24 abr. 2017

Reflejos Primitivos y desarrollo armonioso

Montse y yo hemos hecho un curso de reflejos primitivos. Hace bastante tiempo que el tema nos resulta atractivo y la razón es que al profundizar en los reflejos hemos empezado a encontrar respuestas a algunos de los problemas psicomotrices del bebé que hasta ahora nos traían de cabeza: ¿por qué muchos bebés no se lanzan al gateo, aunque parecen preparados para ello? ¿Por qué no se sientan solos, o les da miedo voltearse de boca abajo a boca arriba? La respuesta puede estar en los reflejos primitivos. Lo más interesante no es que puedan explicar el porqué, sino sobre todo que ofrecen soluciones para que ese bebé siga desarrollándose sin saltarse etapas.

Los reflejos primitivos están presentes al nacer el bebé y le ayudan a sobrevivir los primeros meses. Sin embargo para que el pequeño pueda seguir evolucionando llega un momento en el que tienen que desaparecer o inhibirse, y los problemas llegan cuando el reflejo no se inhibe, es decir, sigue activo. ¿Por qué ocurre esto? En general, en niños sanos, por todo lo que ya hemos explicado en otros artículos de este blog El abuso de las sillitas, los maxicosis, los andadores, pero sobre todo la falta de libertad de movimiento en los primeros meses, suele tener consecuencias en el desarrollo motor, al principio, y en otras áreas como la atención, más adelante.

Para quien quiera saber algo más de los reflejos primitivos, os dejo a continuación un artículo que publiqué hace unos años en la revista Ser Padres.


Los reflejos del bebé
Respiramos gracias a un reflejo, parpadeamos gracias a otro, y si una mosca se posa en nuestro brazo la espantamos sin darnos siquiera cuenta. ¿Es eso a lo que nos referimos cuando hablamos de los reflejos del bebé? Sí y no. Los llamados reflejos primitivos son reflejos, sí, pero exclusivos del bebé y se diferencian de los demás en que no son para toda la vida. Cumplen una función específica, evolucionan y se inhiben. ¿Qué hacen, cómo funcionan?
Cómo funcionan
Cualquier embarazada que empiece a leer sobre cómo ha de poner el bebé la boca para mamar, se desanima: ¿cómo conseguirá que el bebé coloque la lengua de esa particular manera, un poquito fuera, pero ahuecada… cómo conseguir que después abra mucho la boca y coja justo la porción de areola correcta? No debería preocuparse, en realidad, porque el bebé nace con un reflejo, el de succión, que garantiza que lo hará por sí solo si se le deja tranquilo en contacto con el cuerpo y el olor de la madre. No hay que meterle el pecho en la boca, ni pellizcar el pezón para que entre lo justo… Su reflejo es mucho más preciso que todo nuestro conocimiento.
Imaginemos que llegamos a un nuevo trabajo cuyo funcionamiento desconocemos por completo. Pero hay cosas tan importantes que no pueden esperar a que aprendamos a hacerlas. ¿Qué ocurriría si pudiéramos hacer automáticamente (y sin saber cómo) el trabajo más urgente mientras aprendemos el funcionamiento del sistema? Pues así, más o menos, funcionan algunos reflejos del recién nacido.
Hay muchas cosas que el bebé necesita para sobrevivir pero su cerebro inmaduro no tiene capacidad de ordenar, ni sus músculos de ejecutar voluntariamente. Mientras desarrolla las conexiones neuronales necesarias toma el control su cerebro más antiguo y pone en marcha un programa que activa automáticamente ciertos comportamientos en presencia de determinados estímulos. Hasta que aprende. Antes de los cuatro meses el bebé puede succionar cuando quiere. El reflejo ha quedado integrado en este acto voluntario.
“Son conductas protectoras o de supervivencia”, apunta Trinidad Cosano, logopeda y experta en reflejos primitivos. Los reflejos permiten que el bebé se adapte a un nuevo mundo en el que se enfrenta a la gravedad, a la necesidad de alimentarse, a la separación, a los peligros.
El martillo y la rodilla
Hay reflejos cuya función no tenemos tan clara como la del reflejo de succión. Por ejemplo el de marcha, ése que el pediatra testa cuando pone al bebé sobre la mesa y éste sube un pie y luego otro, como si caminara. ¿Para qué le sirve este reflejo al bebé, qué nos dice? Aquí nos remitimos al martillo y la rodilla. Cuando el médico golpea nuestra rodilla y la pierna sale disparada hacia delante (¡qué sorpresa!) está testando no cómo funciona la rodilla, sino nuestro sistema nervioso.
Así que cuando el pediatra coge al bebé de dos meses por las axilas y lo hace “caminar” comprueba a través de ese reflejo activo que el sistema nervioso del bebé posee la información y estructura necesaria para, meses más tarde, permitir que el bebé camine. A los dos meses, normalmente, este reflejo ha desaparecido. No se trata de empezar a andar ya. Pero la estructura que lo permitirá está.
¿Cuáles son algunos de los principales reflejos del bebé, qué función tienen, cuándo aparecen y desaparecen, cómo favorecerlos? ¿Podemos encontrar problemas?
Algunos reflejos del bebé
Reflejo de Moro: A todos nos ha sorprendido: de repente ante un movimiento un poco más brusco o un ruido fuerte el bebé se levanta instantáneamente, abre los brazos y las piernas hacia fuera, realiza una inspiración rápida y (esto no lo vemos) libera las hormonas del estrés; después pliega los brazos y las piernas y puede terminar en un estallido de llanto si la impresión ha sido muy fuerte. Esta respuesta es como si se accionara una palanca de emergencia, cuenta Sally Goddall en su libro “Reflejos, aprendizaje y comportamiento”. Se cree que se pone en marcha ante un peligro, y como mecanismo de supervivencia en los primeros meses parece que sirve para adaptarse a los cambios (ruido o movimiento fuertes), también para alertar y pedir ayuda; se le considera precursor del futuro patrón de lucha-huida. Aparece a las nueve semanas en el útero y se inhibe entre los 2 y los 4 meses, que es sustituido por el reflejo de sobresalto o Reflejo de Strauss.
Reflejo palmar de agarre: Nos hace gracia cuando le acercamos nuestra pulsera y él la agarra con tal fuerza que, si tiramos de ella, podemos levantarlo. “¡Mira qué fuerte!”, decimos. Muchos monos viajan agarrados de sus madres gracias a este reflejo, y durante mucho tiempo se pensó que era vestigio de nuestro pasado primate. Pero no es sólo eso. El reflejo palmar hace que durante los primeros meses, en los que el niño no tiene ningún control de sus extremidades, vaya ejercitando la mano. Si no fuera por este reflejo el bebé casi no movería la mano. Entre los 2 y los 3 meses, cuando el bebé empieza a agarrar voluntariamente, se integra. Los movimientos y estimulación de la mano están directamente relacionados con el desarrollo de la inteligencia del niño.


Reflejo tónico asimétrico cervical, o el espadachín de esgrima. Cuando el bebé tumbado boca arriba gira la cabeza hacia un lado, estira ese brazo y esa pierna, y flexiona el brazo y pierna contrarios. Parece un espadachín. Es un gran ejercicio para aumentar el tono muscular de uno y otro lado del cuerpo, tiene una gran influencia en el desarrollo del equilibrio y también se relaciona con el desarrollo de la coordinación ojo-mano. Este reflejo debe integrarse o inhibirse para que el bebé pueda gatear con soltura. Aparece ya en el útero y suele inhibirse hacia los 6 meses de vida.


 
Reflejo de búsqueda, aparece en el útero entre las semanas 24 y 28, y se inhibe a los 3-4 meses de vida. Al tocar suavemente la mejilla el bebé girará la cabeza y abrirá la boca, con la lengua fuera, preparado para succionar. Un bebé recién nacido no puede llevarse el alimento a la boca, pero este reflejo le ayuda a dirigir su cabeza hacia el alimento y hacerse con él. El reflejo de búsqueda se une al de succión y al de deglución para garantizar que el bebé se alimenta correctamente.



Reflejo espinal de Galant, aparece a las 20 semanas de la concepción y se integra (o inhibe) entre los 3 y los 9 meses después de nacer. Cuando el bebé está boca abajo y le tocamos a un lado de la columna, gira la cadera hacia el lado que tocamos. Se piensa que ayuda al bebé a bajar por el canal del parto, y es importante en el desarrollo del equilibrio.


Tónico laberíntico, relacionado con la posición fetal. Ayuda al niño a adaptarse a las nuevas condiciones gravitacionales. El reflejo hace lo siguiente: cuando el niño está tumbado y flexiona la cabeza hacia delante, los brazos y las piernas se flexionan también hacia delante, en postura fetal; cuando estira la cabeza hacia atrás, el cuerpo se estira entero. Mueve todo el cuerpo solo con la cabeza y consigue una posición de mayor equilibrio. Se activa, como el de Moro, por aspectos relacionados con el sistema vestibular: un sonido fuerte, el movimiento de la cabeza, un movimiento brusco en el espacio, lo ponen en marcha. Debería estar integrado a los 3-4 meses de nacer.

Reflejo de Landau: al mes de vida, o antes, el bebé que está boca abajo en la cuna empezará a levantar la cabeza, y pocas semanas después cuando eleve la cabeza también elevará el pecho. Hacia los cuatro meses, elevará cabeza, tronco y piernas. Es un reflejo que favorece el tono muscular de cuello y columna, un tono fundamental para cuando el bebé empieza a tener control sobre los movimientos de su cuerpo. Además permite al bebé que está boca abajo que se le queden las manos libres, para explorar mejor su alrededor.
Reflejo de Babinski, se desarrolla en el primer mes y debería inhibirse hacia los 2 años. Cuando trazamos una línea en la parte externa de la planta del pie, desde el talon hasta el meñique, el niño extiende todos los dedos del pie en abanico. Prepara los pies del bebé para andar. La estimulación natural de la planta del pie, en contacto con las superficies y texturas de la vida diaria, ayuda a su integración.
Evolución de los reflejos
Para que el bebe pueda alcanzar un control voluntario de su cuerpo todos estos reflejos han de ser integrados en la conducta. Tienen su función, que normalmente termina cuando son sustituidos por movimientos voluntarios, es decir, cuando el cerebro superior toma el mando. Si persisten dificultan que el niño adquiera destrezas necesarias. No son como el parpadeo, que lo necesitamos para siempre.
El bebé busca instintivamente la forma de estimular esos reflejos. ¿Podemos nosotros favorecer su maduración e integración? Sí. ¿Cómo? “A través del juego y la libertad de movimiento”, apunta Trinidad Cosano.
Lo hacemos de forma instintiva cuando ponemos nuestro dedo en la mano del bebé de un mes, sorprendidos por la fuerza con la que lo agarra. “¡Mira!”, decimos a los demás. Cada vez que hacemos eso estamos ayudando a madurar al reflejo de agarre.
Cada vez que le damos el pecho o el biberón, y lo dejamos junto a su mejilla para ver cómo se gira y lo toma, estamos favoreciendo la maduración del reflejo de búsqueda, de succión y de deglución. Cada vez que lo dejamos boca abajo en el suelo y jugamos junto a él, el de arrastre…
Cada vez que le ponemos unos zapatitos que no necesita estamos dificultando que integre el reflejo plantar, o de Babinski, cada vez que lo dejamos en una hamaquita sin posibilidad de moverse libremente, estamos dificultando que integre todos los reflejos relacionados con la postura y el movimiento… Acompañarlo estimulando su curiosidad y a través del contacto es muy importante. Porque, ¿qué ocurre si no integra un reflejo?
¿Problemas?
Los reflejos que se mantienen activos más allá del tiempo correspondiente pueden convertirse en un problema. Si nuestro hijo de 5 años se pone en clara alerta cada vez que ve a un extraño, se tensa físicamente, da unos pasos hacia atrás, es extremadamente tímido ante cualquier situación nueva, necesita un espacio de seguridad a su alrededor y seguimos diciendo “es que extraña mucho”… Es posible que tenga un reflejo sin integrar, el que coloquialmente conocemos como de miedo paralizador, que aparece y se integra dentro del útero y se convierte en un problema cuando el niño tiene ya cuerpo y herramientas para adentrarse a explorar el mundo.
Ocurre también con los reflejos relacionados con el movimiento: si el niño no integra el reflejo espinal de Galant, por ejemplo, ése que le hace girar la cadera y la cabeza hacia el mismo lado cuando se toca un lado de la columna, es posible que sea un niño con dificultad para quedarse quieto y que cualquier roce –la ropa, la silla- desencadene el movimiento.
Nos preguntamos, ¿cómo podemos saber que no ha integrado un reflejo? “Los padres son los primeros en darse cuenta de que algo no va bien”, apunta Cosano. “Sólo han de dejarse llevar por el sentido común”, afirma. Cuando un bebé no integra un reflejo, se nota en su movimiento, especialmente, y en su comportamiento también (la falta de integración de ciertos reflejos genera mucha irritabilidad, por ejemplo). Algunas veces esas dificultades que no sabemos bien a qué atribuir pueden estar relacionadas con reflejos activos. Es posible que encontremos respuestas en contacto con un profesional de la atención temprana con formación específica en reflejos.
Lidia García-Fresneda

Asesora: Trinidad Cosano, logopeda especializada en atención temprana, experta en reflejos primitivos. (www.centrosiete.es)
Publicado en la revista Ser Padres

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Fotos extraídas del libro:
GODDARD, S. (2005) Reflejos, aprendizaje y comportamiento. Ed. Vida K.

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