña), y además a veces en las cajas de juguetes la edad no está bien ajustada. En realidad no es la edad, sino el grado de madurez y los intereses personales los que marcan qué tendrá éxito y qué no. Cuando el estímulo llega antes de tiempo no suele encontrar ningún eco en el niño (o le produce estrés). Es el momento de guardarlo para más adelante. Si llega tarde, es el momento de regalarlo. 

Cada estímulo genera una respuesta en el niño o bebé, y esa respuesta es precisamente lo interesante, lo que le ayuda en su desarrollo. Por eso los estímulos unidireccionales (que dejan al bebé o al niño como hipnotizado, sin respuesta) tampoco son adecuados. Nos referimos aquí, por ejemplo, a la televisión o la tablet. La interacción de nuestro hijo con el objeto es fundamental.

Por: Lidia García-Fresneda, experta en Desarrollo Psicomotor y Psicomotricista

Artículo original en: sepadres.es

8 sept 2014

Libertad de movimiento... a todas las edades (O qué ocurre cuando no le decimos a los niños qué deben hacer)

Todos tenemos un poco de miedo al vacío. A no tener nada que hacer. Pensamos que si no nos organizamos bien no avanzaremos, no aprenderemos, no conseguiremos nada. Fruto de esa idea nacen las ajustadas programaciones, programaciones que lenta y subrepticiamente han ido colándose en todos los ámbitos de nuestra vida, incluyendo el tiempo de ocio.

Durante algunos veranos apunté a mi hijo en campamentos urbanos. Me daban una hojita de actividades apretadas que, cuando vi por primera vez, colmó todas mis ambiciones maternas: con una superactividad cada hora estaba claro que todas las necesidades de entretenimiento quedarían cubiertas. Un ejemplo real, de una mañana de campamento: fútbol, rocódromo, fama (baile), natación... ¿quién da más? Pero resultó que a mi hijo no le gustaron nada los campamentos, ni ese ni otras variedades que seguí probando. Yo me preguntaba... ¿qué falla en este planteamiento, con lo "guay" que parecen todas estas actividades?

Este verano he buscado un campamento familiar en el que compartir unos días con los niños, es decir un campamento pensado para familias con hijos. Lo busqué expresamente con actividades para todos los que íbamos (yo -madre-, Iván -12 años-, Ángela -4 años-). En casa estuvimos planeando todas aquellas actividades que nos ofrecía el programa y que haríamos juntos. Camino del campamento pasamos un par de días en Port Aventura, lo teníamos pendiente y disfrutamos mucho. Y después llegamos. Entonces ocurrió... ¿Qué pasó?

Que los niños se reunieron. Y empezaron a revelarse. Que nos dejaron a los padres, al menos el mío lo hizo, colgados con el geocatching, la biodanza y las canoas. Los veíamos ir y venir por el campamento, ahora con una invención, ahora con otra. Jugaban al fútbol, sí, o se escondían en el castillo, bajaban a la piscina o se subían a los columpios de los pequeños. Conforme avanzaban los días dejaron de comer con nosotros (comían juntos), y de asistir definitivamente a las actividades programadas. Iván, que era de los mayores, salía de la habitación a las 9 de la mañana y volvía a las 12 de la noche. Tras la primera decepción (¿no íbamos a descubrir juntos las estrellas en el taller de astronomía?) me di cuenta de que por fin le estaba ofreciendo la experiencia que necesitaba: libertad de movimiento, esa experiencia tan escasa y difícil de conseguir, sobre todo cuando se vive en una ciudad. Y con un extra, añadido sobre la marcha... ¡ningún plan!

"¿Qué ocurre cuando no le decimos al niño qué tiene que hacer, cuando no le hacemos propuestas?", preguntaba mi profesor de Psicomotricidad, José Ángel Rodríguez, en la primera clase que me dio. Pues ocurre que el niño juega a lo que de verdad quiere. Lo que de verdad le importa y le mueve. Por fin.

El día que volvíamos, Iván me dijo: "Me lo he pasado genial, mamá, ha sido lo mejor". Se notaba en su cara, en sus ojos, en su voz. "Mejor que Port Aventura", remató.

Lidia García-Fresneda

21 ago 2014

"Algunos niños no gatean" ¿Es esto cierto?

Las consultas que más recibimos son las de padres preocupados porque sus hijos no gatean. Buscan respuestas y quieren saber qué hacer para que este hito sea alcanzado por sus bebés.

Y esto ocurre porque hace ya bastante tiempo que se reconoce el gateo como una fase muy importante para el desarrollo del niño y del futuro adulto, para sus facultades físicas, emocionales y sociales. Pero ni las madres ni los profesionales tenemos claro cómo hacer para que ocurra. Ponemos nuestra mejor intención, damos palos de ciego y a veces, algo tarde, nos damos cuenta de que estábamos poniendo obstáculos. Y nos duele en el alma no haberlo sabido antes.

Muchas mamás reconocen que, si bien les preocupaba que con el paso de los meses su hijo no gateara, siempre se aliviaban al escuchar comentarios de amigos que les decían “no te preocupes, algunos niños no gatean”. ¿Es esto cierto?



La afirmación “algunos niños no gatean” es cierta. Es cierto que algunos no gatean. Pero lo que no es cierto es lo que se asume con esta frase: que el hecho de que un bebé gatee o no está determinado por sus genes, su temperamento… por algo interno a ellos. Se asume que igual que tu hijo puede ser tranquilo o nervioso, también "te puede tocar” un gateador o no gateador.

Nuestra experiencia profesional nos lleva a replantearnos constantemente esta idea, tan aceptada. Y lo que día a día comprobamos (y así lo corrobora la literatura escrita) es que un niño sano gateará siempre que se encuentre con las condiciones adecuadas, esto es, un ambiente familiar que permita y favorezca el gateo. Y esto se concreta básicamente en una superficie amplia, el suelo, donde el niño pueda moverse en libertad y experimentar el entorno y sus objetos con todo su cuerpo desde los primeros meses (y no desde que le "toca" gatear).

Muchos de los artilugios que facilitan nuestra vida, dificultan el gateo. Una vez que el bebé tiene sus necesidades básicas cubiertas (hambre, sueño, amor, abrigo) está listo para afrontar retos, no para permanecer tranquilo, quieto o entretenido sin hacer nada o como mucho utilizando las manos, que es lo que favorece todo el mobiliario que lo mantiene sentado. Por eso para que el niño gatee deberíamos evitar usar hamaquitas, maxicosis o sillitas de paseo como medio para que el bebé pase su tiempo, simplemente porque el tiempo que pasa sentado no está tumbado, la postura que le permitirá alcanzar el gateo. También deberíamos olvidarnos de los andadores o taca-tacas. Y, por supuesto, no sentarlos cuando todavía no lo hacen por sí mismos, ni hacerlos andar llevándolos agarrados delas manos. Todo ello en un ambiente donde sus cuidadores están disponibles, receptivos a sus necesidades y vinculados con ese bebé que tanto necesita de su amor y apoyo. 

No se trata de hacer ejercicios, ni gimnasia, ni movimientos en serie. Un bebé se desarrolla y aprende a través del placer y del juego, en un ambiente adecuado y junto a unos padres amorosos.

 
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Prácticas desaconsejadas: hacerlo andar


Montserrat Reyes y Lidia García  

11 ago 2014

El llanto del bebé: un acto de comunicación

Sergio, un bebé de 4 meses, está en el suelo sobre unas mantitas, boca arriba intentando alcanzar un juguete que está a su lado. Su madre pasa por delante de él de vez en cuando, se acerca, le sonríe y le habla en ese tono que a él tanto le gusta. Después de un rato inmerso en la investigación de lo que le rodea, de repente empieza a llorar. Su  madre acude pronto, lo toma en brazos, le habla despacito, lo balancea, le pregunta qué necesita. Pero ya se ha calmado, parece que era eso lo que necesitaba, un poco de contacto  físico.  Según Ronald Barr, pediatra e investigador del llanto en el niño en Montreal, lo que parece funcionar mejor es el simple contacto humano. 

El llanto es un medio que utiliza el bebé para comunicarse con su entorno. Los recién nacidos son biológica y evolutivamente dependientes de los adultos, están programados para comunicar sus necesidades en cuanto sienten un desequilibrio interno. Es por tanto necesario el establecimiento de un vínculo entre madre/padre-bebé para asegurar la supervivencia del pequeño. Somos principalmente las madres las que nos enlazamos con nuestro hijo, de manera que podemos sentir las necesidades de él como propias, lo que nos hace responder rápidamente para aliviar su estrés. Visto desde esta perspectiva, los bebés no lloran sin razón. Y menos aún, para fastidiar a sus padres.

Este llanto sólo tiene sentido si es respondido de forma eficiente por sus padres. Principalmente en las sociedades industrializadas, los padres tienen muchos problemas en el manejo del llanto de sus hijos, y es consulta frecuente a pediatras. Muchas familias acaban literalmente saturadas porque tiene un “bebé difícil”. Desde el punto de vista del recién nacido, sólo existen “padres difíciles” que, por alguna razón, no son capaces de cumplir eficientemente con su parte de la diada. ¿Pero por qué una respuesta que adaptativamente sirve para asegurar la supervivencia del ser humano es, en muchos casos,  fuente de estrés familiar? En casos extremos se crea en sus progenitores rechazo o incluso negligencia. 

El bebé está biológicamente adaptado a esperar un cuidado y un vínculo físico constante. Sin embargo, en las culturas desarrolladas los padres están optando por crear una relación de independencia mutua: llevan a los recién nacidos en carritos en vez de portarlos, los alimentan a intervalos regulares en vez de a demanda, consideran que responder rápidamente su llanto los hace dependientes y demandantes. 

Por un lado considero que no se puede simplemente decir “claro, es que esos no son buenos padres”. La dificultad para estar en sintonía con las necesidades de los bebés es algo muy frecuente. Vivimos dentro de una cultura que establece qué se requiere de cada uno de nosotros, qué es aceptado y qué no. Actualmente las sociedades “modernas” separan el trabajo de la casa, lo público de lo privado. Las madres se sienten  solas en sus casas, sin redes de ayuda y sin variedad en sus rutinas diarias. Muchas deben elegir entre estar con ellos en sus primeros meses o volver al trabajo, por lo que otros deben cuidar de sus hijos (ya sean los abuelos o las guarderías). Estas condiciones crean depresión y resentimiento en los padres,  lo cual tiene un efecto negativo en el desarrollo de sus hijos. Y por ende en el desarrollo de las culturas futuras. 

Por otro lado, también pienso que los padres deberíamos buscar más información sobre nuestras decisiones en la crianza de nuestros pequeños.  A veces nos dejamos llevar por la corriente, por lo que todos hacen, porque si se hace así no debe ser tan malo... Creemos en estilos de crianza basados en mitos sin ni siquiera cuestionarlos. Y además, hay pocas redes de apoyo para madres, tampoco hay tiempo porque hay que trabajar… Sin embargo, somos sólo nosotros, los padres, los que podemos hacer algo para ir cambiando este estilo social “avanzado” que no tiene en cuenta las necesidades de las familias, y mucho menos de los niños. 

Entradas relacionadas:

Fuente: 
SMALL, M.F. Our babies, ourselves. How biology and culture shape the way we parent.  Ed. Anchor Books (ebooks).

Montserrat Reyes

6 ago 2014

Regalar y recibir


El domingo fue mi santo. Al volver a casa Ángela había desplegado sobre su cama una enorme cantidad de pequeños objetos. Algunos estaban cuidadosamente envueltos en un pañuelo, y esos eran los mejores y más importantes regalos. Mis regalos. Ángela estaba emocionadísima. Entonces me acordé de una de esas perlas que uno lee y hacen clic en algún lugar. Aunque no recuerdo dónde lo leí. 


Decía que los niños construyen su valor (y experimentan su valía) en función de lo que pueden dar, o más bien en función de cómo es recibido lo que ellos tienen que dar. Solemos pensar que el proceso es al revés, es decir que el niño construye su autoestima en función de lo que recibe: el amor que recibe, la educación que recibe, los consejos, los regalos... Pero parece que igual o más importante que eso es que aprendamos a recibir, para que ellos puedan dar. Recordemos que el que recibe es pasivo. Y el que da, activo.

Podemos hacer un pequeño ejercicio, ahora mismo: ¿qué sentimos cuando nuestra madre o un ser querido nos hace un regalo? ¿Y qué sentimos cuando preparamos un regalo para nuestra madre (o para un ser querido), un regalo que pensamos que le va a encantar? Yo como hija tengo que reconocer que ninguno de los regalos que me hace mi madre (y que tanto agradezco) es tan gratificante como lo que experimento cuando toma con alegría lo que yo he preparado para ella. ¿Por qué disfrutamos tanto dando? Porque dar es expresarse. 

Nuestros niños son activos. Quieren dar, regalar, ofrecer-se. ¿Qué tal si por un día en lugar de pensar qué le falta o qué le podemos dar cambiamos el chip y nos sentamos plácidamente a recibir? Su amor en forma de besos, caricias, abrazos, sonrisas... o los regalos, florecitas, collares y dibujos que continuamente hacen pensando en nosotros. Sin expectativas (para que el recibir  no se convierta en exigir). ¿Percibimos su alegría? ¿Y la nuestra?

Lidia García-Fresneda

1 ago 2014

Dormir con tu bebé, una cuestión cultural

Con la entrada de la semana pasada ¿Por qué los estilos de crianza difieren según la cultura? iniciamos una serie de artículos relacionados con la etnopediatría, ciencia que se enfoca en explicar cómo nuestra particular forma de criar a nuestros hijos está fuertemente influencia por lo que la cultura en la que vivimos establece como correcto o aceptable.

De entre todos los aspectos de la crianza que tienen distintas prácticas a lo largo de nuestro planeta,  el manejo del sueño de nuestros bebés es quizás el más controvertido. Compartir o no el descanso nocturno con los hijos es algo que los padres deciden, sean conscientes o no, según las tendencias culturales de su hábitat, ya que no hay evidencia científica que establezca que es mejor para los bebés dormir solos. De hecho existen estudios (Dr. James McKennas) que muestran que fisiológicamente es mejor para los bebés dormir acompañados.

Aunque no existe data que lo demuestre, muchos adultos piensan que dormir acompañados fomenta la dependencia emocional del niño, aspecto considerado negativo para algunas sociedades . En Estados Unidos y en algunos países occidentales esta decisión es incluso ocultada porque se juzga como extraña, patológica o incluso pecaminosa. Lo que la antropología nos dice es que en las culturas en las que el objetivo es integrar a los niños en la sociedad, los bebés están siempre junto a los adultos, incluso de noche. Aquellas que consideran primordial la independencia y la autoconfianza para tener éxito en la vida fomentan que los bebés duerman solos.

Los estudios experimentales del Dr. Mckenna, donde mamás y bebés eran estudiados durante el sueño (tanto en la misma cama como en distintas habitaciones) arrojaron las siguientes observaciones:
  • Cuando una madre y su bebé duermen juntos están fisiológicamente ligados. Los movimientos y respiraciones de uno influyen en el otro.
  • La mayoría de las parejas observadas duermen cara a cara, que demuestra ser importante para la regulación de la respiración, temperatura y frecuencia cardíaca del bebé.
  • Las mamás repetidamente besan, tocan, reposicionan al hijo. Instintivamente, e incluso medio dormidas, lo alejan del peligro. 
Todavía, en casi todas las culturas del planeta, los bebés duermen con un adulto y los niños duermen con sus padres o hermanos.  Y no es simplemente cuestión de desarrollo o pobreza. Culturas distintas a las económicamente desarrolladas como la americana, consideran la costumbre de hacer dormir a los bebés solos como una actitud amoral y sienten que los padres son negligentes e irresponsables.

¿Qué es lo correcto entonces? Lo que más me impacta es oír a profesionales sanitarios de la pediatría y educadores infantiles, cuyas opiniones son tenidas en cuenta por la mayoría de los padres, criticando abiertamente a padres por dormir con sus hijos, considerando esta decisión como una debilidad de los adultos que influye negativamente en el desarrollo global de sus hijos. No hay evidencia que demuestre que dormir con los hijos es algo negativo para los hijos, para los padres o para ambos. Tengamos en cuenta que cuando damos un consejo, prácticamente estamos dando nuestra opinión, lo cuál no está mal, siempre que los padres que reciben esas opiniones no crean que, como profesionales de la infancia,  estamos ofreciendo una evidencia sostenida y basada en teorías estudiadas.


Para leer más sobre el estudio sobre co-sleeping puedes visitar esta enlace
Fuente: SMALL, M.F.  Our babies, ourselves. How biology and culture shape the way we parent.  Ed. Anchor Books (ebooks).


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El llanto del bebé: un acto de comunicación
Montserrat Reyes

22 may 2014

Babysitter: cuidando a un bebé de 5 meses

A veces, cuando sus padres lo necesitan, cuido a bebés en sus casas. Algo les surge a sus progenitores, me avisan y siempre que puedo voy a pasar unas horas con su hijo. Reconozco que ese tramo de edad, antes de que echan a andar, es mi preferido, así que hago lo posible por ayudar a estas familias durante un rato.

Hace unos días pasé unas horas con un niño de 5 meses que conocí en ese mismo instante, se llamaba Peter. Cuando entré estaba con su madre en la mochila canguro. Si bien sólo le veía sus ojos, en ellos se adivinaban un amplia sonrisa. En esta edad en la que el miedo al extraño todavía no se ha instaurado, me aceptó sin problemas. Su mamá se marchó y no puso ninguan objeción. Pasamos 4 horas juntos.

Las madres me suelen explicar qué necesitará su hijo durante esas horas: cuándo le tocaría comer, o dormir, cuándo le cambiaron el pañal... Esas indicaciones me ayudan bastante, aunque siempre constato que son los bebés los que me dicen qué necesitan....


Desde el principio Peter estuvo muy enfocado en comunicarse conmigo. Tenía la sonrisa (¡y la carcajada!) fácil, sólo hacía falta que me acercara un poco a él y le hablara para que me mostrara su alegría. Tendido boca arriba en el suelo sobre su mantita, los sonidos que emiten a esta edad son guturales. Así que me pedía una conversación con él cada vez que no estaba ocupado en dormir, comer o jugar a su aire. "Ajoooo, ajoooo" le decía, me mirada concentrado, sonreía y me respondía "agrrrr, agrrrooo". Así pasábamos el rato, cuando yo dejaba de hablarle él se quedaba sorprendido, mirándome con ojos bien abiertos y al rato emitía otro sonido. Lo que no le gustaba es que desviara la mirada para otro lado, ahí me gritaba, me estaba llamando la atención para que le mirara a la cara. Es tan importante mirar a un niño, a través de mi mirada él podía ver mi alegría al escucharlo, mi emoción al verle reir, mi aceptación, mi cariño, mi respeto. Ver mis labios moverse a la vez que yo hablada debe ser impactante también para un bebé tan pequeño, por ahí deben salir los sonidos...


Durante estas horas él me iba diciendo si quería comunicarse, dormir o comer. O jugar: e repente, a pesar de estar delante de él hablándole, ya no me miraba, no parecía interesado, giraba su cabeza y se concentró en un juguete. Intentó cogerlo con el brazo más cercano y luego con el otro... pum... quedó boca abajo. Bien, por fin agarró el objeto que deseaba, lo manipulaba, agachaba la cabeza para metérselo en la boca. Hablaba con el juguete, consigo mismo, qué más da. Y luego se puso a cuatro patas, emitiendo grititos, se balanceaba hacia adelante y hacia detrás. Se cansaba y de nuevo boca abajo. Este era su tiempo de investigar el mundo, así que lo dejé tranquilo, en su juego, en su aprendizaje, en su investigación de sus capacidades y las características del mundo físico que le rodea.

 Durante este tiempo también hubo unos minutos de siesta. Y al levantarse parecía hambriento, supuse, porque no le calmaba le hecho de que le hablara, ni el dejarlo en el suelo... le calenté el biberón de leche materna que su madre había dejado en el frigorífico y al mostrárselo fue evidente su alegría. De hecho se lo bebió con ganas, disfrutando, mientras me miraba  la cara. 

Entradas relacionadas:
La comunicación en bebés menores de 6 meses
Psicomotricidad gruesa en bebés menores de 6 meses 

Montserrat Reyes

26 ene 2014

¿Es tan importante un buen vínculo para el desarrollo de nuestro hijo?


Independientemente de los consejos recibidos sobre cómo actuar con nuestro recién nacido, las mamás tenemos claro algunos conceptos aún de forma básica: comida, sueño, confort y mimos (ser sostenidos, acurrucados, besados…) son los aspectos que un bebé necesita para desarrollarse de forma equilibrada. Sobre cómo hay que responder ante ellos ya iremos aprendiéndolo a medida que ejercemos nuestra tarea de ser madre, a través de ir conociendo con los días y las semanas cómo nuestro bebé manifiesta sus necesidades y como responde ante nuestros cuidados. 
 
Si sólo uno de estas cuatro áreas falla, el desarrollo óptimo de nuestro hijo se ve afectado. Aunque, mirado de otro modo, uno de ellos garantiza la consecución de todos los demás: el amor que sentimos por nuestro hijo.  El vínculo amoroso que se establece entre el bebé y su madre hace que ella responda de forma certera a sus necesidades. Algunos científicos afirman (Kennel y Klaus, 1976) que momentos después del nacimiento se establece una simbiosis amorosa entre la madre y bebé, por eso lucharon por cambiar las costumbres obstétricas hospitalarias de separarlos después del parto. Los bebés humanos son muy dependientes de sus cuidadores porque nacen “antes de tiempo” debido al estrechamiento de las caderas de nuestros antepasados, al adoptar la postura erguida  hace varios millones de años. La naturaleza garantiza que esta extrema dependencia sea cubierta por sus progenitores a través del vínculo creado con ellos desde el principio. ¿Qué dicen los teóricos sobre esta relación emocional que la mayoría de los padres consideran como la más fuerte de sus vidas?

El psiquiatra inglés J. Bowlby  sostenía que la primera relación que establecemos en nuestra vida (con nuestra madre, o cualquier otra figura maternante) determina nuestro desarrollo. Una separación traumática del bebé con su cuidador, o una crianza poco adecuada a las necesidades del bebé podrían ser causa de futuros problemas relacionares y de comportamiento. Su teoría no fue bien recibida entre la comunidad psiquiátrica de mediados del siglo pasado, pero otros dos teóricos vinieron a apoyar su tesis. René Spitz (1947) mostró la tristeza y la soledad de los niños en orfanatos. Sus cuidadores garantizaban el buen desarrollo de sus funciones biológicas, sin poner atención en sus necesidades emocionales. Los niños respondían con estrés, pasividad y mostraban signos de depresión.  Se instauró en ellos la certeza de que no podían influir en su destino y que no eran merecedores de amor. Muchos de ellos crecieron con problemas mentales y otros murieron. Harry Harlow (1958) estudió el vínculo materno-filial entre los monos Rhesus. En su investigación los bebés mono eran separados de sus madres. En sus jaulas había dos mamás mono, una fabricada con alambre de la que se podía obtener leche de sus pechos, y otra fabricada de pelo de la que no se obtenía alimento. Se observó que los bebés hambrientos obtenían leche de la gorila que lo proveía, pero que una vez satisfechos se acurrucaban con la gorila de pelo. Esto vino a desmontar la creencia de que el vínculo emocional entre madre e hijo se establecía simplemente con la lactancia. Demostró que los bebés, más allá de su alimento, necesitan contacto. Posteriores estudios demostraron que los bebés mono separados de sus padres tenían problemas en su relación con otros compañeros y poca capacidad para criar a sus hijos.

Si bien está plenamente aceptado que la calidad de los cuidados físicos y, principalmente emocionales que el niño recibe durante su infancia va a influir en la globalidad de su desarrollo (su autoestima, su forma de enfrentar las dificultades, sus miedos, sus relaciones con los demás...), no se sabe todavía hasta qué punto las futuras vivencias y  relaciones personales afectan o modifican estas experiencias base. Algunos teóricos del desarrollo humano nos alertan de que poner todo el peso en la vida familiar de los primeros años a la hora de explicar problemas de desarrollo, aprendizaje o conductuales  puede hacer que los padres de hoy en día vivamos demasiado estresados. Cuántas madres sufren porque su parto no fue natural, porque no consiguieron dar lactancia materna a sus hijos,  porque sus bebés nacieron prematuros y no pudieron estar en sus brazos desde el principio…

El pediatra americano T. Berry  Brazelton siempre puso especial interés en ayudar a los padres a sentirse competentes como tales. Entendía lo difícil que podía ser para los ellos compaginar su vida laboral y su función paternal. A propósito del vínculo entre madre y bebé que, según Kennel y Klaus, se crea justo después del parto, siendo por tanto éste un momento crítico que no se puede perder, Brazelton comentaba: por supuesto que es una respuesta instintiva, pero no tiene por qué ocurrir de un día para otro; es algo que se va creando y fortaleciendo con el contacto diario. El pediatra inglés D. Winnicott pensaba que las familias recibían escaso apoyo en la difícil tarea de ser padres. Sí recibían exposiciones sobre cómo hacer las cosas con sus hijos, pero él creía que eso no les empoderaba. Alertaba a las enfermeras y pediatras sobre los peligros de dar a las madres “reglas” sobre cómo responder ante las necesidades de sus pequeños. Sólo con apoyarlas, escucharlas y hacerlas sentir capaces podían conseguir mejores cuidados para los niños que dando recetas universales. La madre “suficientemente buena” (concepto creado por Winnicott) es la que es capaz de responder con amor a los requerimientos de su hijo, la que disfruta de su maternidad.


Montserrat Reyes
Fotos: pinterest