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26 ene 2023

El desarrollo de los pies en el bebé: todo lo que ocurre antes de aprender a caminar y la importancia de saber caerse.

Puede parecer que la función de los pies sólo es importante en el momento en el que el bebé comienza a incorporarse y a dar sus primeros pasos. Claramente necesita una base estable sobre la que sostenerse. Sin embargo, este hito no depende exclusivamente sus pies, es más bien un juego entre equilibrio y movimiento que implica todo el cuerpo. Bien, pero yo quería hablar sólo de los pies. De nuevo es muy difícil hablar del crecimiento sin implicar a todos los sistemas corporales.

Los bebés nacen con los pies con las puntas hacia adentro y necesitan que se desplieguen totalmente para poder apoyarlos y andar. Es un proceso donde se integran componentes biomecánicos, motores, sensoriales y propioceptivos (lo que ayuda a su cerebro a tener una idea más clara de su mapa corporal).

Posición boca arriba. Los pies suelen tocar o golpear la superficie donde están apoyados con los talones y bordes externos. Esto es un estímulo propioceptivo que le permite ubicar sus pies en relación a su cuerpo.

Girar. Con el tiempo apoyará la planta del pie y empujará el suelo para levantar la pelvis, girar o voltearse. Es la primera experiencia de la posición que tendrán los pies cuando camine. 


Boca abajo. Los empeines y los dedos de los pies entran en contacto con el suelo. Los pies flexionados le dan mejor agarre. El dedo gordo tiene función protagonista como conexión de agarre con el suelo y también como pivote. Todo este juego crea importantes conexiones funcionales entre el pie y el resto del cuerpo, contando con un gran superficie de apoyo (su pecho y la pelvis) sin tener que lidiar aún con la complejidad de mantenerse de pie. 



Gatear. 
Cuando empieza a gatear los pies deben estar extendidos. Entra en posiciones con los dedos de los pies flexionados o con toda la planta en el suelo (posición oso) que le dan estabilidad y le permiten utilizar sus manos y brazos para tocar el entorno. Es decir, los puede colocar en otro lugar que no sea el suelo (los brazos van abandonando su función de "pata"). 

  







Incorporarse. Las primeras veces suele tener una organización precaria de pies y piernas, por lo que es necesario que el bebé sepa caerse. Debe aprender a caerse tanto hacia adelante como hacia atrás. 

En cuclillas. Estando de pie, aprenden a caer hacia adelante o hacia atrás simplemente plegándose hacia abajo. Cuando domina esta posición la utilizará para ponerse de pie sin apoyos externos. 

De pie. Al principio es una posición inestable y aprenderá a bajarse flexionando una pierna y estirando la otra, donde explora muchas formas de apoyar el pie sobre el lado interno, externo, sobre la planta. Todas estas posibilidades de lan cada vez mayor manejo de su equilibrio. Ha aprendido a organizar su estabilidad en la vertical apoyándose y confiando en su propio esqueleto. 

Primeros pasos lateralmente con apoyo. Hay pocas excepciones a esta norma, así suelen ser los primeros pasos en el ser humano. Al mismo tiempo sigue necesitando volver al suelo para sentirse seguro.  

De pie sin apoyo. Algo les interesa tanto que sueltan una mano primero y luego la otra. A principio sólo lo hacen por breves momento y si pierde el equilibrio simplemente se deja caer hacia atrás. 

Primeros pasos con apoyo. Encuentran un taburete bajo o incluso utilizan en mismo carrito de paseo, se agarran y al empujarlos experimentan el traslado de su peso de un pie al otro, pero sin levantar los pies todavía.  

Caminar libre homolateral. Para sus primeros pasos utiliza su cuerpo en bloque, avanza con una pierna y el brazo del mismo lado. El equilibrio es muy inestable y el desplazamiento lento. Para andar con fluidaez y eficacia tiene que desarrollar el patrón cruzado (contralateral). Afortunadamente ya ha experimentado este patrón al arrastrarse y gatear.

Caminar contralateral con apoyo y caminar libre contralateral. El infante utiliza el patrón cruzado cuando adelanta una pierna y el brazo contrario. Es decir, la cintura escapular y la cintura pélvica giran en sentido contrario. Es la forma más eficiente de andar y la base para desarrollar las próximas funciones como correr, tirar, saltar...


"Vamos arriba"... o cuando los adultos ponemos de pie a un bebé.

Muchos padres nos preguntan si es bueno o no incorporar al bebé cuando éste nos pide que lo alcemos. Y es que algunos bebés comienzan a interesarse muy pronto por la posición erguida. Si algún adulto le ayuda a colocarse de pie, por acto reflejo estirará las piernas para encontrar estabilidad. Esto no significa que estén preparados para ello. Incorporarse es algo que realizará el niño por si mismo por impulso, fuerza y cuenta propia cuando él "sienta" que está preparado para arriesgarse a un nuevo movimiento. El bebé quiere ante todo alcanzar la posición alta, es un impulso natural irrefrenable. Y una habilidad importante que se requiere para ello es la de volver al suelo con seguridad, es decir, "saber caerse". Lo que prepara al bebé para caerse de forma segura son todos los movimientos previos que ha realizado antes de llegar aquí: voltearse, reptar y arrastrarse, gatear y sentarse.  El rol de los padres debería ser crear un entorno seguro que permita al infante explorar y aprender estos movimiento tan esenciales para el desarrollo.


Montserrat Reyes Revuelta

Fuente: El Microcosmos del Moviemitno, Phil Unseld (2018)




19 ene 2023

Nuestras 3 principales creencias sobre el desarrollo del recién nacido y bebé

Después de tantos años desde que iniciamos este proyecto y de habernos dedicado escasamente a él en los últimos siete, por fin parece que volvemos a tener el tiempo para retomarlo. Principalmente se debe a que nuestros hijos ya tienen una edad en la que para ellos empieza a ser muy importante la sociabilidad fuera de la familia. Esta independencia que empiezan a conquistar nos posibilita el tiempo necesario para dedicarnos a asuntos más allá de su cuidado atento y constante... es otro tipo de presencia la que necesitan.

Por otro lado, personalmente reconozco que volver a leer todo el material que tenemos en el blog, repasar los apuntes de los grupos de juego, actualizarme con libros y publicaciones de los últimos años... me hace añorar la época en la que mi hijo era pequeño. Y es que para la exposición en los talleres que imparto actualmente a embarazadas en los centros de salud de Málaga, todavía rescato fotos de mi hijo cuando era un bebé y lo veo allí en la pantalla, tan pequeño y tan bonito. Y me pregunto si entonces no era tan consciente como ahora de lo rápido que crecen (como me decían en aquella época todas las madres con hijos con la edad actual del mío) y de lo importante que es la presencia (de calidad) de los padres. Y también me pregunto, como nos preguntamos todos los progenitores, si lo he hecho bien, si debería haberlo hecho de otra forma. Estoy segura que cuando mi hijo nació hubiera agradecido que otra madre, con un hijo de 13 años, me contara de qué va esto de estimular a un hijo, por qué es importante, qué debo tener en cuenta ... de forma sencilla, para darme seguridad. Porque todas las mamás y papás queremos lo mejor para ellos.




1- SIN VÍNCULO NO HAY CRECIMIENTO 

El vínculo es el motor principal que hace que un niño crezca. El amor que los padres profesan a su hijo es la base del desarrollo humano. No es sólo que necesite a sus padres para cubrir sus necesidades básicas (alimento, ropa, aseo) sino que también es imprescindible el contacto humano piel con piel. Y más adelante, cuando el niño comienza a aventurarse a las nuevas posibilidades de su cuerpo (girarse, gatear, ponerse de pie), será la mirada de su madre lo que lo alienta y le da seguridad para crecer.

2- EL MOVIMIENTO ES CRECIMIENTO

El aprendizaje en el ser humano comienza con la experimentación de su propio cuerpo. Todo lo que da placer motiva el aprendizaje: experimentar el propio cuerpo y sus posibilidades es un placer en sí mismo. Por lo tanto, la libertad de movimiento es una caja de tesoros para el desarrollo no sólo motor, sino también cognitivo, sensitivo y social. El lugar más apropiado para el crecimiento de un niño desde los 4 meses es suelo ya que posibilita infinidad de experiencias con su cuerpo.

3- EL CRECIMIENTO OCURRE EN EL CEREBRO

En el desarrollo de un bebé hay un orden complejo y dinámico, donde toda experiencia influye en todos los sistemas. La integración de todos los sentidos y el desarrollo del movimiento son fundamentales para la percepción y el aprendizaje. El cerebro humano nace totalmente preparado para crear conexiones neuronales según sus experiencias y estímulos. Por lo tanto, el recién nacido es un ser altamente competente, inteligente y activo en su desarrollo. 


Resumiendo los tres puntos, el bebé nace con un sistema nervioso listo para adaptarse a vivir en este mundo. Y el entorno más apropiado para su desarrollo equilibrado es libertad de movimiento + suelo + vínculo.


Montserrat Reyes Revuelta

5 ago 2015

Inaugurado el primer grupo de Psicomotricidad...y más

Como muchos ya sabéis, antes del verano (2015) organizamos unas sesiones gratuitas de Psicomotricidad Educativa en el CIP (Málaga),  para niños entre 4 y 9 años. Todos los jueves por la tarde allí nos encontrábamos Lidia y yo, con nuestros hijos, esperando a familias interesadas. Pero desde la segunda semana ya tuvimos que pedir a los padres que confirmaran su asistencia, porque nos encontramos con demasiadas familias y sin poder garantizar una asistencia de calidad para cada uno. Los niños estaban tan contentos que no querían dejar de acudir, así que optamos por crear un grupo formal para el mismo mes de Junio. Por lo que quedó inaugurado el primer grupo de Psicomotricidad en Málaga, formado por 8 niños. Nos hemos visto una tarde a la semana, en sesiones de hora y media. Nos estamos dando un descanso en los meses de Julio y Agosto, pero volveremos en Septiembre. En la entrada anterior explicábamos en qué consisten las tardes de Psicomotricidad, sus objetivos y metodología  y para quiénes pueden ser útiles.


Para este curso que pronto inauguramos (2015/16) tenemos más proyectos. En nuestros años trabajando la psicomotricidad con niños y especialmente con bebés que todavía no andan, nos hemos dado cuenta de que no sólo los padres, sino también lo profesionales de la pediatría no tienen muy claro las etapas motrices por las que pasa (o debería pasar) un bebé sano. Y sobre todo, cuáles son esas actitudes y costumbres familiares/culturales que, de alguna manera, dificultan que este niño en desarrollo pueda llevar a cabo todas sus potencialidades. Hemos visto en nuestro trabajo con los Grupos de Juego con Padres y  Bebés y también lo constatamos en las consultas que los padres nos hacen en este blog, que muchos profesionales dan consejos que son más bien fruto de creencias personales que de hechos demostrados y contrastados. Es para todos ellos que hemos elaborado un curso experiencial sobre el desarrollo psicomotriz en bebés y estrategias lúdicas y actitudinales para que el niño crezca de forma armónica. Explicaremos y vivenciaremos por qué el niño necesita el suelo y el movimiento libre y espontáneo para logar un sano desarrollo no sólo físico, sino también emocional, social y cognitivo. Cuáles son  las actitudes que dificultan la consecución de hitos importantes en esta etapa, como el gateo. Qué condiciones son necesarias para su sano desarrollo. Por qué el vínculo con los padres es la base sobre la que se construye el crecimiento. Qué papel juegan los sentidos. Y además jugaremos a esos juegos tan vitales para ellos, para entender por qué lo son.   Este curso se llevará a cabo en Febrero del próximo año. Va dirigido a padres, pediatras, enfermeras, educadores infantiles, logopedas o cualquier otro profesional interesado en el bebé y su sano desarrollo. Si estás interesado contáctanos.


Montserrat Reyes y Lidia García-Fresneda

Entradas relacionadas:
La Psicomotricidad en Málaga
Nuestra propuesta de incluir la Psicomotricidad Educativa en los colegios
El placer de moverse
Desplegándose

1 nov 2014

Nosotros, su mejor estímulo: LA VOZ


Nos hemos desarrollado con la voz de nuestra madre vibrando en todo nuestro cuerpo incluso antes de poder escucharla. Y a partir del séptimo mes de embarazo el feto oye al padre. O sea que a la hora de adaptarse al nuevo mundo no todo es nuevo: la voz es antigua, pertenece a ese espacio de completa seguridad del útero. Será la voz la primera que mostrará al niño que, a pesar de no ver a mamá, ella está ahí, en algún lugar... Porque suena su voz.



Los bebés solo entienden el entusiasmo auténtico

Cualquiera que conviva con un niño pequeño habrá observado que, cuando consigue algo por sí mismo, nos busca inmediatamente para comprobar si hemos sido testigos. Confirmamos con nuestra mirada su acto, pero también con la voz: "¡Qué bien!", decimos realmente admirados. No se trata de las palabras interesadas de alguien que estimula, sino de las palabras cargadas de auténtico entusiasmo de un acompañante sorprendido. (A los bebés  y niños, expertos en tonos de voz y gestualidad, no los engañamos con estudiadas fórmulas de aprobación, sólo prestan atención a las expresiones auténticas).
Con nuestras palabras honestas nos convertimos en los principales impulsores de su desarrollo, además de transmitirles qué se puede hacer y qué no. Al principio todas nuestras palabras, sobre todo las que permiten o reprueban comportamiento, tendrán que ir acompañadas de una acción coherente por parte del adulto. Cuando los pequeños integren el mensaje nuestras palabras actúan como una mano en el aire. Podemos explorar las posibilidades de nuestra voz de muchas formas.

La magia de las nanas

Las nanas son algo más que una canción infantil. Lo reúnen todo: el abrazo, la mirada y la voz, que canta para el niño adaptándose a su estado de ánimo y necesidades. Son una auténtica puerta para la comunicación entre madre o padre e hijo. Este momento de bienestar tiene un alto rendimiento: no en vano señalan las nanas y canciones infantiles como claves para el desarrollo del bebé. (Para bebés)

Vamos a leer un cuento

Al contar un cuento el padre o la madre se diluyen en la historia; lo importante ya no son ellos sino lo que están contando. Sin embargo ¿hay algo mejor y más seguro que la voz de los padres para adentrarse en fascinantes y desconocidos parajes, en las turbias y complejas emociones de los cuentos? Juguemos con nuestra voz, ese vehículo (o pasaporte) a tantas historias que nos divierten y dan sentido a lo que ocurre.

Una familia afinada

Cantar juntos en el coche, en casa o en cualquier situación, es un ejercicios de coordinación y afinación familiar que nos permitirá compartir algo importante: la belleza de nuestras voces. Y nos divertiremos un montón cantando al compás. 

¿Cómo lo dirías si estuvieras...?

Nuestra voz es la principal expresión de nuestra emoción. Expresa no solo por lo que dice, sino sobre todo por cómo dice. Este juego nos permite tomar conciencia de ello, además de ponernos en el lugar del otro. Proponemos una frase sencilla, por ejemplo, "Toma el zumo", y la decimos por turnos en distintos tonos (enfado, alegría, desconfianza, desgana...). Se trata de explorar las diferentes emociones, y de comprobar si las identificamos.


Por: Lidia García Fresneda

Artículo original en : serpadres.es

8 sept 2014

Libertad de movimiento... a todas las edades (O qué ocurre cuando no le decimos a los niños qué deben hacer)

Todos tenemos un poco de miedo al vacío. A no tener nada que hacer. Pensamos que si no nos organizamos bien no avanzaremos, no aprenderemos, no conseguiremos nada. Fruto de esa idea nacen las ajustadas programaciones, programaciones que lenta y subrepticiamente han ido colándose en todos los ámbitos de nuestra vida, incluyendo el tiempo de ocio.

Durante algunos veranos apunté a mi hijo en campamentos urbanos. Me daban una hojita de actividades apretadas que, cuando vi por primera vez, colmó todas mis ambiciones maternas: con una superactividad cada hora estaba claro que todas las necesidades de entretenimiento quedarían cubiertas. Un ejemplo real, de una mañana de campamento: fútbol, rocódromo, fama (baile), natación... ¿quién da más? Pero resultó que a mi hijo no le gustaron nada los campamentos, ni ese ni otras variedades que seguí probando. Yo me preguntaba... ¿qué falla en este planteamiento, con lo "guay" que parecen todas estas actividades?

Este verano he buscado un campamento familiar en el que compartir unos días con los niños, es decir un campamento pensado para familias con hijos. Lo busqué expresamente con actividades para todos los que íbamos (yo -madre-, Iván -12 años-, Ángela -4 años-). En casa estuvimos planeando todas aquellas actividades que nos ofrecía el programa y que haríamos juntos. Camino del campamento pasamos un par de días en Port Aventura, lo teníamos pendiente y disfrutamos mucho. Y después llegamos. Entonces ocurrió... ¿Qué pasó?

Que los niños se reunieron. Y empezaron a revelarse. Que nos dejaron a los padres, al menos el mío lo hizo, colgados con el geocatching, la biodanza y las canoas. Los veíamos ir y venir por el campamento, ahora con una invención, ahora con otra. Jugaban al fútbol, sí, o se escondían en el castillo, bajaban a la piscina o se subían a los columpios de los pequeños. Conforme avanzaban los días dejaron de comer con nosotros (comían juntos), y de asistir definitivamente a las actividades programadas. Iván, que era de los mayores, salía de la habitación a las 9 de la mañana y volvía a las 12 de la noche. Tras la primera decepción (¿no íbamos a descubrir juntos las estrellas en el taller de astronomía?) me di cuenta de que por fin le estaba ofreciendo la experiencia que necesitaba: libertad de movimiento, esa experiencia tan escasa y difícil de conseguir, sobre todo cuando se vive en una ciudad. Y con un extra, añadido sobre la marcha... ¡ningún plan!

"¿Qué ocurre cuando no le decimos al niño qué tiene que hacer, cuando no le hacemos propuestas?", preguntaba mi profesor de Psicomotricidad, José Ángel Rodríguez, en la primera clase que me dio. Pues ocurre que el niño juega a lo que de verdad quiere. Lo que de verdad le importa y le mueve. Por fin.

El día que volvíamos, Iván me dijo: "Me lo he pasado genial, mamá, ha sido lo mejor". Se notaba en su cara, en sus ojos, en su voz. "Mejor que Port Aventura", remató.

Lidia García-Fresneda

21 ago 2014

"Algunos niños no gatean" ¿Es esto cierto?

Las consultas que más recibimos son las de padres preocupados porque sus hijos no gatean. Buscan respuestas y quieren saber qué hacer para que este hito sea alcanzado por sus bebés.

Y esto ocurre porque hace ya bastante tiempo que se reconoce el gateo como una fase muy importante para el desarrollo del niño y del futuro adulto, para sus facultades físicas, emocionales y sociales. Pero ni las madres ni los profesionales tenemos claro cómo hacer para que ocurra. Ponemos nuestra mejor intención, damos palos de ciego y a veces, algo tarde, nos damos cuenta de que estábamos poniendo obstáculos. Y nos duele en el alma no haberlo sabido antes.

Muchas mamás reconocen que, si bien les preocupaba que con el paso de los meses su hijo no gateara, siempre se aliviaban al escuchar comentarios de amigos que les decían “no te preocupes, algunos niños no gatean”. ¿Es esto cierto?



La afirmación “algunos niños no gatean” es cierta. Es cierto que algunos no gatean. Pero lo que no es cierto es lo que se asume con esta frase: que el hecho de que un bebé gatee o no está determinado por sus genes, su temperamento… por algo interno a ellos. Se asume que igual que tu hijo puede ser tranquilo o nervioso, también "te puede tocar” un gateador o no gateador.

Nuestra experiencia profesional nos lleva a replantearnos constantemente esta idea, tan aceptada. Y lo que día a día comprobamos (y así lo corrobora la literatura escrita) es que un niño sano gateará siempre que se encuentre con las condiciones adecuadas, esto es, un ambiente familiar que permita y favorezca el gateo. Y esto se concreta básicamente en una superficie amplia, el suelo, donde el niño pueda moverse en libertad y experimentar el entorno y sus objetos con todo su cuerpo desde los primeros meses (y no desde que le "toca" gatear).

Muchos de los artilugios que facilitan nuestra vida, dificultan el gateo. Una vez que el bebé tiene sus necesidades básicas cubiertas (hambre, sueño, amor, abrigo) está listo para afrontar retos, no para permanecer tranquilo, quieto o entretenido sin hacer nada o como mucho utilizando las manos, que es lo que favorece todo el mobiliario que lo mantiene sentado. Por eso para que el niño gatee deberíamos evitar usar hamaquitas, maxicosis o sillitas de paseo como medio para que el bebé pase su tiempo, simplemente porque el tiempo que pasa sentado no está tumbado, la postura que le permitirá alcanzar el gateo. También deberíamos olvidarnos de los andadores o taca-tacas. Y, por supuesto, no sentarlos cuando todavía no lo hacen por sí mismos, ni hacerlos andar llevándolos agarrados delas manos. Todo ello en un ambiente donde sus cuidadores están disponibles, receptivos a sus necesidades y vinculados con ese bebé que tanto necesita de su amor y apoyo. 

No se trata de hacer ejercicios, ni gimnasia, ni movimientos en serie. Un bebé se desarrolla y aprende a través del placer y del juego, en un ambiente adecuado y junto a unos padres amorosos.

 
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Prácticas desaconsejadas: hacerlo andar


Montserrat Reyes y Lidia García  

22 may 2014

Babysitter: cuidando a un bebé de 5 meses

A veces, cuando sus padres lo necesitan, cuido a bebés en sus casas. Algo les surge a sus progenitores, me avisan y siempre que puedo voy a pasar unas horas con su hijo. Reconozco que ese tramo de edad, antes de que echan a andar, es mi preferido, así que hago lo posible por ayudar a estas familias durante un rato.

Hace unos días pasé unas horas con un niño de 5 meses que conocí en ese mismo instante, se llamaba Peter. Cuando entré estaba con su madre en la mochila canguro. Si bien sólo le veía sus ojos, en ellos se adivinaban un amplia sonrisa. En esta edad en la que el miedo al extraño todavía no se ha instaurado, me aceptó sin problemas. Su mamá se marchó y no puso ninguan objeción. Pasamos 4 horas juntos.

Las madres me suelen explicar qué necesitará su hijo durante esas horas: cuándo le tocaría comer, o dormir, cuándo le cambiaron el pañal... Esas indicaciones me ayudan bastante, aunque siempre constato que son los bebés los que me dicen qué necesitan....


Desde el principio Peter estuvo muy enfocado en comunicarse conmigo. Tenía la sonrisa (¡y la carcajada!) fácil, sólo hacía falta que me acercara un poco a él y le hablara para que me mostrara su alegría. Tendido boca arriba en el suelo sobre su mantita, los sonidos que emiten a esta edad son guturales. Así que me pedía una conversación con él cada vez que no estaba ocupado en dormir, comer o jugar a su aire. "Ajoooo, ajoooo" le decía, me mirada concentrado, sonreía y me respondía "agrrrr, agrrrooo". Así pasábamos el rato, cuando yo dejaba de hablarle él se quedaba sorprendido, mirándome con ojos bien abiertos y al rato emitía otro sonido. Lo que no le gustaba es que desviara la mirada para otro lado, ahí me gritaba, me estaba llamando la atención para que le mirara a la cara. Es tan importante mirar a un niño, a través de mi mirada él podía ver mi alegría al escucharlo, mi emoción al verle reir, mi aceptación, mi cariño, mi respeto. Ver mis labios moverse a la vez que yo hablada debe ser impactante también para un bebé tan pequeño, por ahí deben salir los sonidos...


Durante estas horas él me iba diciendo si quería comunicarse, dormir o comer. O jugar: e repente, a pesar de estar delante de él hablándole, ya no me miraba, no parecía interesado, giraba su cabeza y se concentró en un juguete. Intentó cogerlo con el brazo más cercano y luego con el otro... pum... quedó boca abajo. Bien, por fin agarró el objeto que deseaba, lo manipulaba, agachaba la cabeza para metérselo en la boca. Hablaba con el juguete, consigo mismo, qué más da. Y luego se puso a cuatro patas, emitiendo grititos, se balanceaba hacia adelante y hacia detrás. Se cansaba y de nuevo boca abajo. Este era su tiempo de investigar el mundo, así que lo dejé tranquilo, en su juego, en su aprendizaje, en su investigación de sus capacidades y las características del mundo físico que le rodea.

 Durante este tiempo también hubo unos minutos de siesta. Y al levantarse parecía hambriento, supuse, porque no le calmaba le hecho de que le hablara, ni el dejarlo en el suelo... le calenté el biberón de leche materna que su madre había dejado en el frigorífico y al mostrárselo fue evidente su alegría. De hecho se lo bebió con ganas, disfrutando, mientras me miraba  la cara. 

Entradas relacionadas:
La comunicación en bebés menores de 6 meses
Psicomotricidad gruesa en bebés menores de 6 meses 

Montserrat Reyes

18 ago 2013

Baby Liv: girar sobre sí mismo y gatear







Estos son unos vídeos de un bebé llamada Liv haciendo lo que los bebés hacen durante su primer año de vida. Descubrir el suelo que hay bajo ellos, descubrir el soporte que el medio les da gracias al cual pueden moverse, repeticiones fruto de su curiosidad y exploración ... de forma que la acción se hace cada vez menos complicada y mas refinada.


This is a montage of a little baby named Liv doing what babies do during their first year of life.
Finding the floor under you, finding the support the environment gives you so that you can move, repetition that is driven by curiosity and exploration so that action can begin to be effortless and more refined.

This has been compiled from a year of footage taken in Whistler, BC.



2 abr 2013

Cómo influye el equilibrio en el desarrollo global del niño

Todos los padres lo sentimos y lo comentamos: dejar a los niños salir a la calle solos es muy peligroso, hay que ir siempre con ellos. Pero no todos los padres tienen ese tiempo, quizás ni las ganas. Si pudieran los niños salir solos, como hacíamos nosotros de pequeños... Pero las ciudades de hoy están pensadas para la circulación sobre ruedas, la sociedad exige muchas veces que ambos padres trabajen, la cultura de saber más y cuanto antes mejor hace que los niños deban enfocarse a muy temprana edad en alcanzar logros cognitivos en vez de ocupar su precioso tiempo en "jugar" en la calle.

Jugar, en definitiva, moverse durante los primeros años de la infancia es la base para un adecuado desarrollo emocional, cognitivo, social y por supuesto motriz. Y moverse da mucho placer en la infancia, precisamente porque es vital para su desarrollo global.  Para que un niño tenga éxito en su vida, no sólo a nivel escolar sino también social y personal, debe haber experimentado multitud de movimientos a través de su juego, al menos durante los 6 primeros años de su vida.


¿Y que tienen que ver los sentidos en todo esto? El niño se desarrolla y crece en función de las interacciones que establece con el medio donde vive, es decir, en función de los estímulos que recibe y las respuestas que genera para adaptarse a ellos. Estos estímulos entran en el organismo a través de los 7 sentidos. Quizás recuerde los básicos que nos enseñaron en la escuela: vista, oído, olfato, gusto y tacto. Pero hay dos más, el propioceptivo y el vestibular. El primero nos informa del estado de nuestras articulaciones y músculos lo que nos ayuda a movernos. El sistema vestibular aporta conciencia de nuestro cuerpo, de donde nos encontramos en relación con el espacio y con la fuerza de la gravedad (equilibrio). Y está en estrecha relación con todos los demás sentidos, de manera que todas las sensaciones se procesan con referencia a la información vestibular. La relación que el niño tiene con su equilibrio define cómo experimenta el mundo y cómo se adapta a él, cómo se relaciona con los demás y consigo mismo. 

El orden en el que se desarrolla la integración de las sensaciones en el cerebro nos revela lo importante del sistema vestibular. El niño desarrolla primero los sentidos que le aportan información y conciencia de su propio cuerpo y la relación de éste con la gravedad de la tierra. A partir de ahí, los datos que aporta el sistema vestibular son esenciales para el desarrollo de la vista y el oído. La percepción visual que interviene en el acto de leer es el producto final de muchas de las actividades sensomotoras (los sentidos y el movimiento) básicas que practican los niños durante la infancia. Y lo mismo para todas las capacidades académicas y el proceso de madurez emocional (J. Ayres).

El niño debe "entrenar" su sistema vestibular, y por ende todos sus sentidos, durante su infancia... antes de aprender a leer, escribir, calcular. Experimentar su cuerpo en relación con la gravedad (que constantemente tenemos que vencer), su equilibrio, la conciencia de su cuerpo y de las direcciones en el espacio son vitales para su desarrollo cognitivo, emocional y social.  ¿Y cómo entrenan los niños su sistema vestibular?: arrastrándose, gateando, andando, saltando, trepando, tocando, arrojando, escalando, lanzándose, equilibrándose, manipulando, bailando, girando...en definitiva experimentando el mundo en movimiento. El crecimiento es movimiento.

Por lo tanto, que los niños no puedan pasar muchas horas de sus días en la calle jugando es un verdadero handicap para su desarrollo. "El sentido común" hace que deban estar en casa muchas de sus horas. Ahí dentro, con suerte jugarán a crear, manipular, pintar, alinear, colorear... en el peor de los casos jugarán a los videojuegos o verán la televisión. Pero la estimulación que se recibe en la calle, en la verdadera calle, de esas de "pueblo", donde hay superficies distintas (arena, piedrecitas, rocas, un muro medio derribado), árboles para trepar, un desnivel para subir o bajar, un bordillo para hacer equilibrio... no tiene comparación con la vida alineada, segura, organizada que la mayoría de los niños en nuestra sociedad actual. No es de extrañar la multitud de problemas de lectura, escritura y comportamiento que hoy en día se diagnostican.


Entradas relacionadas:
El niño bien equilibrado (S. Goddard)
El placer de moverse (B. Aucouturier)
La importancia del suelo en el desarrollo global del bebé
Placer sensoriomotor y aprendizaje (J. Ayres)


Montserrat Reyes

21 mar 2013

Libertad y límites (entrevista a Rebeca Wild)

Fuente: La Vanguardia

Tengo 67 años. Nací en Alemania y desde hace 45 años vivo en Ecuador, donde en 1977 fundé junto a mi marido un centro escolar alternativo que ha despertado gran interés a escala mundial. Tenemos dos hijos y tres nietos. He publicado ‘Libertad y límites’, con la editorial Herder, que pretende explicar cómo los límites son necesarios para el desarrollo, pero hay que saber aplicarlos. Rebeca Wild

 

-       ¿Por qué tanto niño en las consultas de los psicólogos? ¿No estaremos criando a los niños  para una sociedad en la que se valora más la adaptación que la consideración de los procesos humanos de desarrollo?

-       Posiblemente

¿Tienen que estar agradecidos los hijos de los indios de los Andes porque, en lugar de acompañar a sus padres al campo, pueden acudir a escuelas de cemento para poder repetir lo que un profesor dice de memoria? ¿Se convertirán así en personas perfectamente válidas?

-       No. Los humanos tenemos un proceso biológico de desarrollo y aprendizaje que hay que respetar. Enseñar antes de hora a leer a un niño no es hacerlo más inteligente.

-       ¿Cuál es la alternativa?
No está en la educación sin límites de muchos padres alternativos, y tampoco en la autoritaria, porque nadie se comporta mal cuando se siente bien. Comportarse mal significa no percibir los límites o menospreciarlos.

-       Límites sí, pero... Los límites que incluyen un entorno adecuado a las necesidades del niño le proporcionan seguridad. Sólo en un ambiente en el que los conceptos de libertad y límites son vividos con coherencia, será posible una convivencia armónica.

-       ¿Por qué se portan mal?
Para llamar la atención del adulto y, muy a menudo, para descargarse de toda una serie de actividades (ir al supermercado, aguantar una visita, no tocar eso, no correr, no gritar...) que van contra la naturaleza del desarrollo del niño.

-       A veces te los tienes que llevar de compras.
Lo sé. Pero hay que saber que eso a ellos no les gusta, y pactar. Muchos padres no tienen tiempo suficiente para sus hijos y llenan ese vacío con caprichos que no son necesidades auténticas: regalos, concesiones, dejarles estar levantados de noche hasta tarde o caramelos.
 
-       Los padres tienen que trabajar.
Cuando estás con ellos, has de estar al 100%. ¿Estás realmente presente cuando atiendes sus necesidades físicas (a la hora de la comida, el baño) o estás sólo a medias con los pensamientos en otro lugar?

-       Entiendo.
Estos detalles cotidianos son la base para la autoconfianza del niño. No le dé caramelos, dele atención, interésese por lo que hace el niño sin por ello interrumpirle o dirigirle. Estos momentos de atención en los que el niño no necesita al adulto y ni siquiera ha solicitado su presencia aportan las pruebas más claras de un amor sin condiciones.

-       A los niños no les gusta que sus padres hablen por teléfono.
Interrumpa la conversación, diríjase al niño, establezca un contacto directo con él y dígale que ahora no puede estar por él.

-       ¿Contacto directo?
Sí, agáchese, póngase a su altura, tóquele, mírele a los ojos y háblele...

-       Limites sí, pero con atención.
Exacto, con atención y amor. Si no quiero que mi hijo toque el aparato de música, no me cargo de paciencia hasta estallar en un grito, no discuto ni doy explicaciones eternas. Simplemente me coloco yo como límite físico entre el aparato y él y con palabras firmes le digo que no le permito jugar con ese objeto. En lugar de una prohibición, el niño se ve frente a alguien que no le rechaza sino que se planta con las señales de una ya conocida presencia que le ama entre él y esa cosa que no puede tener.

-       Puede estallar una pataleta.
Los límites siempre son dolorosos, y en especial para niños con un viejo dolor, pero hay que permanecer firme sin anular el sentimiento del niño con explicaciones. Deje al niño que desahogue esos viejos dolores.

-       ¿Demasiadas explicaciones son negativas?
Los niños utilizan todavía todos sus sentidos para establecer contacto con el mundo exterior. Se orientan por nuestra postura, mirada, expresión, olor y sonidos.

-       ¿Limite y presencia?
Sí, no hay que dejar al niño sólo en el difícil momento del límite. Cuando está dolido debe sentirse acompañado, pero en ningún caso intentar explicarle los buenos motivos que nos llevan a establecer ese límite, porque hacer eso es no respetar ese momento de dolor.

-       ¿Si el niño juega con la comida?
Mantenerse firme en el “¡No, con la comida no!”, pero el proceso de desarrollo del niño le exige ese revolver, así que hay que preparar algo en su entorno con lo que el niño pueda remover. Eso se puede aplicar en todas esas actividades en las que los niños quieren participar: si estás cortando zanahorias, dale un cuchillo adecuado, pero sobre todo no le digas cómo debe hacerlo.

-       No hay que ser entrometido.
Nunca te inmiscuyas en sus juegos, dale autonomía y déjale realizarse. 


Montserrat Reyes