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1 ago 2014

Dormir con tu bebé, una cuestión cultural

Con la entrada de la semana pasada ¿Por qué los estilos de crianza difieren según la cultura? iniciamos una serie de artículos relacionados con la etnopediatría, ciencia que se enfoca en explicar cómo nuestra particular forma de criar a nuestros hijos está fuertemente influencia por lo que la cultura en la que vivimos establece como correcto o aceptable.

De entre todos los aspectos de la crianza que tienen distintas prácticas a lo largo de nuestro planeta,  el manejo del sueño de nuestros bebés es quizás el más controvertido. Compartir o no el descanso nocturno con los hijos es algo que los padres deciden, sean conscientes o no, según las tendencias culturales de su hábitat, ya que no hay evidencia científica que establezca que es mejor para los bebés dormir solos. De hecho existen estudios (Dr. James McKennas) que muestran que fisiológicamente es mejor para los bebés dormir acompañados.

Aunque no existe data que lo demuestre, muchos adultos piensan que dormir acompañados fomenta la dependencia emocional del niño, aspecto considerado negativo para algunas sociedades . En Estados Unidos y en algunos países occidentales esta decisión es incluso ocultada porque se juzga como extraña, patológica o incluso pecaminosa. Lo que la antropología nos dice es que en las culturas en las que el objetivo es integrar a los niños en la sociedad, los bebés están siempre junto a los adultos, incluso de noche. Aquellas que consideran primordial la independencia y la autoconfianza para tener éxito en la vida fomentan que los bebés duerman solos.

Los estudios experimentales del Dr. Mckenna, donde mamás y bebés eran estudiados durante el sueño (tanto en la misma cama como en distintas habitaciones) arrojaron las siguientes observaciones:
  • Cuando una madre y su bebé duermen juntos están fisiológicamente ligados. Los movimientos y respiraciones de uno influyen en el otro.
  • La mayoría de las parejas observadas duermen cara a cara, que demuestra ser importante para la regulación de la respiración, temperatura y frecuencia cardíaca del bebé.
  • Las mamás repetidamente besan, tocan, reposicionan al hijo. Instintivamente, e incluso medio dormidas, lo alejan del peligro. 
Todavía, en casi todas las culturas del planeta, los bebés duermen con un adulto y los niños duermen con sus padres o hermanos.  Y no es simplemente cuestión de desarrollo o pobreza. Culturas distintas a las económicamente desarrolladas como la americana, consideran la costumbre de hacer dormir a los bebés solos como una actitud amoral y sienten que los padres son negligentes e irresponsables.

¿Qué es lo correcto entonces? Lo que más me impacta es oír a profesionales sanitarios de la pediatría y educadores infantiles, cuyas opiniones son tenidas en cuenta por la mayoría de los padres, criticando abiertamente a padres por dormir con sus hijos, considerando esta decisión como una debilidad de los adultos que influye negativamente en el desarrollo global de sus hijos. No hay evidencia que demuestre que dormir con los hijos es algo negativo para los hijos, para los padres o para ambos. Tengamos en cuenta que cuando damos un consejo, prácticamente estamos dando nuestra opinión, lo cuál no está mal, siempre que los padres que reciben esas opiniones no crean que, como profesionales de la infancia,  estamos ofreciendo una evidencia sostenida y basada en teorías estudiadas.


Para leer más sobre el estudio sobre co-sleeping puedes visitar esta enlace
Fuente: SMALL, M.F.  Our babies, ourselves. How biology and culture shape the way we parent.  Ed. Anchor Books (ebooks).


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21 jul 2014

¿Por qué los estilos de crianza difieren según la cultura?


Todos los adultos, seamos padres o no, tenemos una opinión más o menos firme sobre cómo educar a los hijos. Generalmente creemos que nuestras ideas sobre cómo criar niños felices y sanos son las más adecuadas, incluso aunque no hablemos de nuestros hijos (o quizás ni tengamos). Sin embargo, pocos somos conscientes de que esas creencias son una mezcla de varios factores: de lo que aprendimos de nuestros padres, de nuestras vivencias sobre cómo todo eso podría mejorarse y de lo que la cultura en la que vivimos dice que es correcto.


La etnopediatría es una rama de la antropología que estudia la influencia que la cultura tiene en la forma de criar a nuestros descendientes. Cada cultura tiene unos valores e ideales sobre cómo deben ser sus miembros y en función de lo que se espera de cada uno de nosotros así educamos de una u otra forma. Por ejemplo, la cultura estadounidense valora a ciudadanos independientes y con alta autoestima, ambas actitudes necesarias para conseguir un puesto privilegiado en una sociedad altamente competitiva. Es por ello que desde el nacimiento se favorece el desarrollo de estas cualidades: las mamás americanas hablan a sus bebés para que éstos adquieran habilidades expresivas prontamente, ya que ello es considerado una actitud importante para el éxito. Por el contrario, los nómadas Kung San de Botswana (África) viven en pequeñas comunidades donde el sentimiento de “pertenencia al grupo” es de vital importancia para la supervivencia. Las madres dedican poco tiempo al alabar y hablar con sus hijos, ya que consideran que eso les haría sentirse más especiales en un entorno donde el sentimiento de igualdad es necesario para trabajar por la comunidad.

Por lo tanto, en función de los valores de la cultura donde vivimos así  criamos. No es una cuestión de egoísmo, de ignorancia, de desarrollo o retraso. Para adaptarnos a nuestro entorno, a sus características físicas, sociales y económicas, valoramos ciertas actitudes que transmitimos a nuestros hijos. Aún así, los padres deberíamos tener en cuenta que hay más alternativas más allá de aquella que pensamos que es “completamente adecuada” para la educación y crianza de los hijos.

Sin embargo, los recién nacidos de todo el planeta nacen con las mismas necesidades biológicas. Están equipados con unas herramientas de supervivencias que se asemejan en gran proporción a aquellas de nuestros antepasados hace miles de años. Ahora bien, el desarrollo económico y tecnológico tan rápido de nuestros tiempos ha impuesto unos cambios en nuestra cultura que influencian definitivamente en los estilos de crianza. El problema surge cuando estas nuevas estrategias parentales chocan con la realidad fisiológica (y psicológica) de los recién nacidos:

SMALL, M.F. Our babies, ourselves. How biology and culture shape the way we parent.  Ed. Anchor Books (ebooks).

Montserrat Reyes