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19 ene 2023

Nuestras 3 principales creencias sobre el desarrollo del recién nacido y bebé

Después de tantos años desde que iniciamos este proyecto y de habernos dedicado escasamente a él en los últimos siete, por fin parece que volvemos a tener el tiempo para retomarlo. Principalmente se debe a que nuestros hijos ya tienen una edad en la que para ellos empieza a ser muy importante la sociabilidad fuera de la familia. Esta independencia que empiezan a conquistar nos posibilita el tiempo necesario para dedicarnos a asuntos más allá de su cuidado atento y constante... es otro tipo de presencia la que necesitan.

Por otro lado, personalmente reconozco que volver a leer todo el material que tenemos en el blog, repasar los apuntes de los grupos de juego, actualizarme con libros y publicaciones de los últimos años... me hace añorar la época en la que mi hijo era pequeño. Y es que para la exposición en los talleres que imparto actualmente a embarazadas en los centros de salud de Málaga, todavía rescato fotos de mi hijo cuando era un bebé y lo veo allí en la pantalla, tan pequeño y tan bonito. Y me pregunto si entonces no era tan consciente como ahora de lo rápido que crecen (como me decían en aquella época todas las madres con hijos con la edad actual del mío) y de lo importante que es la presencia (de calidad) de los padres. Y también me pregunto, como nos preguntamos todos los progenitores, si lo he hecho bien, si debería haberlo hecho de otra forma. Estoy segura que cuando mi hijo nació hubiera agradecido que otra madre, con un hijo de 13 años, me contara de qué va esto de estimular a un hijo, por qué es importante, qué debo tener en cuenta ... de forma sencilla, para darme seguridad. Porque todas las mamás y papás queremos lo mejor para ellos.




1- SIN VÍNCULO NO HAY CRECIMIENTO 

El vínculo es el motor principal que hace que un niño crezca. El amor que los padres profesan a su hijo es la base del desarrollo humano. No es sólo que necesite a sus padres para cubrir sus necesidades básicas (alimento, ropa, aseo) sino que también es imprescindible el contacto humano piel con piel. Y más adelante, cuando el niño comienza a aventurarse a las nuevas posibilidades de su cuerpo (girarse, gatear, ponerse de pie), será la mirada de su madre lo que lo alienta y le da seguridad para crecer.

2- EL MOVIMIENTO ES CRECIMIENTO

El aprendizaje en el ser humano comienza con la experimentación de su propio cuerpo. Todo lo que da placer motiva el aprendizaje: experimentar el propio cuerpo y sus posibilidades es un placer en sí mismo. Por lo tanto, la libertad de movimiento es una caja de tesoros para el desarrollo no sólo motor, sino también cognitivo, sensitivo y social. El lugar más apropiado para el crecimiento de un niño desde los 4 meses es suelo ya que posibilita infinidad de experiencias con su cuerpo.

3- EL CRECIMIENTO OCURRE EN EL CEREBRO

En el desarrollo de un bebé hay un orden complejo y dinámico, donde toda experiencia influye en todos los sistemas. La integración de todos los sentidos y el desarrollo del movimiento son fundamentales para la percepción y el aprendizaje. El cerebro humano nace totalmente preparado para crear conexiones neuronales según sus experiencias y estímulos. Por lo tanto, el recién nacido es un ser altamente competente, inteligente y activo en su desarrollo. 


Resumiendo los tres puntos, el bebé nace con un sistema nervioso listo para adaptarse a vivir en este mundo. Y el entorno más apropiado para su desarrollo equilibrado es libertad de movimiento + suelo + vínculo.


Montserrat Reyes Revuelta

5 ago 2015

Inaugurado el primer grupo de Psicomotricidad...y más

Como muchos ya sabéis, antes del verano (2015) organizamos unas sesiones gratuitas de Psicomotricidad Educativa en el CIP (Málaga),  para niños entre 4 y 9 años. Todos los jueves por la tarde allí nos encontrábamos Lidia y yo, con nuestros hijos, esperando a familias interesadas. Pero desde la segunda semana ya tuvimos que pedir a los padres que confirmaran su asistencia, porque nos encontramos con demasiadas familias y sin poder garantizar una asistencia de calidad para cada uno. Los niños estaban tan contentos que no querían dejar de acudir, así que optamos por crear un grupo formal para el mismo mes de Junio. Por lo que quedó inaugurado el primer grupo de Psicomotricidad en Málaga, formado por 8 niños. Nos hemos visto una tarde a la semana, en sesiones de hora y media. Nos estamos dando un descanso en los meses de Julio y Agosto, pero volveremos en Septiembre. En la entrada anterior explicábamos en qué consisten las tardes de Psicomotricidad, sus objetivos y metodología  y para quiénes pueden ser útiles.


Para este curso que pronto inauguramos (2015/16) tenemos más proyectos. En nuestros años trabajando la psicomotricidad con niños y especialmente con bebés que todavía no andan, nos hemos dado cuenta de que no sólo los padres, sino también lo profesionales de la pediatría no tienen muy claro las etapas motrices por las que pasa (o debería pasar) un bebé sano. Y sobre todo, cuáles son esas actitudes y costumbres familiares/culturales que, de alguna manera, dificultan que este niño en desarrollo pueda llevar a cabo todas sus potencialidades. Hemos visto en nuestro trabajo con los Grupos de Juego con Padres y  Bebés y también lo constatamos en las consultas que los padres nos hacen en este blog, que muchos profesionales dan consejos que son más bien fruto de creencias personales que de hechos demostrados y contrastados. Es para todos ellos que hemos elaborado un curso experiencial sobre el desarrollo psicomotriz en bebés y estrategias lúdicas y actitudinales para que el niño crezca de forma armónica. Explicaremos y vivenciaremos por qué el niño necesita el suelo y el movimiento libre y espontáneo para logar un sano desarrollo no sólo físico, sino también emocional, social y cognitivo. Cuáles son  las actitudes que dificultan la consecución de hitos importantes en esta etapa, como el gateo. Qué condiciones son necesarias para su sano desarrollo. Por qué el vínculo con los padres es la base sobre la que se construye el crecimiento. Qué papel juegan los sentidos. Y además jugaremos a esos juegos tan vitales para ellos, para entender por qué lo son.   Este curso se llevará a cabo en Febrero del próximo año. Va dirigido a padres, pediatras, enfermeras, educadores infantiles, logopedas o cualquier otro profesional interesado en el bebé y su sano desarrollo. Si estás interesado contáctanos.


Montserrat Reyes y Lidia García-Fresneda

Entradas relacionadas:
La Psicomotricidad en Málaga
Nuestra propuesta de incluir la Psicomotricidad Educativa en los colegios
El placer de moverse
Desplegándose

29 sept 2014

¿Está mi bebé listo para jugar?

En el número de septiembre de Ser Padres publiqué un especial sobre el desarrollo del bebé. Una de las preguntas que me hice a la hora de elaborarlo es la de cómo distinguir si el estímulo o el momento elegidos son apropiados. Aquí os dejamos este extracto, publicado por la revista en internet. El próximo mes publicaremos en jugandoenfamilia el resto del especial, en el que nos preguntamos, entre otras cosas, por la diferencia que hay entre estimular y ofrecer estímulos, y cuáles son los estímulos más importantes para el desarrollo del bebé.








Al hablar con el bebé, acariciarle o achucharle favorecemos su desarrollo, siempre que lo hagamos cuando él está receptivo. ¿Y cómo se sabe si llegamos en un buen momento?









El desarrollo se produce cuando el niño entra en contacto con el estímulo idóneo en el momento justo. A veces no es el momento, a veces el estímulo no es oportuno, y eso es algo que en realidad podemos comprobar cada vez. ¿Cómo?
Si el bebé llora o se enfada mucho, el estímulo (o el momento) no son adecuados.
Si el niño o bebé no le presta la menor atención, sin duda no ha llegado en el mejor momento, o no es apto para su edad. 

Es común ofrecer a los niños objetos o juguetes para más mayores (como la ropa, para que no se le quede pequeña), y además a veces en las cajas de juguetes la edad no está bien ajustada. En realidad no es la edad, sino el grado de madurez y los intereses personales los que marcan qué tendrá éxito y qué no. Cuando el estímulo llega antes de tiempo no suele encontrar ningún eco en el niño (o le produce estrés). Es el momento de guardarlo para más adelante. Si llega tarde, es el momento de regalarlo. 

Cada estímulo genera una respuesta en el niño o bebé, y esa respuesta es precisamente lo interesante, lo que le ayuda en su desarrollo. Por eso los estímulos unidireccionales (que dejan al bebé o al niño como hipnotizado, sin respuesta) tampoco son adecuados. Nos referimos aquí, por ejemplo, a la televisión o la tablet. La interacción de nuestro hijo con el objeto es fundamental.

Por: Lidia García-Fresneda, experta en Desarrollo Psicomotor y Psicomotricista

Artículo original en: sepadres.es

21 ago 2014

"Algunos niños no gatean" ¿Es esto cierto?

Las consultas que más recibimos son las de padres preocupados porque sus hijos no gatean. Buscan respuestas y quieren saber qué hacer para que este hito sea alcanzado por sus bebés.

Y esto ocurre porque hace ya bastante tiempo que se reconoce el gateo como una fase muy importante para el desarrollo del niño y del futuro adulto, para sus facultades físicas, emocionales y sociales. Pero ni las madres ni los profesionales tenemos claro cómo hacer para que ocurra. Ponemos nuestra mejor intención, damos palos de ciego y a veces, algo tarde, nos damos cuenta de que estábamos poniendo obstáculos. Y nos duele en el alma no haberlo sabido antes.

Muchas mamás reconocen que, si bien les preocupaba que con el paso de los meses su hijo no gateara, siempre se aliviaban al escuchar comentarios de amigos que les decían “no te preocupes, algunos niños no gatean”. ¿Es esto cierto?



La afirmación “algunos niños no gatean” es cierta. Es cierto que algunos no gatean. Pero lo que no es cierto es lo que se asume con esta frase: que el hecho de que un bebé gatee o no está determinado por sus genes, su temperamento… por algo interno a ellos. Se asume que igual que tu hijo puede ser tranquilo o nervioso, también "te puede tocar” un gateador o no gateador.

Nuestra experiencia profesional nos lleva a replantearnos constantemente esta idea, tan aceptada. Y lo que día a día comprobamos (y así lo corrobora la literatura escrita) es que un niño sano gateará siempre que se encuentre con las condiciones adecuadas, esto es, un ambiente familiar que permita y favorezca el gateo. Y esto se concreta básicamente en una superficie amplia, el suelo, donde el niño pueda moverse en libertad y experimentar el entorno y sus objetos con todo su cuerpo desde los primeros meses (y no desde que le "toca" gatear).

Muchos de los artilugios que facilitan nuestra vida, dificultan el gateo. Una vez que el bebé tiene sus necesidades básicas cubiertas (hambre, sueño, amor, abrigo) está listo para afrontar retos, no para permanecer tranquilo, quieto o entretenido sin hacer nada o como mucho utilizando las manos, que es lo que favorece todo el mobiliario que lo mantiene sentado. Por eso para que el niño gatee deberíamos evitar usar hamaquitas, maxicosis o sillitas de paseo como medio para que el bebé pase su tiempo, simplemente porque el tiempo que pasa sentado no está tumbado, la postura que le permitirá alcanzar el gateo. También deberíamos olvidarnos de los andadores o taca-tacas. Y, por supuesto, no sentarlos cuando todavía no lo hacen por sí mismos, ni hacerlos andar llevándolos agarrados delas manos. Todo ello en un ambiente donde sus cuidadores están disponibles, receptivos a sus necesidades y vinculados con ese bebé que tanto necesita de su amor y apoyo. 

No se trata de hacer ejercicios, ni gimnasia, ni movimientos en serie. Un bebé se desarrolla y aprende a través del placer y del juego, en un ambiente adecuado y junto a unos padres amorosos.

 
Entradas relacionadas:
Prácticas desaconsejadas: hacerlo andar


Montserrat Reyes y Lidia García  

26 ene 2014

¿Es tan importante un buen vínculo para el desarrollo de nuestro hijo?


Independientemente de los consejos recibidos sobre cómo actuar con nuestro recién nacido, las mamás tenemos claro algunos conceptos aún de forma básica: comida, sueño, confort y mimos (ser sostenidos, acurrucados, besados…) son los aspectos que un bebé necesita para desarrollarse de forma equilibrada. Sobre cómo hay que responder ante ellos ya iremos aprendiéndolo a medida que ejercemos nuestra tarea de ser madre, a través de ir conociendo con los días y las semanas cómo nuestro bebé manifiesta sus necesidades y como responde ante nuestros cuidados. 
 
Si sólo uno de estas cuatro áreas falla, el desarrollo óptimo de nuestro hijo se ve afectado. Aunque, mirado de otro modo, uno de ellos garantiza la consecución de todos los demás: el amor que sentimos por nuestro hijo.  El vínculo amoroso que se establece entre el bebé y su madre hace que ella responda de forma certera a sus necesidades. Algunos científicos afirman (Kennel y Klaus, 1976) que momentos después del nacimiento se establece una simbiosis amorosa entre la madre y bebé, por eso lucharon por cambiar las costumbres obstétricas hospitalarias de separarlos después del parto. Los bebés humanos son muy dependientes de sus cuidadores porque nacen “antes de tiempo” debido al estrechamiento de las caderas de nuestros antepasados, al adoptar la postura erguida  hace varios millones de años. La naturaleza garantiza que esta extrema dependencia sea cubierta por sus progenitores a través del vínculo creado con ellos desde el principio. ¿Qué dicen los teóricos sobre esta relación emocional que la mayoría de los padres consideran como la más fuerte de sus vidas?

El psiquiatra inglés J. Bowlby  sostenía que la primera relación que establecemos en nuestra vida (con nuestra madre, o cualquier otra figura maternante) determina nuestro desarrollo. Una separación traumática del bebé con su cuidador, o una crianza poco adecuada a las necesidades del bebé podrían ser causa de futuros problemas relacionares y de comportamiento. Su teoría no fue bien recibida entre la comunidad psiquiátrica de mediados del siglo pasado, pero otros dos teóricos vinieron a apoyar su tesis. René Spitz (1947) mostró la tristeza y la soledad de los niños en orfanatos. Sus cuidadores garantizaban el buen desarrollo de sus funciones biológicas, sin poner atención en sus necesidades emocionales. Los niños respondían con estrés, pasividad y mostraban signos de depresión.  Se instauró en ellos la certeza de que no podían influir en su destino y que no eran merecedores de amor. Muchos de ellos crecieron con problemas mentales y otros murieron. Harry Harlow (1958) estudió el vínculo materno-filial entre los monos Rhesus. En su investigación los bebés mono eran separados de sus madres. En sus jaulas había dos mamás mono, una fabricada con alambre de la que se podía obtener leche de sus pechos, y otra fabricada de pelo de la que no se obtenía alimento. Se observó que los bebés hambrientos obtenían leche de la gorila que lo proveía, pero que una vez satisfechos se acurrucaban con la gorila de pelo. Esto vino a desmontar la creencia de que el vínculo emocional entre madre e hijo se establecía simplemente con la lactancia. Demostró que los bebés, más allá de su alimento, necesitan contacto. Posteriores estudios demostraron que los bebés mono separados de sus padres tenían problemas en su relación con otros compañeros y poca capacidad para criar a sus hijos.

Si bien está plenamente aceptado que la calidad de los cuidados físicos y, principalmente emocionales que el niño recibe durante su infancia va a influir en la globalidad de su desarrollo (su autoestima, su forma de enfrentar las dificultades, sus miedos, sus relaciones con los demás...), no se sabe todavía hasta qué punto las futuras vivencias y  relaciones personales afectan o modifican estas experiencias base. Algunos teóricos del desarrollo humano nos alertan de que poner todo el peso en la vida familiar de los primeros años a la hora de explicar problemas de desarrollo, aprendizaje o conductuales  puede hacer que los padres de hoy en día vivamos demasiado estresados. Cuántas madres sufren porque su parto no fue natural, porque no consiguieron dar lactancia materna a sus hijos,  porque sus bebés nacieron prematuros y no pudieron estar en sus brazos desde el principio…

El pediatra americano T. Berry  Brazelton siempre puso especial interés en ayudar a los padres a sentirse competentes como tales. Entendía lo difícil que podía ser para los ellos compaginar su vida laboral y su función paternal. A propósito del vínculo entre madre y bebé que, según Kennel y Klaus, se crea justo después del parto, siendo por tanto éste un momento crítico que no se puede perder, Brazelton comentaba: por supuesto que es una respuesta instintiva, pero no tiene por qué ocurrir de un día para otro; es algo que se va creando y fortaleciendo con el contacto diario. El pediatra inglés D. Winnicott pensaba que las familias recibían escaso apoyo en la difícil tarea de ser padres. Sí recibían exposiciones sobre cómo hacer las cosas con sus hijos, pero él creía que eso no les empoderaba. Alertaba a las enfermeras y pediatras sobre los peligros de dar a las madres “reglas” sobre cómo responder ante las necesidades de sus pequeños. Sólo con apoyarlas, escucharlas y hacerlas sentir capaces podían conseguir mejores cuidados para los niños que dando recetas universales. La madre “suficientemente buena” (concepto creado por Winnicott) es la que es capaz de responder con amor a los requerimientos de su hijo, la que disfruta de su maternidad.


Montserrat Reyes
Fotos: pinterest

2 abr 2013

Cómo influye el equilibrio en el desarrollo global del niño

Todos los padres lo sentimos y lo comentamos: dejar a los niños salir a la calle solos es muy peligroso, hay que ir siempre con ellos. Pero no todos los padres tienen ese tiempo, quizás ni las ganas. Si pudieran los niños salir solos, como hacíamos nosotros de pequeños... Pero las ciudades de hoy están pensadas para la circulación sobre ruedas, la sociedad exige muchas veces que ambos padres trabajen, la cultura de saber más y cuanto antes mejor hace que los niños deban enfocarse a muy temprana edad en alcanzar logros cognitivos en vez de ocupar su precioso tiempo en "jugar" en la calle.

Jugar, en definitiva, moverse durante los primeros años de la infancia es la base para un adecuado desarrollo emocional, cognitivo, social y por supuesto motriz. Y moverse da mucho placer en la infancia, precisamente porque es vital para su desarrollo global.  Para que un niño tenga éxito en su vida, no sólo a nivel escolar sino también social y personal, debe haber experimentado multitud de movimientos a través de su juego, al menos durante los 6 primeros años de su vida.


¿Y que tienen que ver los sentidos en todo esto? El niño se desarrolla y crece en función de las interacciones que establece con el medio donde vive, es decir, en función de los estímulos que recibe y las respuestas que genera para adaptarse a ellos. Estos estímulos entran en el organismo a través de los 7 sentidos. Quizás recuerde los básicos que nos enseñaron en la escuela: vista, oído, olfato, gusto y tacto. Pero hay dos más, el propioceptivo y el vestibular. El primero nos informa del estado de nuestras articulaciones y músculos lo que nos ayuda a movernos. El sistema vestibular aporta conciencia de nuestro cuerpo, de donde nos encontramos en relación con el espacio y con la fuerza de la gravedad (equilibrio). Y está en estrecha relación con todos los demás sentidos, de manera que todas las sensaciones se procesan con referencia a la información vestibular. La relación que el niño tiene con su equilibrio define cómo experimenta el mundo y cómo se adapta a él, cómo se relaciona con los demás y consigo mismo. 

El orden en el que se desarrolla la integración de las sensaciones en el cerebro nos revela lo importante del sistema vestibular. El niño desarrolla primero los sentidos que le aportan información y conciencia de su propio cuerpo y la relación de éste con la gravedad de la tierra. A partir de ahí, los datos que aporta el sistema vestibular son esenciales para el desarrollo de la vista y el oído. La percepción visual que interviene en el acto de leer es el producto final de muchas de las actividades sensomotoras (los sentidos y el movimiento) básicas que practican los niños durante la infancia. Y lo mismo para todas las capacidades académicas y el proceso de madurez emocional (J. Ayres).

El niño debe "entrenar" su sistema vestibular, y por ende todos sus sentidos, durante su infancia... antes de aprender a leer, escribir, calcular. Experimentar su cuerpo en relación con la gravedad (que constantemente tenemos que vencer), su equilibrio, la conciencia de su cuerpo y de las direcciones en el espacio son vitales para su desarrollo cognitivo, emocional y social.  ¿Y cómo entrenan los niños su sistema vestibular?: arrastrándose, gateando, andando, saltando, trepando, tocando, arrojando, escalando, lanzándose, equilibrándose, manipulando, bailando, girando...en definitiva experimentando el mundo en movimiento. El crecimiento es movimiento.

Por lo tanto, que los niños no puedan pasar muchas horas de sus días en la calle jugando es un verdadero handicap para su desarrollo. "El sentido común" hace que deban estar en casa muchas de sus horas. Ahí dentro, con suerte jugarán a crear, manipular, pintar, alinear, colorear... en el peor de los casos jugarán a los videojuegos o verán la televisión. Pero la estimulación que se recibe en la calle, en la verdadera calle, de esas de "pueblo", donde hay superficies distintas (arena, piedrecitas, rocas, un muro medio derribado), árboles para trepar, un desnivel para subir o bajar, un bordillo para hacer equilibrio... no tiene comparación con la vida alineada, segura, organizada que la mayoría de los niños en nuestra sociedad actual. No es de extrañar la multitud de problemas de lectura, escritura y comportamiento que hoy en día se diagnostican.


Entradas relacionadas:
El niño bien equilibrado (S. Goddard)
El placer de moverse (B. Aucouturier)
La importancia del suelo en el desarrollo global del bebé
Placer sensoriomotor y aprendizaje (J. Ayres)


Montserrat Reyes

21 mar 2013

Libertad y límites (entrevista a Rebeca Wild)

Fuente: La Vanguardia

Tengo 67 años. Nací en Alemania y desde hace 45 años vivo en Ecuador, donde en 1977 fundé junto a mi marido un centro escolar alternativo que ha despertado gran interés a escala mundial. Tenemos dos hijos y tres nietos. He publicado ‘Libertad y límites’, con la editorial Herder, que pretende explicar cómo los límites son necesarios para el desarrollo, pero hay que saber aplicarlos. Rebeca Wild

 

-       ¿Por qué tanto niño en las consultas de los psicólogos? ¿No estaremos criando a los niños  para una sociedad en la que se valora más la adaptación que la consideración de los procesos humanos de desarrollo?

-       Posiblemente

¿Tienen que estar agradecidos los hijos de los indios de los Andes porque, en lugar de acompañar a sus padres al campo, pueden acudir a escuelas de cemento para poder repetir lo que un profesor dice de memoria? ¿Se convertirán así en personas perfectamente válidas?

-       No. Los humanos tenemos un proceso biológico de desarrollo y aprendizaje que hay que respetar. Enseñar antes de hora a leer a un niño no es hacerlo más inteligente.

-       ¿Cuál es la alternativa?
No está en la educación sin límites de muchos padres alternativos, y tampoco en la autoritaria, porque nadie se comporta mal cuando se siente bien. Comportarse mal significa no percibir los límites o menospreciarlos.

-       Límites sí, pero... Los límites que incluyen un entorno adecuado a las necesidades del niño le proporcionan seguridad. Sólo en un ambiente en el que los conceptos de libertad y límites son vividos con coherencia, será posible una convivencia armónica.

-       ¿Por qué se portan mal?
Para llamar la atención del adulto y, muy a menudo, para descargarse de toda una serie de actividades (ir al supermercado, aguantar una visita, no tocar eso, no correr, no gritar...) que van contra la naturaleza del desarrollo del niño.

-       A veces te los tienes que llevar de compras.
Lo sé. Pero hay que saber que eso a ellos no les gusta, y pactar. Muchos padres no tienen tiempo suficiente para sus hijos y llenan ese vacío con caprichos que no son necesidades auténticas: regalos, concesiones, dejarles estar levantados de noche hasta tarde o caramelos.
 
-       Los padres tienen que trabajar.
Cuando estás con ellos, has de estar al 100%. ¿Estás realmente presente cuando atiendes sus necesidades físicas (a la hora de la comida, el baño) o estás sólo a medias con los pensamientos en otro lugar?

-       Entiendo.
Estos detalles cotidianos son la base para la autoconfianza del niño. No le dé caramelos, dele atención, interésese por lo que hace el niño sin por ello interrumpirle o dirigirle. Estos momentos de atención en los que el niño no necesita al adulto y ni siquiera ha solicitado su presencia aportan las pruebas más claras de un amor sin condiciones.

-       A los niños no les gusta que sus padres hablen por teléfono.
Interrumpa la conversación, diríjase al niño, establezca un contacto directo con él y dígale que ahora no puede estar por él.

-       ¿Contacto directo?
Sí, agáchese, póngase a su altura, tóquele, mírele a los ojos y háblele...

-       Limites sí, pero con atención.
Exacto, con atención y amor. Si no quiero que mi hijo toque el aparato de música, no me cargo de paciencia hasta estallar en un grito, no discuto ni doy explicaciones eternas. Simplemente me coloco yo como límite físico entre el aparato y él y con palabras firmes le digo que no le permito jugar con ese objeto. En lugar de una prohibición, el niño se ve frente a alguien que no le rechaza sino que se planta con las señales de una ya conocida presencia que le ama entre él y esa cosa que no puede tener.

-       Puede estallar una pataleta.
Los límites siempre son dolorosos, y en especial para niños con un viejo dolor, pero hay que permanecer firme sin anular el sentimiento del niño con explicaciones. Deje al niño que desahogue esos viejos dolores.

-       ¿Demasiadas explicaciones son negativas?
Los niños utilizan todavía todos sus sentidos para establecer contacto con el mundo exterior. Se orientan por nuestra postura, mirada, expresión, olor y sonidos.

-       ¿Limite y presencia?
Sí, no hay que dejar al niño sólo en el difícil momento del límite. Cuando está dolido debe sentirse acompañado, pero en ningún caso intentar explicarle los buenos motivos que nos llevan a establecer ese límite, porque hacer eso es no respetar ese momento de dolor.

-       ¿Si el niño juega con la comida?
Mantenerse firme en el “¡No, con la comida no!”, pero el proceso de desarrollo del niño le exige ese revolver, así que hay que preparar algo en su entorno con lo que el niño pueda remover. Eso se puede aplicar en todas esas actividades en las que los niños quieren participar: si estás cortando zanahorias, dale un cuchillo adecuado, pero sobre todo no le digas cómo debe hacerlo.

-       No hay que ser entrometido.
Nunca te inmiscuyas en sus juegos, dale autonomía y déjale realizarse. 


Montserrat Reyes